Economía

Nuevos despidos petroleros

Entre las noticias que hemos leído recientemente a raíz de la formación de las empresas mixtas entre PDVSA y la mayoría de las compañías privadas que hasta hace poco funcionaban bajo el esquema de los convenios operativos, llamaron mi atención aquellas referidas a los despidos de que serán, o están siendo, víctimas los gerentes y técnicos que fueron expulsados de PDVSA en 2003, y que ulteriormente fueron contratados por esas corporaciones privadas.

Aparte de la saña implícita en medidas de este tipo, donde lo que se busca es seguir acosando sin contemplaciones a un grupo de compatriotas que ya han sido víctimas de despojos y violaciones, en la mayoría de los casos por razones puramente ideológicas o sectarias, preocupa la ligereza con que se estarían tomando ahora estas decisiones.

Era obvio que el despido de más de 18.000 gerentes y técnicos que representaban toda una historia de formación, mística y excelencia en nuestra industria bandera iba a tener efectos muy negativos, como en realidad sucedió. Para sustentar lo que digo, basta decir que el volumen de crudos que hoy produce PDVSA por iniciativa propia equivale a tan sólo un 60% de lo que producía a mediados de los años 90, cuando se inició la apertura petrolera, y de no ser por los crecientes aportes que han hecho durante los últimos años la corporaciones privadas que han participado en los convenios operativos o en las asociaciones estratégicas en la faja del Orinoco, el volumen de crudos que hoy estaríamos produciendo sería muy inferior a los 2 millones de barriles diarios.

Se ha anunciado un plan para incrementar la producción a cerca de 6 millones de barriles diarios en tan sólo 7 años. Lograr esa meta no sólo implicará la realización de cuantiosísimas inversiones que sobrepasan la capacidad financiera de PDVSA, sino también contar con múltiples recursos que en buena medida hay que formar.

El incumplimiento de contratos acordados con socios estratégicos, los cambios en las reglas de juego y la incertidumbre jurídica que impera en el país, así como la obstinada actitud de excluir del manejo de la industria al valioso recurso humano que se formó a lo largo de tantos años, hacen dudar de la viabilidad de aquellos ambiciosos objetivos. Mientras se pretenda manejar una industria tan técnica y compleja con criterios políticos, o revolucionarios, si se quiere, magros serán los resultados que de ella se obtengan.

Escrito el 9 de abril de 2006 y publicado en El Universal el 15 de abril de 2006.

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