Economía

Por la familia y por el país…

Después de una intensa jornada hemos llegado al umbral de un nuevo año que emerge entre la incertidumbre y la ansiedad. El 2007 quedará grabado como el año de muchos desencuentros, pero también de definiciones importantes. En la recta final la mayoría ha determinado el rumbo a seguir por la República, y los espacios correspondientes para encauzar la convivencia social, con lecciones muy puntuales sobre las cuales es preciso reflexionar en profundidad, entendiendo que el país es uno solo, un territorio libre que requiere del impulso de todos.

Los venezolanos estamos acostumbrados en esta fecha a realizar balances sobre los logros obtenidos, lo que dejamos de hacer, o bien sobre lo que no pudimos alcanzar por razones coyunturales que personalmente no nos fue posible controlar. También el Estado debe sacar sus cuentas sobre el comportamiento de la economía, la situación de las finanzas, la programación social, como también evaluar sus errores con sus costos políticos y sociales.

Sin embargo, en este análisis, por encima de las faltas y omisiones, más allá de las confrontaciones políticas, deben prevalecer los propósitos personales y colectivos que contribuyan a dar estabilidad a la familia y al país bajo la premisa de que los 26 millones de personas que poblamos esta tierra generosa tienen todo el derecho a cifrar esperanzas y a labrarse el mejor destino, sin ningún tipo de exclusión. El escenario decembrino con la magia de la Navidad, nuestras tradiciones y la adoración al Creador, pleno de sentimientos que enaltecen la presencia de la familia y el calor del hogar, es propicio para unir voluntades y sembrar buenas semillas.

Venezuela merece un brillante porvenir. El desarrollo del potencial de un país está en directa relación con un esquema participativo que convoque a los ciudadanos en tareas productivas y a impulsar el progreso en sus diferentes órdenes, en igualdad de oportunidades. Sobre este objetivo que no se ha cumplido hay que trabajar en Venezuela uniendo y no segmentando a la sociedad; otorgando garantías para la seguridad de la vida y de los bienes particulares bajo el imperio de la justicia; mejorando los niveles del empleo, y entre otras muchas exigencias, construyendo servicios de calidad y opciones para todos, especialmente viviendas, la materia más aplazada, que no ha podido remontar la cuesta en los últimos nueve años y la que genera también los mayores costos políticos al gobierno.

Con posterioridad al referéndum del 2D el llamado a la reconciliación y la paz se ha transformado en un coro que recorre todos los rincones del país. En una sociedad tan dividida como la nuestra esta aspiración quizás luzca imposible, pero dependerá de la fuerza con la que se exija el cumplimiento de la Constitución Nacional y el respeto a los espacios conquistados; del vigor de los planteamientos, del proyecto-país incluyente que se implemente con las voces de las mayorías, y del esfuerzo colectivo capaz de abordar los cambios en democracia que los venezolanos esperamos, para legar a los jóvenes y a las próximas generaciones un mejor país.

Más que una tregua pasajera, más que simples intenciones, Venezuela necesita una oportunidad excepcional para responder a los grandes desafíos de hoy. No es debilitando el potencial productivo de las empresas, apropiándose de lo ajeno en la más completa impunidad, ni mucho menos accionando recetas radicales para terminar de devastar la propiedad particular y las libertades consagradas en la vigente Carta Magna, que el país podrá enfrentar sus carencias. Ojala que el espíritu de la Navidad con todos esos sentimientos de fraternidad, solidaridad y amor que encierra logre en Venezuela iluminar los caminos de gobernantes y gobernados para iniciar el reencuentro tan preciso por la familia y por el país…

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