Economía

¿Por qué Venezuela está pasando de ser productor a importador de petróleo?

Según datos independientes recopilados por la OPEP, Venezuela ni siquiera llega al umbral de 1.000.000 barriles de petróleo diarios. Peor aún, el promedio de la producción petrolera en mayo de este año (hasta el día 21) fue 605 kb/d. Nada de esto tiene que ver con sanción alguna, sino con la falta de inversión en mantenimiento y modernización de las refinerías nacionales.

El 23 de abril de este año, Venezuela compró un cargamento de casi un millón de barriles de crudo ligero proveniente de Nigeria. El último precedente de un caso como éste lo podemos encontrar en 2014, cuando se importó crudo argelino para mezclarlo con petróleo extrapesado; lo que dio como resultado lo que se conoció según Bloomberg, como BLEND 16. Sin embargo, PDVSA suspendió dicha mezcla debido a desacuerdos con la empresa petrolera estatal de Argelia, Sonatrach, y descontento manifestado por las refinerías estadounidenses -los mayores compradores de la empresa-.

Aproximadamente a partir de 2014 se agudizaron las sanciones a ciudadanos venezolanos relacionados con el gobierno de Nicolás Maduro, y también se impusieron diversas sanciones que impiden que Venezuela acuda a los mercados financieros internacionales, que agentes y personas estadounidenses puedan adquirir bonos del gobierno venezolano o de PDVSA restringiéndole el crédito del sistema financiero de EEUU. También hay penalizaciones que contemplan la prohibición a empresas estadounidenses de vender y comprar crudo o productos derivados a la petrolera estatal venezolana (estas últimas a partir del año 2017).

Igualmente estas restricciones han impedido a diversas firmas y navieras que realicen negocios con ciudadanos y compañías estadounidenses que participaron en envíos de crudo provenientes de Venezuela hacia Cuba.
Por otra parte es completamente cierta y palpable, la debacle a la que se ha visto sometida la producción y la industria petrolera venezolana en detrimento de la economía nacional donde, según cifras publicadas por el propio Banco Central de Venezuela -datos que no se publicaban desde 2015, y en algunos casos desde 2012- entre el tercer trimestre de 2013 y el tercer trimestre de 2018 la economía nacional experimentó una caída de 52,3%.

Otro dato extremadamente preocupante es que el PIB petrolero sufrió una contracción de 47,4% al comparar el tercer trimestre de 2013 con el tercer trimestre de 2018 y el no petrolero de 51,4%.

Según estas mismas estadísticas, desde finales de 2012, más de un año previo a las sanciones, las importaciones venezolanas ya sufrían una contracción de 75% con respecto a 2011; y entre 2012 y 2018, las importaciones venezolanas se han reducido en cerca de USD 57.000 millones.

Más allá de todo esto, hay un dato muy simple, pero de considerable importancia a la vez, como es la cantidad de taladros operativos en Venezuela. Actualmente solo hay 22 taladros operativos, mientras que en 2016 eran 58. Es decir, en tan solo 3 años han mermado operaciones 36 taladros, cosa que nada tiene que ver con ningún tipo de sanciones internacionales.

De los países miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), apenas 5 redujeron la cantidad de taladros operativos. El que más redujo -después de Venezuela- fue Arabia Saudita con tan solo 5 taladros.

Gráficos de la OPEP

Si se profundiza específicamente en la producción petrolera, según datos independientes recopilados por la OPEP, Venezuela ni siquiera llega al umbral de 1.000.000 barriles de petróleo diarios. Peor aún, el promedio de la producción petrolera en mayo de este año (hasta el día 21) fue 605 kb/d. Nuevamente, nada de esto tiene que ver con sanción alguna, como sí es el caso de Irán que tenía restricciones directas a su producción petrolera.

A lo mencionado, hay que sumarle que PDVSA debe asumir un considerable costo de descuento para colocar su crudo en mercados internacionales. Según datos de las autoridades chinas y de Ecoanalítica, Venezuela sufrió descuentos en los precios de alrededor de 17% sobre su exportación petrolera para los dos primeros meses del año en curso. En este factor también entra Rusia, país que ha ayudado a Venezuela de alguna manera a esquivar las sanciones financieras y comerciales, lo cual también implica una retribución o pago en su factura petrolera, bien a través de descuentos, comisiones financieras u otros.

Gráficos OPEP

Desde 2014 hasta 2018, Venezuela dejó de producir cerca de un millón de barriles diarios lo que provoca una fuerte pérdida de recursos. A esto hay que agregar que gran parte de la producción no genera ningún tipo de ingreso debido a que se destina a pagar las deudas que se tiene con China (alrededor de USD $20.000 millones) y Rusia-Rosneft, en la cual también está involucrada la India – se destinan alrededor de 300 k b/d-, y lo que no es un secreto para nadie, las ayudas a Cuba y Petrocaribe (alrededor de 50 k b/d).

Gráficos OPEP

A su vez las importaciones de combustible y diluyentes de PDVSA, que se mezclan con el crudo extrapesado de Venezuela, han disminuido a un promedio de 86k b/d hasta mayo de este año, en comparación con 225k b/d para el mes de abril, según Reuters y documentos internos de la empresa en cuestión.

Revisando las refinerías nacionales, la que tiene mayor capacidad de refinación en todo el país que es la de Amuay, con capacidad para procesar 645k b/d, para noviembre de 2018 apenas llegaba a 70k b/d, es decir no estaba funcionando ni al 11% de su capacidad. Situación similar se presenta con Cardón, cuya capacidad refinadora es de alrededor de 310 k b/d, y para finales del año pasado se encontraba procesando solo 115k b/d; es decir, ni siquiera el 40% de su capacidad operativa. Ambas conforman el Complejo Refinador Paraguaná (CRP), el mayor de Venezuela.

La refinería de Puerto la Cruz, ubicada en el estado Anzoátegui, con capacidad de procesamiento de 187k b/d, ya se encontraba fuera de servicio antes de que se impusieran las sanciones a fines de enero de este año, mientras que de El Palito, ubicada en el estado Carabobo, con capacidad de 146k b/d, está operando a niveles paupérrimos.
Para todos los casos expuestos – cada uno más grave que el otro – existen ciertos factores comunes entre sí: la desidia, la falta de inversión, el profundo desinterés hacia la modernización e, inclusive, hacia el simple mantenimiento de la infraestructura de refinación por parte del gobierno. Esta dramática situación de deterioro obligó al gobierno a importar combustible con la finalidad de poder cubrir la demanda interna del país.

El panorama es preocupante y desalentador. Para Venezuela ya no es posible acudir al país que proveía el 75% del efectivo que recibía PDVSA (es decir, Estados Unidos); su producción petrolera se encuentra en una caída progresiva y sostenida, con refinerías casi inoperantes por falta de mantenimiento, e insuficiencia de taladros por falta de reposición. Si se toma en cuenta que la renta petrolera representa el 95% del ingreso en divisas del país y, que dadas las circunstancias, será casi imposible contar con la capacidad para hacer el swap de petróleo por gasolina con otros países, lo que queda es esperar una implosión más temprano que tarde.

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