Economía

La economía política, estúpido, la economía política

I.- Una de las características más acentuadas de la antroposociología del venezolano son nuestros altos niveles de desconfianza, que dificultan arduamente cualquier organización más allá de los fueros familiares, cualquier tentativa que vaya pos de proyectos públicos de interés para todos. Creo que de allí se deriva el atavismo de que rara vez aceptamos literalmente las palabras de los políticos o de quien sea. Nuestro esfuerzo no se concentra en tratar de entender las implicaciones de lo que el sujeto ‘x’ nos está diciendo, sino tratando de descubrir la perversa intencionalidad con la cual nos lo dice. A saber, todo lo que diga quien sea es mentira, tomarlo en serio es de tontos, el vivo siempre debe buscar la trampa que nos están montando, cómo es que están tratando de guisarnos o de apoderarse del botín detrás de esa fachada discursiva. Cuando uno les pregunta por qué hacen eso te miran con una sonrisita y con desprecio intelectual te sueltan cosas como “realpolitik, imbécil, ¿o es que tú no te has leído a Maquiavelo?”
Enfocarse prima facie en lo que alguien dice no significa creer que todo el mundo es altruista o que no existen los pájaros bravos y los aspirantes a dictador. Lo que ocurre es que si apenas alguien empieza a hablar yo arranco a buscar cómo es que está tratando de sacarme la cartera en realidad lo que estoy analizando son mis prejuicios y no el discurso del sujeto ‘x’. Eso genera un doble o triple esfuerzo de análisis, que conlleva al resultado de que nunca voy a entender lo que ‘x’ quiso decirme. Tal vez el sujeto ‘x’ quería montarme en la olla, o tal vez estaba de verdad proponiendo algo interesante y útil: pero jamás lo sabré.

Este camino de análisis es poco fructuoso a la hora de defenderme: tal vez sería más sensato tomarse en serio lo que ‘x’ dice y luego contrastarlo con la realidad, a ver qué aspectos del discurso son ciertos y cuáles son poco creíbles. Eso me permitiría tener clara noción de los peligros que ‘x’ encierra si fuera un pájaro bravo (lo cual es bueno para mi seguridad) pero también deja la puerta abierta para potenciales asociaciones en torno a proyectos de cualquier índole en caso de que ‘x’ no resulte ser un carterista. Esto lo llaman ‘el beneficio de la duda’ y está consagrado en las constituciones democráticas bajo la fórmula ‘toda persona se presume inocente hasta que se demuestre lo contrario’. Dije inocente, no necesariamente una buena persona, aunque teóricamente podríamos extender el argumento hasta la categoría bondad.

Un contexto como el anterior puede conducir, si se lleva ad nauseam, a una sociedad donde nadie oye a nadie, donde nadie se arriesga con nadie, donde todos rechazan a todos desde un principio, donde para toda actividad de la vida nos refugiamos en la familia y en los panas cercanos, porque más allá de la verja de mi casa todos son ‘ellos’ y nunca ‘nosotros’. La falta de costumbre de asociación –que empieza por oír al otro a ver qué dice- hace que muchos de estos sujetos pierdan tal capacidad, al punto que se hacen daltónicos a la asociación provechosa, dejan pasar por alto oportunidades fabulosas y, trágicamente, cuando por fin confían los engaña un falso jeque, alguien que los convence de meter los reales en el Stanford Bank o terminan eligiendo a su futuro verdugo en un cargo de representación popular. A la larga, estos pajaritos desconfiados son más fáciles de engañar que las personas que dan el beneficio de la duda, porque en el segundo caso la carga de la prueba recae sobre el sujeto ‘x’, quien debe demostrar que hace lo que promete. Eso sí, las personas que dan el beneficio de la duda pueden ser inflexibles cuando descubren que les mienten, y allí se acaba el negocio. El pájaro desconfiado puede incluso descubrir indicios de guiso en la conducta del sujeto ‘x’ después que le ha entregado los reales, pero ya será muy tarde, porque el orgullo le hará decir: ‘No, eso no pueden ser cierto, yo soy un pájaro bravo, a mí nadie me tracalea’. Esa es la táctica de todos los estafadores: fue la táctica de Maduff, de Stanford, del falso jeque aquel que esquilmó a decenas de pájaros bravos del jet set caraqueño hace unos veinte años. El vivo termina como la tipa aquella que está divina y que por eso desconfía de todos los hombres, que no le da nada a nadie, y que al final termina empatada con César Augusto, el peor de todos, el que le monta cachos, la trata como a una cachifa, se la vacila y le arruina la vida.

