Economía

La política petrolera venezolana: Beneficia a otros a expensa de los intereses propios

VA presenta una síntesis libre del último informe de Stratfor sobre la situación petrolera venezolana. Según la agencia, la política petrolera de Venezuela conduce a su declinación como exportador petrolero, transformándolo en un país de segunda o tercera importancia en el mercado petrolero. Arabia Saudita, Rusia y México serían los países ganadores con esta declinación. Arabia Saudita habría estimulado esta política en forma indirecta.

Síntesis

El Presidente venezolano Hugo Chávez pretende que su política petrolera ha transformado a PDVSA en una compañía más productiva. En realidad, PDVSA ha colapsado como un ente corporativo, Venezuela está declinando hacia el estatus de un productor petrolero secundario o terciario, y los verdaderos ganadores son Arabia Saudita, Rusia y México. Es más, Riyadh puede haber jugado un papel indirecto para empujar la declinación venezolana.

Análisis

El 1º de octubre el Presidente de Venezuela Hugo Chávez presentó en Caracas la propuesta de alzar la banda de precios OPEP de $22-$28 por barril a $25-$32 por barril. Separadamente, el ministro de Energía y Minas añadió que Venezuela requirió que el cartel estudiase la propuesta en su reciente reunión en Viena.

La propuesta de Chávez refleja la preocupación del gobierno venezolano por el rápido deterioro de su situación financiera. El petróleo representa más de las tres cuartas partes de las exportaciones venezolanas, cerca de 45 por ciento de los ingresos del gobierno, y aproximadamente el 30 por ciento del PIB. Sin embargo, el Director del Banco Central Domingo Maza Zavala recientemente dijo a una audiencia de la Asamblea Nacional que los ingresos fiscales de las exportaciones petroleras no se habían recobrado en forma completa de la caída causada por el paro.

El presidente venezolano posiblemente esperaba que su propuesta generara alguna discusión en los mercados petroleros y entre los productores OPEP. Pero los mercados petroleros apenas reaccionaron, y los productores fundamentales de la OPEP, como Arabia Saudita, la ignoraron. Claramente el mercado ya no considera que Chávez tenga mucha influencia en los precios del petróleo, a menos que no suspenda completamente la producción petrolera venezolana. Chávez no hará esto porque necesita los ingresos petroleros para sobrevivir en el poder.

También es claro que los intereses geopolíticos de Arabia Saudita y Venezuela están en sendas divergentes desde que establecieron su exitosa alianza en 1999 para impulsar al alza los precios del petróleo, restaurando en la OPEP el sistema de cuotas que Riyadh abandonó en 1986. De hecho, la alianza de cuatro años de duración entre Arabia Saudita y Venezuela está muerta. Una de las razones fundamentales es que la industria petrolera Venezolana ya no es más una amenaza internacional competitiva a los intereses comerciales y geopolíticos de Arabia Saudita.

Chávez, sin saberlo, llegó a esto, implementando una política energética que financieramente ahogó a PDVSA, relegando su autonomía gerencial a los dictados del Ministerio de Energía y Minas. Uno de los asesores políticos claves, que influyó en Chávez para cambiar la política petrolera venezolana y su legislación, fue Bernard Mommer. Se trata de un marxista de origen alemán con conexiones bien establecidas en el Instituto de Estudios de Energía de Oxford, Inglaterra (Oxford Institute for Energy Studies), al cual Arabia Saudita, otros productores árabes e intereses bancarios financian parcialmente.

De acuerdo a fuentes de Stratfor en Londres, con conexiones con la empresa Saudita ARAMCO, los dirigentes energéticos de Arabia Saudita creían que PDVSA y Venezuela eran la principal amenaza competitiva que enfrentaban en el mundo – hasta que Chávez llegó a presidente. Las fuentes señalan que Mommer jugó un papel en convencer a Chávez para establecer una nueva política petrolera. Esta fue justamente la que acabó con la potencial amenaza de Venezuela a la hegemonía de Arabia Saudita en el mercado petrolero durante la presente década. Chávez y Mommer tenían razones políticas e ideológicas propias para detener los planes de expansión de PDVSA. Riyadh permaneció en el fondo, y discretamente estimuló a Chávez, su nuevo socio, a reventar a PDVSA y atar estrechamente Venezuela a la OPEP.

