Economía

Nacionalización y expansión de Pdvsa, en la OPEP

Muchos se preguntan por qué razón bajo las mismas reglas, compromisos y cuotas de la OPEP, desde su creación a hoy, Arabia Saudita cuadruplicó su participación en el mercado a costa de Venezuela, mientras ésta la redujo a la cuarta parte. La respuesta técnica (más certera que el “por pendejos” de nuestro humor darviniano) nos la da la Nueva Economía Institucional (Douglass North), que apela al sistema de incentivos que mueve a una sociedad. Ello significa descubrir en la fuente cómo se manejan los grifos de sus energías creadoras. Si el sistema incentiva la desinversión y la fuga del ahorro, ello sucederá por encima de cualquier empeño voluntarista.

Los incentivos sauditas

El carácter hereditario de la monarquía saudita impone una perspectiva de largo plazo que marca la estrategia de su manejo petrolero. Los incentivos se orientan hacia el crecimiento de la producción y la ampliación del mercado, lo que conlleva cuantiosa inversión. Su secreta estrategia consiste en mantener “por si las moscas”un margen de capacidad cerrada (hoy 3.5 millones de barriles diarios) que abrirá ante cualquier evento que reste producción a otro miembro de la OPEP, apropiándose sin más de la cuota ajena una vez superada la crisis.

Por ejemplo, de concretarse la amenaza de Irak de suspender su producción de 2.5 mbd, ésta sería “heroicamente” cubierta por Arabia Saudita previa oferta simbólica a sus socios, sabiendo que para su fortuna, Venezuela está castrada porque sus pasados gobiernos -puntofijismo y chavismo – se oponían dogmáticamente al aumento de la producción.

Pdvsa, conciencia de la Nación

Efectivamente, la naturaleza de la democracia venezolana, inmadura y cortoplacista, le impide emular la estrategia saudita porque los incentivos de nuestros políticos se orientan a la satisfacción de necesidades inmediatas, siendo que la inversión petrolera rinde sus frutos en el largo plazo. Más difícil aun será invertir en capacidad cerrada cuando la cuota OPEP impide su explotación. De allí el énfasis chavista en los precios, ilusión de viveza criolla que se desbarata al multiplicarlos por la menguada producción. Cerrar pozos resulta así un crimen sin móvil pero con nefastas consecuencias en la economía.

El milagro de que Pdvsa haya logrado coexistir con un sistema de incentivos adverso a la inversión, proviene de su filosofía corporativa original, preservada religiosamente hasta hoy. Consciente de su misión, Pdvsa se erigió en contrapeso de la visión cortoplacista, librando una tenaz labor de convencimiento – no siempre efectiva – a los políticos sobre la necesidad de invertir para mantener e incrementar la producción.

Nuestro planteamiento de inscribir a Pdvsa o sus filiales en la Bolsa en pro del accionariado popular se orienta en la misma dirección, creando dolientes capaces de armonizar el interés político con el corporativo.

Cachicamo trabaja pa’lapa

Enemigo de la producción como concepto supuestamente antagónico del precio, el chavismo frustró los planes de inversión de Pdvsa previamente aprobados, que llevarían la producción a 6.5 mbd, y bajarían los costos indirectos prácticamente a la mitad.

Esta nefasta idea, que parecía sembrada por nuestros competidores, ha creado infinitamente más pobreza en nuestro país que todos los negociados, robos y rapacerías de nuestros políticos, sin que nuestra inteligencia – refractaria a las precisiones econométricas – tomara cuenta de ello.

La prueba es simple: desde la creación de la OPEP, Arabia Saudita incrementó su producción en unos 5.8 mbd mientras la nuestra es hoy la misma de 40 años atrás. De haberse compartido el aumento en forma proporcional a la producción original de cada quién, estaríamos produciendo hoy unos 6 mbd sin variar la producción total de la OPEP, o sea a los mismos precios de hoy. Ello significaría un aumento del 140% sobre nuestro actual ingreso petrolero, mas su enorme efecto multiplicador en el resto de la economía, en el empleo y en la prosperidad nacional.

O sea que de haber los políticos manejado inteligentemente la estrategia petrolera dando prioridad a la producción, según la lógica de Pdvsa, habríamos acabado con la pobreza en nuestro país.

Se requieren cuantiosas inversiones, para lo cual no es necesario distraer fondos de programas sociales, pues contamos con el inmenso ahorro nacional fugado, cuyo regreso debemos incentivar. Llega la hora de la nacionalización de nuestra industria petrolera estatal.

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