Economía

Neoliberalismo y otros “…ismos” en el Siglo XXI

I
Neoliberalismo y otros “…ismos”

¿ Qué es el neoliberalismo? ¿ En qué consiste la tan vilipendiada versión del “neoliberalismo salvaje”? ¿Qué es la Tercera Vía en sus versiones emergentes: el nuevo centro y el neoprogresismo? El eje de la discusión política en Latinoamérica es en esencia el debate “pro” y “anti” neoliberal. Sin embargo, poco ha sido el esfuerzo para definir las visiones políticas alternativas y para dilucidar como estas se diferencian del neoliberalismo. La falta de definiciones claras nos ha conducido a un debate improductivo y a la creación de antagonismos de rebeldes sin causa. Intentaré presentar definiciones que nos permitan distinguir con algo más de claridad las posiciones políticas en este nacer del siglo XXI.

En un (%=Link(«/va/economia/opinion/6047871.asp»,»artículo anterior»)%) dedicado a este tema planteé que en esta nueva era debemos dejar a un lado el uso de la dicotomía del “mercado vs. estado” como referencia para diferenciar los “…ismos”. A cambio propuse una perspectiva más acorde con los cambios de nuestros tiempos: La perspectiva que se origina del análisis de la justicia distributiva que caracteriza a un sistema político-económico. Permítanme explicarme. En el ámbito de las ideas, principios filosóficos diferencian una visión política de otra. En la practica, estos principios filosóficos deben ser traducidos a estructuras institucionales las cuales le dan carácter particular a los diferentes tipos de sistemas político-económicos (economías políticas). Esas estructuras, a su vez, deben dar respuesta a un reto común en todas las sociedades: deben definir como distribuir la toma de decisiones, los riesgos y los beneficios típicamente asociados a las interacciones humanas; en otras palabras, deben definir los principios de la justicia distributiva que rige el intercambio social. Así, diferentes tipos de mercados definen diferentes formas de distribuir, al igual que cada estado maneja criterios diferentes en uno de sus principales roles: la distribución. La sumatoria de los criterios privados y públicos en cuanto a cómo se reparten las decisiones, los riesgos y los beneficios en las interacciones humanas de una sociedad definen diferentes economías políticas.

Desde esta perspectiva, ¿Cómo podemos diferenciar, por ejemplo, un sistema neoliberal de un sistema neoprogresista ? Advierto al amigo lector lo difícil e intrincado del terreno que se avecina al intentar dar respuesta a esta pregunta. Permítanme usar una analogía que de antemano advierto es una simplificación tosca, muy pobre, de un problema harto complejo. La analogía a la cual me refiero consiste en comparar un sistema político con el sistema de la evaluación y recompensa en un salón de clases. Imaginémonos, inicialmente, dos grupos de estudiantes. Los dos grupos de estudiantes deben presentar los mismos exámenes pero son evaluados en forma diferente. El primer grupo es evaluado tomando en consideración exclusivamente la solución final a los problemas que cada estudiante escribió en su examen. Si el resultado que el estudiante presento en la hoja de respuestas es exactamente igual al resultado correcto, obtiene todos los puntos que vale el problema, sino es así, no obtiene punto alguno. Es una evaluación de acuerdo al valor final presentado. Es una evaluación “por resultado”.

El segundo grupo es evaluado de la siguiente manera: sencillamente por asistir y firmar el examen reciben la máxima puntuación, 20 puntos. Es una evaluación donde se asume que la persona es responsable o donde el profesor sabe que todos están trabajando al máximo y por lo tanto, han aprendido. Es una “evaluación”, si se puede llamar así, “por asistencia”. Imaginemos ahora un tercer grupo, que usa un sistema de evaluación mixto, es decir, evalúa “por resultados”, y por firmar le dan a cada estudiante una nota mínima pre-establecida, digamos 12 o 18 , así uno deje vacía todas las repuestas del examen. Es un sistema de evaluación “compensatorio”, en el sentido que los puntos que se dan por asistir “compensan” por cualquier error imprevisto en el desarrollo del examen.

Cada uno de los anteriores sistemas de evaluación representa un tipo de justicia distributiva. Recordemos que hoy en día es el tipo de justicia distributiva la que diferencia un sistema político-económico de otro. Reconociendo que la analogía que presento es una muy imperfecta simplificación de la compleja realidad de una economía política, desde esta perspectiva, el modelo de evaluación “por resultados” representa al sistema neoliberal. Aquellos que promueven las bondades del mercado, generalmente creen, por cierto con razón, en las bondades de una justicia distributiva equivalente a la evaluación por resultados. Los neoliberalistas creen en las bondades de un sistema de evaluación e incentivos donde la recompensa sólo se justifica por el valor final de una acción o esfuerzo. En consecuencia, la distribución del poder, los riesgos y los beneficios debe obedecer a este principio. Esta es la justicia distributiva que caracteriza a un sistema neoliberal. Esto es el neoliberalismo.