Ficción, verdad y consecuencias

Chávez proclama que su decisión de hace cuatro años de eliminar los planes de expansión de PDVSA y orientar la política petrolera al fortalecimiento de la OPEP y el alza de los precios, ha sido un éxito espectacular. En vez de basarse en la estrategia de PDVSA de expandir su capacidad para capturar más participación de mercado a precios más bajos y maximizar los ingresos vía volúmenes de exportación creciente, Chávez adoptó como estrategia basarse en el control de la oferta por parte de la OPEP para elevar los precios. Esta estrategia ha fracasado. La prueba más clara es la propuesta de Chávez para alzar la banda de precios OPEP.

Chávez también sostiene que después de su purga de más de 18.000 empleados petroleros, Venezuela tiene ahora una industria petrolera más rentable y eficiente. Pero PDVSA solicitó a la U.S. Security and Exchange Comission el 1º de octubre una prórroga de 30 días para presentar su reporte anual. La ley de los Estados Unidos requiere que todas las compañías extranjeras con operaciones en los Estados Unidos presenten este tipo de informe. Inicialmente el informe de PDVSA se ha debido presentar el 30 de junio de 2003.

Las fuentes de Strarfor en Caracas indican que los auditores externos de PDVSA solicitaron más tiempo para completar su trabajo, sugiriendo que la situación de documentos financieros de PDVSA es caótica porque la compañía no tiene suficiente personal calificado en esta área.

Finalmente, Chávez frecuentemente insiste que la producción de PDVSA es, en promedio, de más de 3,3 millones de barriles diarios, pero esta no parece ser la realidad. Desde que llegó a la presidencia, PDVSA ha perdido casi 1,5 millones de barriles diarios de capacidad de producción porque Chávez redujo drásticamente las inversiones necesarias para mantener la capacidad de producción, y permitirle al gobierno aumentar sus gastos.

El colapso de la capacidad de producción de PDVSA no es evidente para el observador externo superficial. Ello se debe a que las compañías extranjeras que operan las asociaciones estratégicas y producen crudos extra-pesados están produciendo alrededor de 1 millón de barriles diarios independientemente de PDVSA. Sin embargo, es posible que para el primer trimestre de 2004 la implosión de la capacidad de producción de PDVSA sea demasiado obvia y no pueda ser ignorada, aun por Chávez.

Antes de que Chávez fuese electo presidente en diciembre de 1998, PDVSA estaba desarrollando un importante plan de expansión de su capacidad de producción, que transformaría a Venezuela en el mayor productor de petróleo fuera del Medio Oriente. Sí Chávez no hubiese desechado los planes de expansión al inicio de 1999, Venezuela estaría produciendo 5,5 millones de barriles de crudo o más, y para el año 2010 podría haber alcanzado 8 millones de barriles por día. La mayor parte de este petróleo se exportaría a los Estados Unidos, haciendo a Venezuela su aliado petrolero más importante del Hemisferio Occidental, eclipsando a México y Canadá como exportadores hacia Estados Unidos.

Más aún, Chávez dañó el potencial de desarrollo de la industria petrolera con la nueva constitución y la nueva ley de hidrocarburos (2000-2001), las cuales impusieron restricciones significativas a la inversión privada en el sector petrolero y elevó en forma aguda las regalías. Recientemente Chávez anunció que todos los contratos de PDVSA con las compañías extranjeras serían revisados para hacerlos cónsonos con las restricciones de propiedad, impuestos y regalías establecidas por el marco legal anteriormente mencionado.

¿Quién se beneficia de la implosión de PDVSA?

