Economía

Para lograr tecnología exitosa: eliminar subsidios

Muchos países sienten envidia por el Valle Silicón, en California, el centro mundial de la industria de tecnología de punta en computación y la Internet. Otras naciones han decidido subsidiar el crecimiento de sus propios centros tecnológicos. Sin embargo, luego de observar -con el Hoover Institution de la Universidad de Stanford- el Valle Silicón por años, estoy convencido que la dinámica de centros industriales exige un ambiente económico flexible, en lugar de una política industrial del gobierno.

El Valle Silicón comenzó en los años 50 con un modesto plan de Frederick Terman, el visionario decano de la Escuela de Ingeniería de Stanford, para crear un parque industrial en terrenos baldíos. Unas pocas empresas aceptaron la oferta, pero la zona lucía soñolienta y no me impresionó mucho cuando la conocí a principios de los años 60.

El crecimiento se disparó en los 70 con la invención de las computadoras personales de Apple y otros fabricantes y, luego, con la creación de la Internet y de la inmensa demanda por software. El valle ahora emplea a más de un millón de personas, 40% con títulos universitarios y más de una tercera parte nacidos en el extranjero. Son atraídos por buenos empleos y acceso a las nuevas tecnologías.

El valle está repleto de nuevas empresas y otras que se han convertido en gigantes como Intel y Cisco. El año pasado se invirtieron más de 9 mil millones de dólares en el lanzamiento de nuevas empresas y otras 77 ofrecieron sus acciones en la bolsa, la mayoría de estas relacionadas a la Internet.

os profesores y graduados de los departamentos de ciencias e ingeniería de las dos universidades cercanas, Stanford y la Universidad de California en Berkeley, participan en la creación de empresas dinámicas. Aunque buenas universidades ayudan, no son suficiente. Otras regiones con buenas escuelas de ingeniería, como la Universidad de Illinois en Urbana, no atraen a tantas empresas tecnológicas.

Algo en el Valle Silicón atrae a la mano de obra más competente y también al capital de riesgo. Talentosos individuos son atraídos no sólo por generosas condiciones sino porque si fracasa la empresa donde trabajan, podrán conseguir rápidamente empleo en otra. Así como hay gran movilidad, el desempleo es bajísimo.

Las innovaciones se multiplicaron en el valle, entre otras cosas por el frecuente cambio de empleo de la gente. El gran economista británico de fines del siglo XIX, Alfred Marshall, reconoció que cuando industrias en ramos relacionados se establecen en la misma zona, “los misterios del comercio dejan de ser misterios”. Eso dificulta mantener secretos, pero las empresas obtienen rápido acceso a las innovaciones logradas por sus vecinos.

La flexibilidad laboral del valle comprueba que los países que quieran fomentar el desarrollo de centros de tecnología tienen que facilitar la contratación y el despido, en lugar de estar legislando pagos por cesantía y tope a las horas de trabajo. Las empresas tienen mayor incentivo de contratar empleados si pueden reducir la nómina cuando baja la demanda por sus productos y servicios.

Estados Unidos pone pocos obstáculos a la creación de nuevas empresas, a recabar capital de inversión y a ofrecer acciones en la bolsa. También permite que los empleados clave sean contratados ofreciéndoseles atractivas opciones de compra acciones, lo cual reduce el capital inicial requerido. Aunque algunos países han comenzado a reducir los trámites que dificultan la creación y financiamiento de nuevas empresas, la mayoría de las naciones está muy lejos de hacerlo.

La reducción de obstáculos artificiales a la creación de nuevas empresas es algo muy diferente a los grandes programas de subsidios iniciados recientemente por Alemania y demás naciones desesperadas por dinamizar sus economías. Los subsidios producen los “arranques seguros” que prefieren los burócratas y no las nuevas empresas que exige el mercado. La increíble espontaneidad que se respira en el Valle Silicón no puede ser jamás reproducida dentro de un invernadero burocrático.

El valle creció con poco apoyo gubernamental. Es más, los intentos de ayuda más bien hicieron daño. El acuerdo antidumping de semiconductores con Japón, de 1986, frenó la tendencia hacia el software y demás servicios de alto valor agregado. Y es poco probable que las políticas de fomento industrial de otros países sean mejores que las de este tipo diseñadas por Washington.

El sitio que escogen para establecerse las empresas de alta tecnología es parte suerte y parte casualidad. Pero la historia del Valle Silicón demuestra que mano de obra y fuentes de capital flexibles, pocos obstáculos oficiales y buenas universidades son de gran ayuda.

Premio Nobel 1992, profesor de economía de la Universidad de Chicago y académico del Hoover Institution.

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