Economía

La nacionalización de Elecar

(A mi amigo Hugo Faría)

Superada la cuestión política, apuesto a que se inicia una nueva era de entendimiento entre el gobierno y el sector privado nacional, única manera de dar el salto hacia el futuro esperado. Quedó sobradamente probado que sin inversión nacional no hay extranjera que valga. La inversión extranjera – cuando no un espejismo – es un oasis en el desierto, en tanto que la inversión nacional abona el terreno donde los ciudadanos esparcirán sus semillas generadoras de bienestar colectivo.

No por casualidad se presenta ahora la prueba de fuego de la idea de cambio: Adoptar el laissez faire, aceptando pasivamente la apropiación hostil de nuestra empresa emblemática, o sellar el encuentro nacional mediante una asociación estratégica del gobierno con Elecar.

El ejemplo brasileño

Estamos viviendo en carne propia el ejemplo de nuestro pujante vecino del sur. Hábilmente, el presidente Cardozo “vendió” el puente sobre el Orinoco a su amigo el presidente Chávez mediante adjudicación directa a la compañía privada Oderbrech. El tema del financiamiento “barato” desplaza consideraciones de costo, competitividad e interés nacional. Hábiles negociadores del frente gobierno-empresarios contra noveles funcionarios públicos que van desarmados al duelo del capitalismo.

Al presidente Cardoso no le preocupa jugarse por Oderbrech. Sabe que el contrato creará trabajo y riqueza para sus compatriotas. Aplicando similar estrategia se apropia del negocio del gas en Bolivia y de otros con distintos frentes en los países limítrofes. En Brasil no hay fuga de capitales.

Hora de decisiones

En cambio, de este lado de la frontera el gobierno acepta pasivamente el despojo de Elecar precisamente cuando:

– Se inicia el proceso de reactivación económica con los indicadores macroeconómicos en positivo y expectativas favorables.

– El gobierno dispuso la cesión al sector privado del control y la gestión gerencial de la industria eléctrica estatal, superando viejos prejuicios puntofijistas que arruinaron el país.

– Contamos con una empresa eléctrica privada, con 105 años de reconocida eficiencia y competitividad, extendida a Colombia, El Salvador y Méjico. ¿Si sirve a esos países, no podría servir con más razón al resto de Venezuela?

– Las ofertas de AES se producen en medio del fragor electoral que deprecia el valor de la acción, antes de la pronosticada revalorización post-electoral. De allí su apuro por comprometer las ventas y el interés de Elecar por demorarlas, al tiempo que surgen nuevos interesados. ¿Será que los extranjeros la aprecian más que los venezolanos?

Desestatizar para nacionalizar

Sin negar las bondades de la inversión extranjera, ni las de las OPA para dinamizar el mercado y defender al accionista, cabe preguntarse simplemente: ¿No es preferible que la empresa eléctrica sea venezolana y que sus beneficios y dividendos se reinviertan aquí? ¿Porqué entonces no negociar la fusión de las empresas estatales con Elecar para crear un gran holding eléctrico nacional propiedad de todos los venezolanos?

Previo avalúo de todas las empresas bajo los mismos parámetros, Elecar realizaría una aumento de capital para pagar al Estado con acciones, parte de las cuales integrarían un fondo de capitalización popular propiedad de todos los ciudadanos adultos. Elecar (o su sucesora Eleven) incrementaría su capacidad de crecimiento y generación de ganancias y consecuentemente subiría el valor de su acción. El número de accionistas pasaría de 68.000 a 12 millones, el sueño dorado de una compañía de servicios. Los incentivos de los políticos y reguladores se reorientarán en favor de la empresa y de sus votantes -accionistas, atenuando la usual conflictividad del tema.

Esta idea, esbozada por un buen amigo, empresario conocido por sus ideas neoliberales, anuncia que soplan vientos de cambio en la relación gobierno-sector privado.

A mis amigos neoliberales desagradados con mi propuesta “estatizante” les recomiendo la lectura de “The return of depression economics” de Paul Krugman. La globalización nos obliga a revisar los dogmas y defendernos según una estrategia nacional inteligente y solidaria, porque la entrega es irreversible.

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