Economía

La «unificación» de las tarifas eléctricas

En estos tiempos de nacionalizaciones redivivas en servicios públicos, tales cambios institucionales plantean la oportunidad de remendar algunos entuertos todavía existentes en dichos servicios. Aparentemente sería más fácil ahora con un solo dueño de las múltiples empresas de servicios en el sector.

En el caso eléctrico, por ejemplo, donde el servicio nació en las principales ciudades por iniciativa de algunas empresas privadas y luego de otras públicas, los mayores conglomerados del país fueron abastecidos por compañías individuales con parámetros técnicos muchas veces disímiles, y gerenciados por normas administrativas de acuerdo a los países originarios de los accionistas, Estados Unidos, Canadá, Holanda, Venezuela.

Hoy en día se mantienen muchas de estas normas, y los estilos administrativos derivados son diferentes. Tenemos así, como resultado, empresas eléctricas con 100 suscritores servidos por trabajador, mayor burocracia, hasta 300 suscritores por trabajador, mayor eficiencia. Las tarifas igualmente son muy diferentes, las más caras en los pueblos del interior.

Recordemos que la tarifa sola no dice nada, la evaluación apropiada es “tarifa + apagones”, en un solo concepto. Tarifa cara con cero apagones puede ser preferible a tarifa barata con muchos apagones. Pero lo peor es, como en muchos pueblos, donde hay tarifa cara más un bojote insoportable de apagones.

Entonces parece conveniente introducir una serie de reformas, Hay muchos temas, que habrá que estudiar, para no mencionar el caso único de Valencia, con servicio duplicado. Desde la parte de generación eléctrica, con las producciones hidrológicas y térmicas para buscar la mayor eficiencia, porque ahora no se trata de empresas (o sea intereses) separados. Habrá economías por ejemplo en la cantidad de reservas (unidades de emergencia) para garantizar la seguridad de las regiones. Igualmente en la operación de las plantas regirá la economía global, no las economías de las empresas individuales, que serían menores.

Está especialmente el caso del precio de los combustibles, porque el sabio uso del agua de los ríos depende del precio de los combustibles que obligaría (por ejemplo) a usarlos hoy en lugar de ahorrarlos para mañana. Si el precio del gas es irreal por es muy mísero, podría ser que se use mal el agua, que se desperdicie hoy frente a su valor verdadero. Y el gas es muy barato porque el diesel y la gasolina se regalan, cosas del mercurio. Todo esto hay que repensarlo, que analizarlo a profundidad con la nueva situación institucional.

Igualmente en la distribución, está el problema de las tarifas y las interrupciones. El costo de un apagón es diez veces más grande que la factura afectada, que el pago dejado. En este sentido existe una gran desigualdad entre los sistemas servidos del territorio nacional. Y en algunos países, cuando han nacionalizado el servicio eléctrico, se ha planteado (recordamos el caso de Italia en los sesenta) la “unificación tarifaria” – como una justa reivindicación social. Nuevamente, no hay que unificar solamente las tarifas, sino la “satisfacción” eléctrica (costo de la tarifa + costo de la interrupción).

Después está el uso de la electricidad, o de los servicios públicos, como mecanismo para aliviar la pobreza del campo, y también la urbana, lo que está de moda en estos tiempos. Esta es una cuestión que debe evaluarse para evitar despilfarros indebidos.

Parece aceptarse que la oferta individual y anticipada de servicios, teléfonos, agua, luz, transporte (especialmente ferrocarriles), por si sola, no garantiza el camino a la recuperación económica o social del medio rural. Es necesario un esfuerzo conjunto, asociado además a la explotación de los recursos naturales disponibles, para obtener la recuperación económica, que es la antesala del desarrollo social y político.

Finalmente está el cálculo de la propia tarifa eléctrica, o de servicio público en general. En este aspecto actualmente en el país se advierten dos escuelas. Una, la tradicional, de vender al costo promedio en cada zona, o al costo nacional medio, o al costo marginal ocasionalmente. Otra, vender independiente del costo, vale decir de la rentabilidad, porque el costo normalmente incluye una renta para la reposición del capital

En esta escuela, aparentemente medio marxista, se evita el uso de la palabra ganancia y se sustituye por “excedente”.Cuando no se vende al costo regional, y se unifica, en algunas zonas ocurren sobreprecios y en otras subsidios – de modo de se podría incitar al consumidor en gastos totalmente irracionales para la economía. Como consumir más lo más costoso y menos lo más barato y abundante. Cuestiones para reflexionar..

Momento de construir, hay un tiempo para cada cosa…

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