Economía

Los Papeles de Panamá: Cuándo las cuentas son legales, ilegales o impropias, por Blanca Vera Azaf

La campaña de intriga que se generó en la víspera de la publicación de lo que se vendió como la “mayor investigación periodística de la historia” alertó a la audiencia interesada en este tipo de escándalos. Se esperaban ansiosamente los detalles que revelarían la ruta del dinero mal habido, escondido y engordado por funcionarios públicos, políticos, artistas, miembros de la realeza y hasta narcotraficantes.

Se han publicado desde entonces cientos de artículos alrededor del mundo en lo que es la mayor cartelización de medios de comunicación que -al menos yo- haya visto.  Pero seamos honestos, no se trata de la mayor investigación periodística de la historia. Tildarla de esa manera es echar por tierra el trabajo de audaces, valientes y talentosos periodistas que han puesto incluso su vida en riesgo para dar a conocer al mundo escándalos de la talla de Watergate, el cual condujo a la renuncia del presidente Nixon en Estados Unidos. Bob Woodward y Carl Bernstein que para los que hemos estudiado periodismo siempre han sido referentes.

No puedo dejar de nombrar a los perseverantes reporteros del Boston Globe, cuya investigación se ha hecho famosa luego de que la película Spotlight ganara el Oscar este año. Sacha Pfeiffer, Michael Rezendes, Walter Robinson y Matt Carroll se enfrentaron a uno de los mayores poderes de la Tierra como lo es la Iglesia Católica y demostraron a través de sus reportajes los terribles casos de pederastia que por décadas se produjeron bajo la mirada indolente de esa institución.

Injusto sería de mi parte no hacer alusión a la gran investigación que por años condujo el periodista británico Andrew Jenning, quien le siguió la pista al presidente de la FIFA, el intocable Joseph Blatter y el resto de los funcionarios, lo que ha sido uno de los mayores escándalos de corrupción de la última década.

De allí que crear sobre expectativas puede traducirse más bien en un efecto decepcionante. Mucho más si se toma en cuenta que Los Papeles de Panamá tienen su origen en una filtración y no en una investigación periodística como tal. Usted podría pensar que precisamente Watergate también se originó en una filtración o información off the record, pero la diferencia está en que tanto Bernstein como Woodward partieron de allí para tratar de conseguir pruebas contundentes y testimonios lo suficientemente sólidos para que hubiere un caso jurídico que demostrara el tráfico de influencia, la extorsión y los sobornos.

Solo estos tres ejemplos son muestra de la gran repercusión mundial que ha tenido el buen periodismo para desenmascarar a los grandes poderes y -con prueba en mano- alzar la voz ante la injusticia y la corrupción.

¿Por qué afirmo esto? Porque hasta ahora las filtraciones de los Papeles de Panamá nos dejan más dudas que certezas. Aquí es donde el periodismo debe ser responsable y no quedarse con lo aparente porque puede correr el riesgo de grandes equivocaciones, crucifixiones morales y lo que es peor no encontrar evidencias suficientes para que haya elementos suficientemente irrefutables a fin de juzgar a los culpables cuando los hay.

Los reporteros que estamos acostumbrados a recibir información off the record y verificarla al menos con tres fuentes pudiéramos preguntarnos qué interés perseguía la persona o personas que filtraron los Papeles de Panamá sabiendo –además- que estaban cometiendo un delito de hurto. Sería importante que se conociera cuál fue el criterio utilizado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) para revelar algunos nombres y otros no. Esto ayudaría a despejar ciertas dudas.

Pero además, la gran confusión que se ha creado con las revelaciones de los nombres de los cuentahabientes de los Papeles de Panamá ha llegado al punto en que la opinión pública ha satanizado el término offshore y cree que tener una cuenta bancaria o registrar una compañía en un paraíso fiscal es un delito. No lo es y no se debe confundir a la audiencia.

Como anécdota debo comentar que un gran amigo al que considero uno de los mejores analistas financieros del país me comentó que cuando las personas le comentaban su horror por las revelaciones de los Papeles en Panamá él les interrogaba: ¿Tu tienes alguna cuenta bancaria fuera de Venezuela? Cuando les respondían afirmativamente él les preguntaba: ¿Y tu la declaras al Seniat?

Si un ciudadano estadounidense abre una cuenta en otro país, la institución financiera está obligada por ley a suministrar los datos de ese cliente, quien además debe pagar impuestos por esa cuenta foránea en su nación de origen. Si la empresa financiera se negara a suministrar esa información sencillamente quedaría bloqueada y sus transacciones no podrían fluir por el sistema financiero en Estados Unidos.

Sin embargo, esa legislación no existe en la mayoría de las naciones y de allí que la evasión de impuestos por fondos depositados en el exterior en países como Venezuela es inmensa. Vamos a estar claros: a nadie le gusta pagar impuestos. Si no lo cree, pregúntele a los viajeros si están contentos con el tributo de 40 dólares que el gobierno pretenden que paguen en el aeropuerto de Maiquetía cuando compren sus boletos aéreos en divisas estadounidenses.