El desconfiado crónico termina votando para la presidencia por uno igual de engañador que él (o peor), y luego se queja. Pero: ¿por qué no confiaste en la democracia? ¿Tenías miedo de aparecer como un bobo? ¿Quién te mandó a andar aventurando en pos de una gorra militar? ¿Qué sabes tú de dictaduras, de regímenes políticos, como para andar aleccionando a quienes alarmados te decían ‘¡Chamo, los militares pal cuartel!’? Y aquella vez igual la risita, “Je, je, no entiendes nada imbécil, es realpolitik, vamos salvar la patria de los pusilánimes como tú. Aquí lo que hace falta es mano dura”. Uno piensa que la mano dura es buena, siempre que la descarguen sobre otros cuerpos, dado que la culpa de lo que pasa en el país o de que yo no sea millonario nunca tiene que ver conmigo, siempre es de otros, a los que hay que castigar (y a ver si finalmente me hago rico en el gobierno castigando la corrupción, de paso): pero apenas la mano dura se vuelve contra nuestros intereses “allí sí que la vaina cambea, camarita” como diría mi paisano Manuel Bermúdez con llanerísima facundia.

Yo arranco por tomar literalmente lo que todo político dice porque soy burda de flojo como para, de entrada, a cada rato y con cualquier rabo e’ cabuya, desplegar las fuerzas de defensa dialécticas (dialectic task forces), que en mi caso incluyen portaaviones Rorty, submarinos Maquiavelo, aviones de despegue vertical Isaiah Berlin, helicópteros Carlos Rangel y algunos vetustos anfibios de desembarque Vallenilla Lanz. Adicionalmente, en la Simón Bolívar me influenció una materia llamada Análisis del Discurso (I y II) que te dice eso: Analiza el discurso del sujeto político, imbécil, para tener un punto de partida empírico, para saber si los pelos del burro son castaños: si el burro muerde o patea eso lo averiguas después, primero tienes que averiguar si es burro viejo, mulo o pollino.

II.- Recurramos nuevamente al artilugio de la ‘mostración’: imagine usted un sujeto político ‘x’ que dice: “Voy a establecer en Venezuela el socialismo.”. Vas a ver al viejo pájaro bravo que votó por ‘x’, ahora transfigurado en analista político y opositor acérrimo (que sueña con un subsidio del NED) en un canal de televisión amenazado de cierre con un moderador que lo azuza para que pierda toda moderación y ladre (¡cuje, perro! es la interjección empleada en el llano). El tipo se arrellana en la butaca, se queda pensativo unos 5 segundos, se toca la barbilla con gravedad y suelta el fruto de sus sesudos análisis.

-En Venezuela estamos viviendo un totalitarismo…
Al tipo le mandan mensajes de texto elogiando sus cojones y su claridad, ciertas viejitas de Altamira luego de años de sequía finalmente lubrican, y las muchachas con mamoplastia y bótox de mi artículo del 14 de septiembre de 2008 repiten su grito de guerra ¡Hazme un hijo!
Uno se tropieza al tipo en una tasca el día que va a ver lanzar a Johan Santana y trata de hacerse el bolsa, pero el pájaro bravo es incansable:
-¡Oscar Reyes, criptochavista!
Qué vaina, y yo que no quería darle nombre al sujeto ‘x’, quería dejarlo como las variables indefinidas del álgebra para resolver ecuaciones de segundo grado, pero el pájaro bravo siempre me saca de quicio, esa es una de sus grandes virtudes.

De colega a colega (imaginemos que el tipo hizo el mismo postgrado en Ciencia Política y que no debe la tesis como yo) uno le dice:
-Pana no confundamos a la gente, Venezuela no vive un régimen totalitario, léete otra vez a Hannah Arendt en Los Orígenes del Totalitarismo y verás que la diferencia de grados es abismal. Si tú detectas actitudes autoritarias, que las hay, descríbelas, analízalas, y ayuda a la gente a entender lo que pasa, te lo agradecerán. Pero sobre todo analiza el discurso de economía política sobre el supuesto socialismo y los nuevos modos de producción y ayúdanos a proponer alternativas.

Como al tipo no le interesa entender lo que le digo me mira con sorna y dice:
-¿Qué te tomas? ¡¡¡Epa, a este carajo lo botaron de la universidad porque descubrieron que su corazón es rojo-rojito!!!
Estoy perdido, la técnica del carterista que grita ¡agarren al ladrón! ha sido mortal: todos los presentes en La Huerta voltean a verme, y nada de lo que diga les hará cambiar. “No nos simpatizas, siempre nos caíste mal, con razón sospechábamos de ti, es que hasta tienes el fenotipo ..ñoetumadre…” me dicen unos 40 pares de ojos que engullen escocés 12 años y mero poché, que debaten sumamente preocupados lo nocivo que está resultando para los pobres el actual proceso.