Ciertamente Venezuela no se beneficia. Hace sólo cinco años, PDVSA estaba en el camino de convertirse en un productor global y exportador comparable a Arabia Saudita. Hoy, PDVSA está en ruinas. La capacidad de producción está disminuyendo rápidamente debido a que los viejos yacimientos tienen una tasa de declinación entre 20-24 por ciento por año, y las inversiones de PDVSA son insuficientes para revertir este proceso. Como resultado, la capacidad de producción continúa cayendo. Chávez dice que actualmente PDVSA es más independiente de lo que fue nunca en sus 28 años de funcionamiento como compañía nacional. Pero la verdad es que Venezuela depende en forma creciente de compañías extranjeras para mantener su nivel de producción.

Los beneficiarios directos de la implosión de PDVSA son Arabia Saudita, Rusia y México.

Arabia Saudita ya no enfrenta la amenaza competitiva de una PDVSA expandiendo su capacidad de producción. En un momento en el cual las relaciones de Riyadh con Washington se encuentran en terreno frágil por la ambigüedad de la monarquía Saudita, Venezuela no puede elevar sus exportaciones a los Estados Unidos. La administración de Bush desearía diversificar sus suministros de petróleo fuera del Medio Oriente, pero tomará años antes de que Venezuela pueda ser un factor importante en el escenario de suministros petroleros distintos al de los países árabes.

Rusia es también un ganador importante. Una fuente de Stratfor, que tiene negocios con empresarios rusos en la industria del petróleo y el gas, señaló que asistió el 1º de octubre a una cena en Moscú donde el Presidente Vladimir Putin y algunos magnates petroleros brindaron por la estupidez de Chávez al dañar a PDVSA. De hecho, se espera que la producción petrolera rusa se eleve en aproximadamente 900.000 barriles diarios en 2003-más o menos la misma cantidad que PDVSA ha perdido en capacidad de producción en los últimos años.

Un antiguo presidente de PDVSA concuerda en que Chávez ha sido empuje inesperado para la industria petrolera rusa. “Gracias a Chávez”, indicó, “Rusia está expandiendo su producción petrolera rápidamente y está atrayendo miles de millones de dólares de inversión extranjera de compañías como Exxon-Mobil, que hubiesen podido tener como destino a Venezuela, la cual está mucho más cerca de los mercados petroleros y de gasolina de los Estados Unidos.”

México también se ha beneficiado. Hasta el momento, este vecino de los Estados Unidos no ha abierto su sector energético a la inversión extranjera por razones políticas. Ello ha debilitado su potencial de desarrollo económico, pero la adscripción de México, con Canadá y Estados Unidos, al NAFTA es una compensación. Casi el 90 por ciento de las exportaciones mexicanas van a los Estados Unidos.

No llores por mí, Venezuela

Sí Chávez no hubiese interrumpido los planes de expansión de PDVSA en 1999, Venezuela fácilmente estaría produciendo 5,5 millones de barriles diarios y enviando cuando menos 4 millones de barriles diarios a los Estados Unidos. Este volumen de exportación habría desplazado tanto a México como a Arabia Saudita en términos de su importancia relativa como suplidores de los Estados Unidos, ya que cada uno de ellos sólo exporta alrededor de 1,5 millones de barriles diarios a este mercado. En 2010, Venezuela hubiese podido producir alrededor de 8 millones de barriles diarios y exportar entre 6 – 7 millones de barriles diarios al super-poder global.

Una pregunta sin respuesta para algunos observadores del colapso de PDVSA es por qué la administración Bush se mantuvo inerte mientras la compañía petrolera nacional colapsaba. Es posible que los oficiales importantes de la administración Bush no asignen una alta prioridad geopolítica a América Latina. Sin embargo, también es posible que compañías petroleras, con conocidas conexiones con la administración, estén esperando que Chávez termine de estrangular la gallina de oro que PDVSA alguna vez fue, y que entonces esperar que sean llamadas. En esa situación tendrían el camino libre para regresar y recoger las piezas.

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