Economía

La cuadratura del círculo económico

(%=Image(8828098,»L»)%)Recientemente ha empezado a surgir cierto consenso en torno a algunos aspectos clave de la estrategia económica que deberá seguir el Gobierno que suceda a la actual Administración, una vez revocado el mandato del Presidente Chávez. Entre estos aspectos, hay uno, en especial, que está cobrando mucha fuerza y que en nuestro concepto resulta sumamente peligroso. Se trata de la pretensión de que de cara a otorgar viabilidad política al nuevo Gobierno éste está obligado a emprender en el muy corto plazo una expansión importante del gasto público dirigida a impulsar una rápida recuperación del empleo y una rápida y perceptible mejora en los niveles de consumo de los sectores en pobreza crítica.

Algunos de las personas que sostienen sin más esta consigna, son por lo demás sumamente ortodoxos en el resto de la estrategia económica que recomiendan, propugnando la necesidad de detener el desorden, despilfarro y corrupción que ha imperado durante el presente Gobierno en las finanzas del Estado, y en el plano institucional, la necesidad de re-establecer en forma plena el Estado de Derecho y el equilibrio entre los Poderes; todo ello como estrategia imprescindible para alcanzar altas y estables tasas de inversión privada y enmarcado en una estrategia radical de reorientación efectiva del gasto público hacia los sectores que viven en pobreza extrema.

El problema, es que vistos en conjunto es muy fácil que estos aspectos resulten inconsistentes e inclusos contradictorios, tal como el placentero pero pueril intento de “cuadrar el círculo”, y puedan, además, tener un impacto muy perjudicial en la viabilidad política del nuevo Gobierno al sembrar falsas expectativas.

Sin reformas importantes en la estructura de la administración pública y en las instituciones fiscales, es, cuando menos, sumamente incierto y dudoso el impacto que puede tener una expansión del gasto público en términos de crecimiento, producto y consumo de los sectores en pobreza extrema, y resulta en cambio mucho más clara y cierta la adicional expansión de la corrupción, el despilfarro y el deterioro patrimonial del Estado que puede seguirse de intentos de esta naturaleza. En términos más generales, tanto por lo antes dicho, como por la naturaleza imprecisa y poco desarrollada del conocimiento científico acerca del funcionamiento de la economía venezolana, resulta temerario hacer depender la viabilidad política del nuevo Gobierno, de endebles promesas acerca de la posibilidad de rápidos logros cuantitativos en materia de crecimiento, generación de empleo y mejora del nivel de vida de los sectores pobres en el muy corto plazo.

La forma clara y cierta de acelerar las tasas de crecimiento de la economía, el empleo y el nivel de vida de los pobres en Venezuela, tanto a corto como a largo plazo, es una sóla y la misma: lograr mediante el poder de la negociación y el consenso de todos los sectores políticos y sociales involucrados acelerar todo lo posible el proceso de diseño, aprobación y puesta en práctica de las reformas institucionales que requiere el país para lograr la eficiencia y credibilidad de las instituciones del Estado, todo ello en medio de una gestión financiera ordenada y prudente por parte del Gobierno. Y no es con falsas promesas que se conseguirá que el pueblo apoye este proceso de reformas a pesar de los nuevos e inevitables sacrificios que probablemente traiga consigo, sino con el poder de la persuasión racional, la recurrencia a los más altos valores de la nación y, sobre todo, con las muestras de honestidad y virtudes cívicas y democráticas de los líderes políticos que guíen la nueva etapa.

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