En las subsecuentes líneas que completan este artículo (parte II) argumentaré que el segundo sistema de evaluación “por asistencia” presentado previamente, representa muy injustamente al modelo socialista y el tercer grupo de estudiantes, el que es evaluado con el sistema mixto “compensatorio” representa al Nuevo Centro que conforma una de las vertientes de la tan nombrada Tercera Vía. Luego (parte III), argumentare la existencia de otra vertiente de la Tercera Vía: el neoprogresismo.

II
Neoliberalismo Salvaje, Socialismo y Tercera Vía:
El Surgimiento del “Nuevo Centro”

En líneas anteriores (parte I de este artículo) definí, desde la perspectiva de la justicia distributiva, la abusada y poco entendida expresión “neoliberalismo”. Para ello use una analogía donde comparaba las visiones políticas con el sistema de evaluación y recompensa en un salón de clases. Tal analogía fue definida así: Imaginémonos inicialmente dos grupos de estudiantes. El primer grupo es evaluado verificando si es correcto o no la solución final que los estudiantes presentan en la hoja de respuestas del examen. Esta es una evaluación “por resultados”. El segundo grupo es evaluado de la siguiente manera: sencillamente por asistir y firmar el examen, por “ser” estudiantes, reciben la máxima puntuación, 20 puntos. Es una evaluación donde se asume que la persona es responsable o donde el profesor sabe que todos están trabajando al máximo y han aprendido. Es una “evaluación”, si se puede llamar así, “por asistencia”. Imaginemos un tercer grupo, que usa un sistema de evaluación mixto, es decir, es evaluado “por resultados”, y a la vez “por asistencia”, es decir, por firmar el examen le dan al estudiante una nota mínima (pudiera ser 10 o 18, el valor puede variar). Es un sistema de evaluación “compensatorio”, en el sentido de que los puntos que se dan por asistir al examen “compensan” por cualquier error imprevisto. Si te equivocas en todos los problemas, igual recibes los puntos compensatorios, si tienes todos los problemas buenos, tendrás mas puntos que los demás. En líneas anteriores (parte I de este artículo), explique que el primer grupo es una representación del sistema neoliberal. Continuo con la explicación de los otros modelos.

El segundo modelo representa una simplificación muy imperfecta del socialismo ya que mi analogía no permite ahondar en las bondades de un sistema que cree en la innata necesidad del hombre por superarse. Un sistema donde más que una recompensa otros incentivos, como el trabajo de grupo o la solidaridad con la comunidad, pueden jugar un rol importante en el esfuerzo y la iniciativa humana. Recordemos que hay maestras y profesoras, que no creen en la evaluación y que apelan a un trabajo cercano con el estudiante para lograr sacar el mayor provecho de la experiencia educativa. Tener éxito en un sistema socialista es posible también.

El tercer modelo es el Nuevo Centro, lo que los laboristas ingleses reclaman como la autentica y única Tercera Vía. Esta social democracia renovada no es otra cosa que un “neoliberalismo compensatorio”. En este modelo, la justicia distributiva es en esencia la misma que la neoliberal, tu nota depende de si obtienes o no las soluciones correctas del examen. Es una justicia donde puede variar el nivel de compensación, pero neoliberal al final de todo. En este sentido, debemos reconocer, primero, que hoy por hoy el neoliberalismo salvaje poco existe. Gobiernos y organismos internacionales reconocen cada vez más la importancia de una política social compensatoria. En nuestra analogía, un neoliberalismo salvaje sería el caso en el cual el sistema de evaluación permitiera la posibilidad de sacar 00. No recuerdo que algún profesor me haya puesto un 00. Si recuerdo algunos 01 productos de aquellos exámenes para los cuales no tuve ni la decencia de abrir el libro pero si el descaro de presentarme a clases a sabiendas que mi poderosa firma me aseguraba por derecho un punto supremo. Así como en la evaluación académica, el país mas neoliberalistas de todos, digamos Estados Unidos, al menos ofrece unos 4 o 5 puntos a sus ciudadanos por “asistencia”. En general, salvo contadas excepciones, en el mundo occidental lo que existe es el neoliberalismo compensatorio. De hecho los más asiduos detractores del neoliberalismo en nuestro país, terminan siendo en un grado menor o mayor neoliberales. Basta observar las políticas de este gobierno, que si bien, intentan sustituir a un soberano por otro y quizás con legitimidad subir al pueblo al trono, el cambio de soberano no hace cambiar la naturaleza de la justicia impuesta y el reino no deja de ser un reino neoliberal.

