Economía

Informe petrolero: Visita del Presidente Chávez al Medio Oriente

La visita del Presidente Hugo Chávez Frías al Medio Oriente, con motivo del carácter anfitriónico de Venezuela en la II Cumbre de jefes de Estado de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), tiene varias lecturas.

Una de ellas está relacionada, con las aspiraciones de liderazgo que el Gobierno Nacional venezolano tiene dentro de la OPEP. En tal sentido, la visita del Primer Mandatario de Venezuela a esta región puede resultar favorable para la imagen del país, dentro y fuera de la Organización. Debido a que Caracas, junto a Riyad, han sido una de las motorizadoras de la recuperación de los precios del crudo en el último año, resulta coherente que el Jefe de Estado Venezolano visite, en señal de amistad y estrechamiento de vínculos, a sus socios petroleros. De tal manera que desde el punto de vista de las relaciones intra OPEP y el del rol que pretende jugar Venezuela dentro del cártel, la vista del Presidente Hugo Chávez al Medio Oriente, podría considerarse pertinente. Además, es algo que compagina, como se indicó, con la condición afitriónica de Venezuela en la Cumbre. No resulta cuestionable, que el país pretenda consolidar un liderazgo regional, latinoamericano o dentro del seno de la OPEP; lo cuestionable podría estar en el discurso y acciones que para tal fin utiliza en determinado momento y los propósitos de la intención protagónica.

No obstante, en torno a la visita del Presidente a sus socios del cártel existen una serie de aspectos que se tornan (en mayor o menor medida) preocupantes para el destino de las relaciones internacionales y petroleras venezolanas. En principio, Caracas todavía no ha impulsado, con suficiente fuerza, en su pretendido liderazgo -ni aún con la visita al Medio Oriente del Presidente Chávez- la idea de la Cohesión dentro de los miembros de la Organización y el valor de la cooperación, con los actores exógenos a la misma. El mensaje de Venezuela en tal sentido, ha sido demasiado débil y Ha pretendido hacerlo llegar por la vía de lo tácito. A esto debe sumársele, la manera inadecuada como el Gobierno Nacional ha manejado las relaciones internacionales durante todo este último año y medio, con parcializaciones, declaraciones y vinculaciones de dudosos dividendos políticos.

Situaciones como: la cercanía del Presidente Chávez al gobierno cubano, las presuntas vinculaciones de simpatía entre Caracas y la guerrilla colombiana, las pretensiones del ejecutivo Nacional venezolano de crear una “OTAN” latinoamericana, las relaciones presumiblemente sospechosas con el gobierno comunista Chino, los ofrecimientos a Yassir Arafat de poner a la OPEP a disposición de su causa antiisraelí y las declaraciones destempladas del Gobierno Venezolano hacia Washington, son factores que han minado la posición venezolana dentro de la comunidad internacional occidental. Ofrecimientos como el que hizo el Presidente Chávez a Arafat, evidencian un profundo desconocimiento de la realidad de la OPEP y del funcionamiento actual del sistema global de naciones y organismos multilaterales.

Es del dominio público la profunda heterogeneidad de la OPEP, sus hondas divisiones internas, las parcelas en las cuales está fraccionada con el único vínculo real entre sus miembros representado por los intereses petroleros comunes, las lealtades y compromisos de sus integrantes musulmanes y las aspiraciones, especialmente sauditas y estadounidenses, de que la Organización sea un organismo “técnico-petrolero” sin ninguna responsabilidad o posición política.

Por su parte, los Estados Unidos comienza aparentemente a endurecer su política exterior hacia Venezuela. Las recientes declaraciones reprobatorias de Richard Boucher, portavoz del Departamento de Estado estadounidense, con respecto a la visita del Presidente Chávez a Irak ponen en evidencia que Washington podría estar empezando a cambiar su política de tolerancia total hacia Caracas, por una posiblemente más beligerante. Según Boucher, el gobierno venezolano no solicitó el permiso necesario ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para que Chávez visitara Irak, quien se encuentra sancionado por el organismo multilateral. Pero lo más importante de las observaciones del Departamento de Estado hacia este encuentro entre Chávez y Saddam Hussein, reside en el carácter dictatorial que le atribuyen al líder iraquí y el presuntamente democrático del Jefe de Estado venezolano. Al respecto Boucher declaró: “ser (Chávez) el primer jefe de Estado democráticamente electo que va a reunirse con el dictador de Irak, es una distinción dudosa”.

