Economía

La ferrarización del país

Además de la literal supervivencia física a la que estamos condenados los venezolanos, exponiendo tasas indecibles de homicidios y lesiones personales que roncan principal – aunque no exclusivamente – en los sectores más empobrecidos de la población, exhibimos otros indicadores socioeconómicos de una evidente regresión. Y es que la premodernidad, sustento esencial del socialismo en curso, habla de la inflación,  el consumo de calorías, la vivienda, las enfermedades, el sistema eléctrico, la desindustrialización pareja a la desinversión,  y otros rubros que traicionan aquella magnífica, científica, inspirada y rigurosa promesa hecha por Jorge Giordani de un automóvil – además –  “Ferrari” para cada cada uno de los habitantes del país.

Símbolo de esplendidez tecnológica y estética, la marca (y la empresa) tendrá que caer algún día bajo absoluto control ruso o chino para disfrutar de sus productos y servicios, pues bajo una u otra bandera es que trae el gobierno nacional la corotera de sus afanes demagógicos. Hallamos que el Comandante-Presidente que ha denostado del automóvil como señal inaceptable de un espíritu (pequeño) burgués, pero realiza un acto miraflorino para anunciar, publicitar y celebrar la traída de los carros rusos, como sistematiza la entrega de lavadoras y neveras chinas, insignemente importadas con fines deliberadamente electorales.

La ferrarización de este rincón del planeta consiste en ofrecer un arroz con pollo, pero … sin pollo, de modo que nuestras peligrosas calles y avenidas jamás sabrán de la masiva incursión de un medio de transporte tan sofisticado y eficaz. Rincón para los excedentes foráneos, acentuando el carácter circense de un gobierno que tiene por novedad el confeso propósito de un socialismo rentístico que durará mientras dure el petróleo, fundado en los recursos del Estado,  inmersos en la larga transición de la llamada IV a la V república de acuerdo a Giordani (“La transición venezolana al socialismo”, Vadell Hermanos, Valencia-Caracas, 2009:39, 54, 83, 85).

Prosigue: “Del socialismo deseable que muchos tenemos in pectore, debemos pasar a la del socialismo realmente posible, en las condiciones actuales del país, en sus verdaderas posibilidades, con la incorporación de la alianza del pueblo y de la Fuerza Armada, con la radicalización del empoderamiento de los sectores excluidos de la sociedad que hoy participan de manera activa en ese proceso” [Ibidem: 72 ]. Valga acotar que es esa alianza de poder, los elegidos del universo chavista y la corporación castrense, la llamada a sustituir al proletariado y al campesinado de los manuales, en el marco de un “socialismo de escasez” dependiente de la renta (Ibidem: 12, 51).

 La retórica persistente de lo inédito que no es, nos aturde , como la imagen misma de un “Ferrari” engañoso surcando el paisaje guayanés, merideño, calaboceño, carupanero o barloventeño: “… En la Venezuela de hoy, la posibilidad de construir un socialismo de nuevo tipo se encuentra abierto como la propia historia del futuro” [Ibidem: 36]. Frases huecas para un rentismo regresivo, exacerbado el populismo.

Cierto que décadas atrás, el saco de cemento y la cabilla eran piezas de artillería electoral, pero también lo es que llegó un momento en el que el propio empleo comportaba un elevado costo político. Hoy reaparecen a través del saco de electrodomésticos, porque no hay cemento ni cabilla que ofrecer, como de vez en cuando un carro y hasta un móvil-celular: es el socialismo rentístico en marcha, con sus desmanes políticos y electorales.

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