Por cierto, hablar de Venezuela me trae a la mente, y para completar la complejidad del asunto que estudiamos, que hay diferentes formas de compensar. Siguiendo con nuestro ejemplo, imagínense que uno tuviera que identificarse en el examen además de por su nombre, por el rol que le toca a uno jugar en la sociedad: Pedro Pérez, empresario; Carlos Gómez, chofer de taxi; Ricardo Rodríguez; trabajador; José Martínez, militar, Beatriz Hernández, madre; etc. y que el profesor compensara con 15 a Jose, con 9 a Ricardo y sólo con 2 a Beatriz, Pedro y Carlos. Según los entendidos esta compensación por categorías, por roles, es muy común y un caso representativo es el caso del modelo alemán, llamado conservador o corporatista. En este sentido debemos tomar en cuenta que la compensación puede ser (1) Universal ( todos tienen derecho a recibirla en igualdad de condiciones) o (2) Conservadora (sólo ciertas personas la reciben y posiblemente en desiguales decondiciones).

Qué tanto compensa o deja de compensar un sistema político o cómo lo hace es la única variación entre aquellos que se llaman neoliberalistas y aquellos que ahora reclaman el monopolio de la Tercera Vía. Como argumente previamente, una mayor o menor compensación no es una diferencia sustancial ya que en esencia la justicia distributiva es igual. En la mayoría de los debates políticos de hoy esto pasa inadvertido. Más pasa inadvertido aún la presencia de una emergente alternativa, el neoprogresismo, que en la tercera y última parte de este artículo detallaré.

y III
Tercera Vía y Neoprogresismo

En previas líneas (parte I y II de este artículo) presenté una definición de neoliberalismo y socialismo. Igualmente inicié la discusión sobre la Tercera Vía al presentar un análisis de una de sus vertientes: el Nuevo Centro. El argumento que presento a continuación completa el análisis del difuso concepto de la Tercera Vía al presentar una propuesta emergente: el neoprogresismo. El lector recordara que en líneas anteriores he venido usando una analogía para facilitar la explicación. Paso a resumir esa analogía para los lectores que se incorporan a la discusión en este punto. La analogía a la cual me refiero es a la comparación del sistema político con el sistema de la evaluación y recompensa en un salón de clases. Imaginémonos inicialmente dos grupos de estudiantes. El primer grupo es evaluado de la siguiente manera: Si el resultado que el estudiante escribió en la hoja de respuestas es exactamente igual al resultado correcto obtiene todos los puntos que vale el problema, sino es así, no obtiene ningún punto. Es una evaluación “por resultado”. El segundo grupo es evaluado de la siguiente manera: sencillamente por firmar el examen, el estudiante recibe la máxima puntuación, 20 puntos. Es una “evaluación”, si se puede llamar así, por asistencia. Imaginemos un tercer grupo, que usa un sistema de evaluación mixto, es decir, evalúa “por resultados”, y por firmar el estudiante gana una nota mínima que puede variar, digamos 10 o 15 puntos. Este es un sistema de evaluación “compensatoria”. Propuse previamente al primero y segundo grupo de estudiantes como análogos a un sistema político neoliberal y a uno socialista respectivamente. El tercer grupo corresponde a la corriente de pensamiento “Nuevo Centrista” de la Tercera Vía. A mi entender, hay una segunda corriente de pensamiento dentro de la emergente Tercera Vía que pienso que algunos lectores concluirán, luego de la explicación que presento a continuación, que realmente representa un sistema alternativo.

