Economía

La economía agrícola en el futuro

Para planificar mejor al sector agrícola es necesario comenzar a proyectar
desde ahora cómo será la economía del futuro, especialmente en el campo
agrícola. Para ello debemos tener en consideración dos factores
principales: 1) la población mundial seguirá creciendo, por lo que se
deduce que seguirá aumentando la demanda alimentaria; 2) la biotecnología
aumentará tanto el rendimiento de los cultivos por lo que se esperaría que
la oferta de alimentos crezca más rápidamente que la demanda.

El crecimiento de la demanda alimentaria

El crecimiento de la demanda alimentaria obedece a dos factores: 1) el
mayor número de demandantes (población), y 2) el incremento en la demanda
individual proveniente de la mejora de la calidad de vida, o sea, de la
capacidad adquisitiva.

Respecto a la primera, se producirá básicamente en los países
subdesarrollados (es mejor ser sinceros y utilizar esta frase en vez de la
más suave que reza «en vías de desarrollo», porque al menos en el caso de
muchos países, incluyendo a Venezuela y muchos países africanos
subsaharianos, no se percibe eso de «en vías de desarrollo», lo cual si es o
fue cierto en Corea del Sur, Singapur, Portugal, etc. y por largo tiempo
también en Venezuela). La mayoría de los países ricos (o desarrollados)
tienen una población estabilizada, y más bien sus problemas a futuro tienen
que ver con el dilema de cómo financiar una creciente relación de ancianos
en la población debido a sus políticas de baja natalidad. Sin embargo, la
demanda de alimentos es lo que los economistas denominamos «inelástica» (si
no entienden lo que significa, busquen a un amigo experto para que les
explique), o para simplificarlo, si bajan los ingresos la comida es lo único
que no se deja de demandar, o en todo caso, se substituyen por otros más
baratos.

La demanda debida al incremento de la capacidad adquisitiva se producirá en
un siempre pequeño número de países (los ricos o quienes pasen a serlo),
pero entre los cuales se destacará un coloso como la China (con un quinto de
la población mundial, y si la economía de ese país mantiene su rumbo
ascendente por varias décadas más). Por supuesto, hay que tener en cuenta
que los alimentos que demandan los ricos no son los mismos que consumen los
pobres, o al menos vienen en diferente presentación, se venden en diferentes
sitios y con diferentes precios.

Para satisfacer la demanda alimentaria mundial hay que tener en cuenta,
además, los hábitos de consumo. Si nos proponemos aumentar la producción de
bagre amarillo, yuca, ocumo chino y mapuey tal vez no conseguiremos
compradores en Europa y el Medio oriente, donde si les gustarían comer
aceitunas, uvas, trigo y carne ovina, que son de producción muy restringida
en Venezuela por razones naturales (al menos hasta el presente). Ni
siquiera son idénticos los hábitos de consumo de Venezuela y Colombia, o
dentro de la misma Venezuela, entre campo y ciudad, o por regiones: en
oriente se come mucho pescado y ocumo, en los llanos mucha carne, en el
Zulia son los «huevos chimbos» y mojitos en coco, y así por el estilo. Lo
mismo pasa en otros países: en la China no es igual Mongolia que Shanghai,
y en Estados Unidos no son iguales Texas y Nueva York.

El crecimiento de la oferta alimentaria

El aumento en la oferta de alimentos se basará en dos variables principales:
1) el incremento en la superficie dedicada al cultivo; y 2) un aumento de
la productividad. A su vez, el aumento de la productividad se puede deber a
dos causas: a) la mejora de las actuales técnicas agropecuarias; y b) la
ingeniería genética. Si el aumento de la productividad es tan fuerte como
se espera, se puede revertir la primera variable, es decir, la superficie
dedicada a las labores del campo puede empezar a disminuir. Fíjense que se
están planteando únicamente las actividades relacionadas a la tierra en la
producción de alimentos, y se están excluyendo todavía los de origen
industrial; sin embargo, en la actualidad todos los alimentos industriales
se basan de una u otra forma en el trabajo de la tierra, pero no es
descabellado pensar que pudiéramos comer algo que no proviene de élla,
aunque con la onda naturista no sabemos si tendrá mercado una comida
totalmente artificial.

Con la ingeniería genética podríamos obtener cultivos que se cosechen al
mes, y en mayores cantidades que en la actualidad. Tal vez se pudieran
hacer modificaciones para que en algunas frutas se puedan obtener los
nutrientes que hoy solamente se adquieren de la carne, o que se invente una
especie de coco que en vez de agua contenga miel. Veríamos animales del
tamaño de un toro que se reproducirían tanto como los conejos. En fin, las
posibilidades son muy promisorias.

Si los logros de la ingeniería genética son tan grandes podríamos observar
el fenómeno de que la superficie dedicada a actividades agropecuarias
disminuiría, y se podría iniciar un proceso de reforestación. La misma
ingeniería genética podría suministrar los métodos para que esa
reforestación sea rápida.

La «industrialización» agrícola

Otro de los temas que hay que tratar es el de la «industrialización» de la
mano de obra agropecuaria, en el sentido de que con esas nuevas especies los
obreros del campo ya no trabajarán una temporada y descansarán otra más
larga, sino que los requerimientos de la mano de obra serían permanentes,
así que disminuirían los empleos temporales y aumentarían los estables, con
todas las consecuencias económicas, culturales y sociales que implica.

También se disminuiría la dependencia que se pone en una sola cosecha para
vivir todo un año, y lo que se sufre cuando se pierde, que en algunos países
desemboca en una verdadera hambruna.

La transformación de la manera de laborar en el campo acelerará la
mecanización del trabajo agrícola, porque sin los aparatos ya será muy
difícil competir no solamente con los rivales internacionales, sino también
con los nacionales.

Pero hay algo que no cambiará, y eso es la teoría económica. Ahora y en el
futuro debemos prepararnos para saber manejar los negocios, sean citadinos o
campesinos, y siempre si se produce un sobreoferta caerán los precios, y si
estos bajan bastante o por un tiempo demasiado prolongado, los productores
más débiles saldrán del mercado, o sea, quebrarán y se arruinarán.

La cuenta es sencilla: si suponemos que la superficie cultivada en el mundo
comienza a multiplicar su rendimiento por seis (porque se obtendrían como
promedio seis cosechas al año donde antes se daba una), y si ahora la
población del planeta alcanza un poco más de 6 millardos de habitantes, y la
producción actual puede satisfacer a todos los habitantes (aunque la
satisfacción está mal distribuida), entonces si pasáramos ahora a producir 6
veces más con la misma superficie podríamos alimentar a 36 millardos, y
según las proyecciones demográficas faltan varias décadas para alcanzar es
población, así que tendrán que salir del mercado mundial gran parte de los
productores de alimentos.

Lamentablemente para Venezuela, quienes comparten parte de nuestros gustos
alimentarios en el mundo son relativamente pocos y hay mucha competencia en
ese sector, por lo que su futuro en el largo plazo en esta materia no es muy
promisorio, así que la manera de desarrollar la economía no está vinculada
al campo sino a la ciudad. En ese mismo largo plazo, el principal énfasis
de la agricultura venezolana debe estar puesto en satisfacer el mercado
interno, quedando solamente algunos renglones exportables. Pero si bien
todo esto ocurrirá, tampoco será mañana, por lo cual quien tenga planes de
inversión puede seguir adelante que todavía el mundo no se le vendrá encima.

(*) Economista.

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