Economía

Política económica errada

La mejor forma de combatir la supuesta “especulación”, el “desabastecimiento” y la inflación es con competencia y liberalización. Aunado a lo anterior, los controles, regulaciones y licencias crean incentivos para buscadores de rentas (corruptelas, peajes, “cuanto hay pa´ eso”, etc.).

La aseveración de representantes de la Asamblea Nacional de que el control de cambios resulta ser la mejor arma contra la inflación, constituye un argumento absurdo e insostenible.

Los controles de precios, sanciones e intervencionismos en mercados contestables y competitivos no constituyen sino señales de desincentivo para la producción y la competencia. En el caso de que existiera algún renglón de la cadena de producción-distribución-comercialización de algún bien que se caracterice por ser monopolio natural, otro gallo cantaría.

Sin embargo, se aduce que los controles de precios, de tarifas y el control de cambio deben ser férreos y generalizados. Así las cosas, se está destruyendo el parque productivo, mientras se represa una masa monetaria que encuentra escape en el consumo, presionando los precios al alza y desincentivando el ahorro por la presencia de tasas pasivas reales negativas (ni hablar de la perdida de competitividad relativa de la producción nacional).

El ahorro en Venezuela no constituye una promesa de consumo futuro. Salvo por la íntertemporalidad en la satisfacción de las necesidades humanas y a los rendimientos decrecientes en su consecución, el ahorrar se ha convertido en una promesa de detrimento de consumo futuro. La gestión fiscal confiscatoria, desplaza el crédito que debiera estar destinado al financiamiento de actividades privadas productivas, mientras distorsiona el nivel de tasas de interés (desincentivando el ahorro y a la solicitud de créditos o financiamiento, siendo esta última actividad una de las barreras de entrada más importante para mercado o sector alguno).

Los responsables son la voracidad fiscal, el gasto público corriente no productivo, el control de cambio (corral financiero) y el ataque sistemático a la actividad económica privada.

¿Solución?: Entre otras, primero, liberar mercados para que los motivos de ahorro y resguardo patrimonial no distorsionen a las actividades productivas y comerciales. Segundo, identificar y desmontar las barreras a la entrada, especialmente las jurídicas y regulatorias emanadas y responsabilidad del Ejecutivo Nacional y de la Asamblea Nacional. Tercero, promover a la actividad privada y a la creación de empresas, industrias y empleos que permitan recuperar el parque industrial y comercial, estrategia que coadyuvará a imprimirle competencia a los distintos sectores de la economía nacional. Esto último se traduce en reducción de precios, aparición de variedad de productos, generación de empleos sostenibles e inclusión social, generación de ingresos fiscales para un Estado que se ocupe de lo estrictamente eficiente: educación, salud, inversión en infraestructura, viviendas, etc.

Lo que no podemos seguir haciendo es actuar por medio de una estrategia de huida hacia adelante. Se está actuando de la siguiente manera: se genera inflación, se controla los precios, existe desabastecimiento, entonces perseguimos a las empresas y creamos nuevas trabas y regulaciones.

Se esta produciendo un nocivo proceso de inflación regulatoria por medio del cual se está creando una serie de trabas y cargas administrativas y regulatorias, las cuales lo que generan es desaparición de productos, de empresas y de empleo.

Si se cree que el generar nuevas empresas y fuentes de trabajo, incrementando el parque empresarial y presionando hacia una mayor competencia, se encuentra en contra del socialismo del siglo XXI, entonces Venezuela irá directo a la suerte de aquellos países en los cuales se tiene que realizar largas colas para conseguir bienes (países en los cuales de hecho no existe un gran número de bienes y servicios, llegando su población a prostituirse por un bien escaso ofrecido por un turista).

Tenemos que entender que no son estrictamente excluyentes objetivos de eficiencia económica y objetivos de equidad y redistribución.

Por el contrario, la desaparición del parque industrial y la concentración económica que está produciendo la política económica intervencionista en nada beneficia a los más pobres (desaparición de empleos productivos sostenibles y alza de precios).

Las contradicciones de las políticas públicas y económicas de la actual gestión de Gobierno y su admisión, al menos indirectamente por parte del mismo y del Legislador son manifiestas. El reconocer que tienen que dar salida a las divisas con una mayor velocidad, constituye un abierto reconocimiento por parte del Ejecutivo de que ellos son los únicos responsables de la explosión inflacionaria y de la situación de acaparamiento, y que deben rescatar, al menos, la posibilidad de quema de reservas como válvula de escape a la explosiva liquidez monetaria.

Primero, el control de cambio está generando tremendas trabas para que entren los bienes finales e intermedios que permitirán expandir la oferta y hacer contestables y competitivos los mercados. Y segundo, la represión monetaria, con acción retardada ha empezado a castigar a los venezolanos por el alza de precios.

Economista
Master en Economía Industrial
Especialización en Economía de las Telecomunicaciones
Especialización en Economía del Sector Energía
Especialización en Economía del Sector Transporte
Especialización en Economía del Sector Farmacia
Universidad Carlos III de Madrid

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