Economía

La renta en cabeza ajena

Hace tiempo que no trato el tema de la renta y para hacerlo tengo que empezar pidiendo disculpas por ser tan esquemático al debatir un tema tan importante para la vida del país que ha sido su principal sustento por más de 80 años ¿Qué más se puede decir sobre la renta que no se haya dicho ya? Todos nuestros economistas han hablado de la renta petrolera y han alertado sobre las consecuencias de depender de ella. ¡Hay que sembrar el petróleo! ha sido nuestro grito de guerra desde que Úslar nos lanzó la frase como una maldición.

Pero esto no impide que se sea útil volver sobre el tema, aunque resulte redundante. El drama de depender de la renta es que se transfiere la dirección de nuestro destino a otras manos, o lo que es peor, a otros cerebros. Voy a explicarlo con un ejemplo, y aquí viene a cuento mi disculpa por esquemático, pensemos en dos terratenientes que viven de las rentas que les brinda el alquiler de sus tierras. El primero tiene unas tierras de mayor calidad que el segundo, más productivas, con mejor riego y más nutrientes, pero más alejadas de la ciudad, por lo que el transporte de los insumos para la siembra y para llevar la cosecha al mercado es más caro. El segundo tiene unas tierras peores pero más cercanas a los mercados y a los centros de producción, lo que abarata el transporte de insumos y productos. Los productores que utilizan las tierras sacarán sus cuentas considerando la productividad y los costos de transporte y estarán dispuestos a pagar a nuestros propietarios un determinado alquiler, que diferirá entre ellos de acuerdo al beneficio que piensen obtener en su proceso productivo.

Pero un buen día aparece un factor externo. Por ejemplo, se abre una vía férrea que pasa junto a las tierras más productivas de nuestro terrateniente alejado de la ciudad y se abaratan los costos de transporte. El resultado evidente es que el valor relativo del alquiler que cobra con respecto al que está cerca del mercado pero tiene tierras pobres mejorará, ya que el factor distancia tiene ahora menos peso.

Todavía, para ser más esquemáticos, podemos poner otro ejemplo. En vez de llegar el ferrocarril, lo que aparece es un nuevo fertilizante barato que mejora sustancialmente las tierras del terrateniente que está cerca de la ciudad. El resultado es que el valor relativo del alquiler que cobra aumentará, ya que el peso del factor productividad que lo perjudicaba ahora ha disminuido.

La conclusión que se debe extraer de ambos ejemplos es que el que vive de las rentas depende de lo que hagan los productores y no es nunca dueño de su destino. Esta premisa, que luce muy simple, la podemos utilizar para analizar cosas mucho más complicadas, inclusive históricas.

Cuando una empresa transnacional, se aparecen en un país y le dice a las autoridades: quiero que me des una concesión para producir (explotar) tal cosa que está en el subsuelo, se empieza a negociar entre el rentista propietario del recurso (soberano e independiente, pero ignorante del potencial del mismo) y el explotador productor (que es el que sabe producir el recurso y sabe para que sirve). La negociación es desigual y no es posible que sea de otra forma.

Ahora que los consumidores de petróleo le están dando tantas vueltas a la cabeza para reducir su dependencia del combustible, ahora que se habla de hidrógeno, de etanol y de tantas otras cosas que los pueden ayudar, deberíamos reflexionar sobre nuestra dependencia de la renta petrolera. Hay que tener conciencia de que somos dueños soberanos del recurso, pero de la renta no, la renta siempre está en cabeza ajena.

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