En derecho tributario hay dos términos que suelen confundirse y que es necesario aclarar. La evasión de impuestos es un ilícito que tiene consecuencias jurídicas porque se está transgrediendo la ley tributaria al ocultar bienes e ingresos con el objetivo de pagar menos impuestos.  En contraste, la elusión fiscal persigue evitar o minimizar el pago de impuestos de manera absolutamente legal.

Existen dos razones por las cuales una persona decide tener una cuenta o abrir una empresa Offshore. La primera es para pagar menos impuestos y así eludir el pago de altos tributos en su lugar de residencia. Eso en líneas generales no tiene nada de extraño. Si usted le pregunta a un abogado tributario qué es lo que persiguen sus grandes clientes le responderá que el servicio de consultoría incluye maximizar las ganancias de los inversionistas. Parte de esa responsabilidad incluye minimizar el pago de impuestos. El problema es la segunda razón, la cual consiste en esconder los fondos.

Revelar los nombres de los accionistas de empresas offshore o de personas con cuentas en los paraísos fiscales no aporta nada per se a menos que se logren obtener las pruebas que indiquen que el origen de ese dinero no es lícito, es mal habido.

Claro está que las sospechas pueden estar; tal es el caso previamente conocido de la ex enfermera del fallecido presidente Hugo Chávez y ex Tesorera de la nación, Claudia Díaz Guillén, y de su esposo, Adrián Velázquez, quienes tendrían cuentas multimillonarias manejadas por el escritorio Mossack Fonseca. La pregunta es: ¿De dónde salió tanto dinero?

Algo similar sucede con Víctor Cruz Weffer, quien protagonizó el primer gran caso de corrupción por desvío de recursos del Plan Bolívar 2000, y a quien la propia Fiscalía de la República le abrió una investigación. Su nombre aparece en la lista de filtraciones y seríamos muy inocentes para no sospechar que ese dinero no es suyo sino de la nación. Pero no basta la sospecha y el enjuiciamiento moral, hacen falta las pruebas de las transacciones y de los pagos que fluyen por el sistema financiero internacional para poder procesar legalmente ese caso.

Es obvio que resulta llamativo cuando uno se entera que el grupo Yammine encargado del negocio de los vehículos Chery crearon en Hong Kong, y otras jurisdicciones, empresas que manejaban los dólares preferenciales que recibían del gobierno venezolano. ¿Por qué no la crearon en Venezuela? La respuesta puede estar en la evasión fiscal hacia Venezuela pero también en el ocultamiento de fondos. Esos detalles son los que deben ser encontrados.

Hay otros ejemplos como el del presidente de Argentina Mauricio Macri, quien reconoció poseer empresas en paraísos fiscales para conseguir beneficios tributarios. La pregunta es: ¿Hizo algo ilegal? La respuesta es: No. ¿Hizo algo impropio? La respuesta es: Sí. Un político de la talla de Macri no podía darse el lujo de eludir impuestos, es un mal ejemplo y está mal visto socialmente. Es exactamente lo mismo que sucede con personalidades como Almodóvar, la hermana del Rey Emérito Juan Carlos de España o del propio Lionel Messi que funge como ejemplo a la juventud.

Es precisamente ésta la falla que a mi juicio se ha presentado con la revelación de los Papeles de Panamá. Todos los casos –salvo contadas excepciones- están bajo sospecha de ilegalidad y son tratados de manera ligera sin ahondar en pruebas y detalles contundentes. Incluso se han dado a conocer informaciones como “tubazos” y en realidad no lo son; tal es el caso del manejo de los pasaportes venezolanos por cubanos que fue revelado hace más de tres años en un reportaje en el Diario El Nacional.

Los países europeos gritan y sus periódicos acusan pero no hacen nada para mejorar sus tratados de tributación global o para garantizar la sanidad del flujo de los fondos. De hecho, las operaciones de ingeniería financiera permitidas en el mundo Onshore son tan sofisticadas que gran parte de la boliburguesía las ha utilizo para esconder su riqueza mal habida. Y si, dije Onshore no Offshore.

Y como toda historia tiene diferentes ángulos, sería bueno detenerse a pensar en lo que Rubén Baldes señaló en su último artículo titulado: “Mossack-Fonseca Papers”. Puede estarse de acuerdo o no en lo que afirma Blades pero lo que es innegable es que en detrimento de Panamá puede haber algunos beneficiarios de este escándalo como los estados de Nevada, South Dakota, Wyoming y Delaware que también son paraísos fiscales. Por cierto, en ese mismo artículo Blades suelta que George Soros -al parecer- es uno de los mecenas del ICIJ, lo que obviamente lo hace dudar a uno con respecto a la existencia de posibles intereses ocultos con el escándalo.

Un favor al buen periodismo sería que a partir de ahora se fuese mucho más exhaustivo cuando se traten temas relacionados con escándalos financieros para que el final no se cree mucho ruido y pocas nueces. Es importante diferenciar entre lo legal, lo ilegal y lo impropio. Se tiene que tener verdadera idea de la magnitud de la investigación y sus consecuencias reales para que así este noble oficio no pierda credibilidad.

Por lo pronto, al menos desde Venezuela seguimos con las expectativas en alto con relación a lo nuevo que puedan traer Los Papeles de Panamá.

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