No obstante, causa suspicacias que posteriormente otro funcionario de mayor jerarquía del Departamento de Estado, declaró como válida la visita del presidente Hugo Chávez siempre y cuando no hubiese pretendido arribar a Irak por vía aérea. La impresión inicial que produce la conducta política de los estadounidenses es que las primeras declaraciones pudieron ser un “globo de ensayo” lanzado por ellos para medir la reacción venezolana, la cual, como nos tiene acostumbrados el Gobierno Nacional actual, siempre resulta innecesariamente incendiaria, poco diplomática y escasamente estratégica.

Venezuela podría perfectamente fijar posiciones firmes y tajantes, sin necesidad de acudir a la agresividad excesiva. Se puede ser cortés sin dejar de ser valiente. Además, la estrategia debería consistir en estrechar lazos dentro de la OPEP sin tornarnos enemigos del resto del mundo, especialmente de los estadounidenses.

Ahora bien, en realidad cualquier objeción jurídico-política estadounidense a la visita del Presidente venezolano a Irak o con respecto a la gira, resulta injustificada. No hay asideros reales, salvo los políticos, para ello. Hay clara conciencia, que los reclamos de Washington, tratan de recordar su carácter de superpotencia y de apuntalar la importancia de la ONU y sus resoluciones como instrumentos al servicio de su política exterior: Esto, debe tomarse en cuenta para la evaluación analítica.

Cabe destacar, que un pronunciamiento de los estadounidenses, desde el punto de vista de sus intereses, era necesaria, en tanto el gobierno venezolano está con la visita a Irak, a Irán o a Libia acomentiendo acciones que atentan contra la legitimidad de la política de sanciones de EE.UU. en el Medio Oriente.

Por otra parte, el gobierno venezolano debería hacer un balance serio de lo que podrían ser los resultados electorales en EE.UU. en el mes de noviembre próximo, y en como esa situación repercutiría hacia Venezuela. De acuerdo a las tendencias actuales, George Bush (hijo) tiene amplias posibilidades de ganar, pese a la prosperidad económica generada por los demócratas en los últimos ocho años. Tradicionalmente, la política exterior republicana ha sido de corte más fuerte que la demócrata y no puede tomarse como indicador de lo contrario, el hecho de que Bush esté tratando de ganar con el voto latino, que hable español o que su esposa sea hispana.

La llegada de Bush a la Casa Blanca, podría tener igualmente implicaciones importantes en el plano petrolero para Venezuela y el resto de los miembros de la OPEP. Un estrechamiento de relaciones entre Washington y Arabia Saudita –probablemente propiciado por los estadounidenses-, podría hacer más difícil todavía las aspiraciones de liderazgo de Venezuela dentro del cártel. Adicionalmente, podría dar al traste con el concepto actual de “cohesión” relativa de la Organización y acrecentar la “cooperación” externa de algunos de sus socios sobre la base de un aumento de las tensiones internas.

No obstante, dada la postura tolerante de EE.UU. mostrada hasta ahora para con Venezuela, para algunos las relaciones entre Washington y Caracas podrían considerarse como de aparente confrontación y de mutuo beneficio ante la supuesta amenaza que cada gobierno representa para el otro. Para el Presidente Hugo Chávez, resulta “rentable” el discurso antiimperialista y populista, puesto que contribuye a que mantenga su ascendente político en ciertos sectores de la población venezolana. Mientras que para Washington, tener una presunta amenaza en América latina para con la democracia y la libertad, justifica la expansión de su política de penetración militar –a través de bases- en el sub continente.

Una situación de esta naturaleza –de beneficios tácitos-, recuerda la presumible rentabilidad que de la confrontación y del conflicto sacan israelíes y palestinos, o ciertos segmentos de la elite político-económica colombiana de la guerrilla y del narcotráfico.

Dado que en las relaciones internacionales nada puede asumirse de manera axiomática, todos estos escenarios tendrían que ser revisados con detenimiento. Venezuela no debería darse el lujo de incurrir en errores (incluso garrafales) dentro de su política exterior y petrolera. Buena parte del futuro del país depende de una gestión acertada en ambos planos.

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