Siguiendo el tono de nuestra analogía, existe otra forma de evaluar y recompensar a un cuarto grupo de estudiantes. Una filosofía alternativa en este sentido sería corregir los exámenes “por procedimiento”, en vez de “por resultados”. La idea al evaluar de esta manera es la siguiente: si la respuesta del estudiante es incorrecta, igualmente recibirá parte o gran parte de los puntos de acuerdo a que tanto su respuesta muestra que ha aprendido el “procedimiento” para resolver el problema. Al corregir “por procedimiento” además de que se verifica que se ha aprendido, se recompensa con ello el esfuerzo y compromiso del estudiante. Justamente debemos recordar que la Tercera Vía se define por la importancia que reciben valores como la unión, la inclusión y la responsabilidad en esta filosofía política. Este modelo de evaluación y recompensa “por procedimientos”, representa aquella corriente de pensamiento dentro de la Tercera Vía que cree en una justicia distributiva que considera el compromiso del ciudadano como un factor importante en los criterios distributivos. Un modelo consecuente con tal principio distributivo lo llamare neoprogresismo, para diferenciarlo de la tercera vía del laborismo ingles. Obsérvese que corregir por procedimiento, no es lo mismo que compensar, ya que la persona recibe una nota acorde a su esfuerzo que nada tiene que ver con un derecho a compensación adquirido por asistir al examen o por su rol en la jerarquía social. En este sentido el neoprogresismo no representa una estrategia mixta, un termino medio, entre neoliberalismo y socialismo. El neoprogresismo es una especie diferente. Claro, al igual que con el neoliberalismo, pueden existir variedades de neoprogresismos en la medida que un sistema de esta naturaleza distributiva decida compensar en mayor o menor grado.

La justicia neoprogresista es más común de lo que la imaginamos en la vida real. Esta forma de evaluar es la que aplican las empresas a sus empleados, al menos en niveles altos. Igualmente, existe en el mercado, cuando la información de las etiquetas de un producto no solo incluye lo que es sino como fue hecho y decidimos sobre la base de esa información; existe igualmente en el intercambio entre la pequeña y la gran empresa cuando se usan los criterios de compra propios de una filosofía gerencial japonesa y no solo el precio como forma de seleccionar un proveedor. Igualmente existe cuando el estado distribuye el poder, el riesgo y los ingresos que le corresponde administrar de acuerdo al riesgo relativo que cada ciudadano toma como parte de su compromiso con la sociedad (por ejemplo, al ahorrar a largo plazo, o al invertir en la educación de los hijos o en una empresa.

Como dije al principio, esta analogía es una muy pobre simplificación de la complejidad que representa definir filosofías políticas, sistemas político-económicos. Lo que he presentado es una simplificación grotesca, muy básica, de conceptos cuya complejidad desborda las líneas de este corto artículo. Desde el simple hecho que en la realidad el número de puntos que se pueden dar es finito hasta las implicaciones éticas y filosóficas que el tema tiene, poco hemos abarcado en estas cortas líneas. La discusión es mucho más compleja cuando consideramos que, por ejemplo, los puntos que podemos dar por compensación, son finitos y escasos, como son en la realidad (de todas maneras es valido suponer que cualquiera el nivel todos los estados redistribuyen y lo importante es distinguir que tipo de justicia se aplica). A pesar de sus imperfecciones este articulo es un esfuerzo y una invitación al dialogo.

Espero que tan simplista explicación nos sirva en la decisión que pronto deberemos tomar. La pregunta que debemos hacer a nuestros futuros líderes es: ¿Cómo vamos a ser evaluados y recompensados? En otras palabras: ¿Qué justicia distributiva define su pensamiento político, económico y social? Luego, deberíamos meditar de acuerdo a sus respuestas y en función a la analogía entre el sistema político y el salón de clases: ¿Qué grupo de estudiantes entre los cuatro modelos presentados pensamos que van a estudiar más? ¿Aquellos cuyos exámenes son evaluados “por asistencia”, “por resultado” o “por procedimiento”? ¿Qué grupo podrá graduar exitosamente un mayor numero de estudiantes? ¿Qué nos conviene como individuos? Más aún, ¿Qué nos conviene como sociedad?
Lo importante en este momento histórico de nuestro país es poder distinguir la posición de las diferentes opciones electorales. La pregunta es entonces bajo que principios de justicia distributiva se van a repartir la toma de decisiones, los riesgos y los beneficios en Venezuela después de las elecciones. La respuesta a esta pregunta nos permitirá saber, mas allá del improductivo discurso “pro” o “anti” neoliberal, la verdadera posición política de nuestros futuros dirigentes. Ojalá que los candidatos se alejen de la campaña electoral insulsa y un debate televisado nos permita contrastar antes de ir a votar, la justicia distributiva en la que cada candidato cree (en su defecto un debate entre personas conocedoras del tema seria una contribución a nuestra madurez política). Lo importante es que ahora sabemos que lo primero es la justicia a la hora de identificar un sistema político-económico. Y además de que sabemos que lo primero debe ser la justicia, ahora también sabemos que no todo el que esté contra el MVR es neoliberal y que puede haber gente que cree en el neoprogresismo. Igualmente ahora sabemos que a pesar del discurso anti-neoliberal, no sería extraño que las políticas del MVR terminen siendo, si ya no lo son, políticas neoliberales, quizás no tan salvajes, pero neoliberales al fin y al cabo.

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