No es que no haya politólogos serios y esforzados, con el deseo real de entender lo que pasa con el discurso del sujeto político ‘x’. Pero en algunos casos, como su formación ha sido positivista, descriptiva, no analítica ni prescriptiva, sólo encuestas, caracterización del tipo de régimen desde el punto de vista de las instituciones democráticas formales, un poco de Robert Dahl en Poliarquía y de Guillermo O’Donnell en Accountability Horizontal, no entienden el enfoque de la economía política cuando se centra en los modos de y en la propiedad de los medios de producción.

-¡Ah! Es que tú eres marxista… Con razón… ¡¡¡Epa, este carajo es marxista y está asesorando al gobierno!!!
-No, chamo, la verdad es que yo no he leído todo El Capital, pero algunos otros textos de Marx sí, y creo entender medianamente su propuesta de análisis del fenómeno histórico, cuya alma es la economía, pero con su componente político, es decir, la economía política.

-Pica ahí, que llegaron las chistorritas…

III.- No tenía TV en casa para no distraerme de las lecturas importantes (Internet me parecía suficiente), pero cedí a la tentación de seguir el beisbol de grandes ligas, a mi ídolo Johan Santana, y también la champions ligando que eliminen al Barsa (¡Hala Madrid!) sin tener que ir a la tasca y verme rodeado de 41 o más pares de ojos de pájaros bravos, de manera que conseguí un viejo Sony de los grandotes. No pude evitar la aciaga tendencia de hacer análisis del discurso y de escuchar atentamente las intervenciones de algunos sujetos políticos de genotipo ‘y’ y también ‘x’ que decían y contrapunteaban en un poco en el siguiente estilo:
-Estoy aquí para participar en un seminario de economía social organizado para formar la conciencia de los 250.000 estudiantes de la universidad experimental de la revolución. Aquí estamos en vías de una revolución, que quede claro eso, vamos hacia el socialismo, hacia un cambio en la propiedad de los medios de producción, pura economía política, pues.

Ah no, si el tipo dice economía política pues no, jamás: primero muerto que bañado en Marx.

-Es un laboratorio para el totalitarismo del siglo XXI.

-Empresas sociales, participación accionaria de los trabajadores, superar el consumismo, fortalecer la solidaridad contra el egoísmo capitalista.

-En realidad, estaniña, lo que yo luego de profundas reflexiones he concluido, y quiero que los televidentes me presten mucha atención porque esto es de importancia capital, ya que de entender lo que yo digo depende el futuro de la democracia, es que en Venezuela se ha ido consolidando una dictadura, que tiene legitimidad de origen porque nace de un acto electoral en el que se consultó al soberano, pero que ha devenido en una ilegitimidad de ejercicio, ¿tú me entiendes?
-La crisis económica mundial empezó con los ambiciosos banqueros norteamericanos, y ahora se está expandiendo por todo el mundo, España tiene 4 millones de parados, qué erotismo, caballero…
-En el fondo de todo esto, mi querido amigo, apreciados televidentes, subyace una patología por el poder por el poder, con visos de delirium tremens y una megalomanía que puede sugerir una gran inseguridad sexual…
-Economía política, pues, y el que tenga ojos que vea, y el que tenga oídos que oiga y el que quiera entender que entienda o que se vaya a lavar ese paltó.

-Bueno, me corrigieron en la tasca y me dijeron que no empleara alegremente las categorías del totalitarismo sin haber leído antes a Hannah Arendt en Los Orígenes del totalitarismo (618 páginas en 8vo): pero entonces, luego de una cavilación densa y varios días de insomnio concluyo con Umberto Eco en ese breve y brillante ensayo titulado Ur-Fascismo (15 páginas en 16avo) que se trata de un neofacismo, un neototalitarismo, una dictadura postmoderna maquillada con un pseudo discurso democrático para aparentar ante las instancias de observación internacional que finalmente están comenzando a tener sospechas sobre la democracia venezolana, y este es un proceso que apenas empieza y que no va a parar, eso se lo aseguro a los televidentes: en algún momento Obama nos va a sacar de este peo.

