Economía

La política de la envidia

Fairfax, Virginia (AIPE)- En su reciente artículo en la Revista del New York Times, titulado “Desaparece la clase media”, el profesor de economía Paul Krugman, de la Universidad de Princeton, escribe que “los Estados Unidos donde crecí –en los años 50 y 60- era una sociedad de clase media, tanto en la realidad como en el sentir. Las grandes desigualdades económicas habían desaparecido… la experiencia cotidiana confirmaba el sentimiento de una sociedad bastante igualitaria. Las disparidades económicas de las que estábamos conscientes eran más bien tenues”.

Esa visión de la desigualdad de ingresos y de la supuesta desaparición de la clase media es un ejemplo claro de la propaganda que difunden los profesores universitarios en sus clases para explotar la inexperiencia y falta de madurez de los estudiantes.

Si la clase media está desapareciendo en Estados Unidos, quiere decir que nos estamos convirtiendo en un país de sólo ricos y pobres, como una nación del tercer mundo. Pero la realidad es que mejoramos todo el tiempo, como lo documentaron Stephen Moore y Julian Simon del Cato Institute en su libro “It’s Getting Better All the Time”.

La expectativa de vida en 1900 era 47 años, hoy es 77. La mortalidad infantil ha disminuido de 1 en 10 a 1 en 150. Los norteamericanos pobres de hoy tienen acceso a alimentos, medicinas, productos, entretenimiento, transporte y comunicaciones con los que los Rockefellers, Vanderbilts y Carnegies sólo podían soñar.

Los ricos siempre han tenido sirvientes para no tener que sacudir las alfombras, pero las aspiradoras eléctricas hacen eso hoy en día. Henry Ford acumuló una gran fortuna, pero mucho más grande fue darle al ciudadano común la oportunidad de tener su propio automóvil. El aire acondicionado y viajar en avión era cosas de ricos en los años 50, pero hoy la mitad de los pobres en Estados Unidos tienen aire acondicionado y viajan en avión. Y más de la mitad de ellos tienen automóviles.

En el siglo XIX casi todos los jóvenes trabajaban en el campo o en fábricas. Hoy 9 de cada 10 jóvenes cursan bachillerato. Los norteamericanos tenemos tres veces más tiempo libre que nuestros abuelos. El precio de los alimentos en función de los ingresos se ha desplomado. A principios del siglo XX, el norteamericano promedio tenía que trabajar dos horas para comprar un pollo; hoy tiene que trabajar 20 minutos.

Los maestros y los políticos que quieren mayor control gubernamental sobre nuestras vidas promueven la mentira de que estamos peor que antes. Si lo creemos así, mataremos a la gallina que pone los huevos de oro. La clave del progreso la definen Moore y Simon en su libro de la siguiente forma: “la fórmula única americana de libertad individual y libre empresa ha cultivado la tendencia a asumir riesgos, experimentar, innovar y las investigaciones científicas en gran escala, algo que nunca antes se había logrado”.

Para terminar, es importante estar conscientes que la desigualdad de ingresos es el resultado de diferencias en productividad. A usted no le sorprenderá saber que aunque yo juego baloncesto y lo hago lo mejor que puedo, nadie está dispuesto a pagarme lo mismo que gana Michael Jordan. ©

* Profesor de economía de la Universidad George Mason y presidente de la directiva de la Fundación Francisco Marroquín

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