IV.- ¿Qué pasa si nos tomamos el discurso de ‘x’ en serio? Algunos analistas, luego de darse infinidad de cabezazos han reconocido aterrados: ‘Perro, y lo peor es que el tipo siempre anuncia lo que va a hacer.’
Hagamos para finalizar algunas aclaratorias y preguntas analíticas, lógicas:
1.- Para tomarme en serio el discurso de ‘x’ este sujeto político no tiene que ser necesariamente una cacaíta. 2.- Que yo me tome en serio su discurso no significa que lo apoye, a lo mejor quiero combatirlo y me parece –pendejo yo- que saber lo que trae en la bola me conviene 3.- Si me paso toda la vida adivinando la perversidad detrás de cada palabra del tipo, estoy analizando mis prejuicios y poco puedo aportar al debate. El Organon llanerum describiría las preguntas de ese tipo como circulares e inútiles, como preguntar, ‘Mire, cámara, ¿y cuál es la intención del malintencionado?’ 4.- Mi deconstrucción y reconstrucción pragmatista clásica norteamericana sería: ‘Caracha, paisanito: el tipo está hablando de economía política y la oposición no se da de cuenta, y lo peor es que la gente le cree, y el loco ha puesto a un poco más de medio país a pensar y hablar, a discutir y debatir en términos de economía política, ¡…na tan loca!’
De mi deconstrucción y reconstrucción pragmatista salen algunas recomendaciones terapéutico-políticas: a) estudie algo de economía política. Están circulando ediciones populares de “Marx para principiantes” de Federico Riu, en comic, que le pueden servir. Fueron mis lecturas de adolescente cuando me metí en el MAS, antes de Proceso a la Izquierda de Petkoff o las críticas de Bobbio b) dado que hay mucha gente que está hablando en el lenguaje de la economía política, para superarla debe manejarla, o ellos simplemente no lo entenderán, y diga lo que diga le van a gritar ¡Oligarca! c) que ‘x’ esté proponiendo un proyecto con economía política no significa que todo proyecto de economía política sea perverso. Recuerde que muchos analistas, periodistas, entrevistadores y académicos rechazan este enfoque –es una mentira del dictador x’ y no debemos caer en eso- pues no tienen formación en esa área, de manera que perderían el monopolio del discurso mediático si ese tema se abre paso d) no subestime a ‘x’. Massimo Desiato, en una entrevista en El Universal, advertía que ‘x’ tiene discurso, aunque suene tosco y atrasado o sesentoso: lo peor que podemos hacer es responder como lo hizo su rector cuando él le dijo que se debía dialogar con el proceso de ‘x’, y el prelado le contestó: “Ese discurso no es un objeto digno de estudio” d) si los norteamericanos fueran bobos no serían la primera potencia del mundo desde hace 60 años. Si ‘x’ no tuviera discurso, no estaría en el poder ni lo repetirían millones de ‘equivocados, negros, brutos, resentidos’. No piense Ud. como neoresentido, como si fuera una falsa señorita despojada y engañada, usted se lo buscó al votar por él, ahora no llore ni me insulte por decirle que peló gajo, simplemente contribuya con la medicina f) tal vez dentro del discurso de ‘x’ hay cosas buenas que usted, por no querer tomarlo en serio, suenan a bueno y han convencido a millones aquí y fuera del país. Reconocer eso no significa que ‘x’ las vaya a implementar bien o que dejemos de criticar las actitudes autoritarias g) no le dé pena copiar lo bueno de ‘x’, tal vez la gente realmente necesita un discurso de economía política porque, pese a las promesas de Fukuyama luego de la caída del Muro de Berlín, el libre mercado y la democracia representativa a solas no han cumplido sus promesas de bienestar. Si el muro de Berlín se cayó, pues su equivalente ha sido la crisis económica que me tiene pariendo a mí igual que a usted para pagar la renta y llenar la nevera h) ¿y qué tal si usted y su partido o UNG se dedican a proponer una alternativa de economía política llamada ‘yyy’ con la suficiente claridad para convencer a una parte de la población que no está con “nosotros” porque no sabemos o no queremos proponerles alternativas que impliquen economía política porque en el fondo no queremos que nada cambie? i) si lo que está en juego vale tanto la pena, supere sus prejuicios, meta la mano en la llaga o en la basura, haga una ablación de la herida pustulenta y diga: ¿qué pasaría si voy más allá de mi egoísmo, de mis prejuicios y acepto que algo andaba mal y que algo aún sigue mal respecto al ‘nosotros’ opositor al punto que tanta gente aún apoya a ‘x’? j) ¿cómo superar a ‘x’? ¿Con homeopatía o con alopatía? Un clavo saca otro clavo, no hay mejor cuña que la del mismo palo. Sin necesidad de lesionar sus intereses, sin dislocar su identidad, sin tener que aceptar que ‘x’ es un alma de Dios y nosotros unos demonios, se pueda añadir al debate un poco de economía política (Pepe Guerra y Raúl González Fabre lo hacen sin sonrojarse), que de paso nos amplíe el piso a la hora de responder problemas del tipo: cómo vamos a superar la pobreza, cómo vamos a lograr la integración. a superar la polarización que excluye a los opositores –política- y a los pobres –económica y social, qué modelo de desarrollo vamos a construir de cara a los retos del siglo XXI que no son pocos, qué vamos a hacer con el petróleo, con la biodiversidad y el agua que son las riquezas del futuro, cómo vamos a ajustar la educación de cara a lo que ya no va a volver y lo que deje esta tempestad?
Creo que el libro de Rius es sumamente barato entre los libreros y buhoneros.

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