Economía

Posani y el fin del petróleo

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Acaba de llegar a mis manos un artículo del Profesor Juan Pedro Posani publicado el 10/09/07 en www.aporrea.com, en el cual, partiendo de la referencia a un libro comentado por el presidente Chávez: “El fin del petróleo”, del periodista americano Paul Roberts, saca conclusiones sorprendentes sobre la vida política de nuestro país.

Antes de consignar las ideas que a continuación expongo, debo declarar que tengo una vieja deuda de gratitud con el Prof. Posani, ya que su apoyo fue decisivo en la obtención de una beca que en los ya lejanos 60 me otorgó el CDCH de la UCV, para hacer estudios de Historia de la Arquitectura en Italia con Leonardo Benévolo y otros, estudios que fueron determinantes para mi formación.

Lamento, en consecuencia, encontrarme enfrentado a él en esta hora decisiva para el país
Organizada su argumentación en 10 puntos, el profesor Posani concluye que lo mejor que puede pasarle a Venezuela es que la propuesta constitucional del Presidente sea aprobada, ya que “…únicamente un tal proyecto garantiza la posibilidad de la diversificación planificada racional e inmediata de la producción industrial y agrícola – que significa utilizar bien y en seguida, antes de que también a nosotros se nos agote la riqueza que tenemos en el subsuelo (la siembra del petróleo).”
Lo primero que me llama la atención del texto es que el prof. Posani, intelectual universitario de méritos académicos ampliamente reconocidos, se refiera a Chávez, a quien considera “….absolutamente imprescindible en la construcción de un país de justicia social, democrático, independiente y libre…” (el subrayado es de él), no como Presidente sino como comandante (tres veces a lo largo del desarrollo), adoptando un apelativo cuartelario, bueno para sargentos, que alude a sus características de caudillo militar antes que a las de Presidente, que en todo caso deriva su autoridad del mandato (siempre compartido, limitado y revocable) obtenido por vía democrática. Acaso hay en ello un reconocimiento involuntario de los recursos non sanctos empleados hasta ahora por el “comandante” para mantenerse en el poder: fraude en el nombramiento de los poderes Republicanos (principalmente el judicial y el electoral, ya que el legislativo, que emana del voto, tiene un respaldo de apenas el 15% del electorado, es decir, más que un poder es una impostura). De modo que desde esta constatación resulta risible la afirmación de que el proyecto chavista contemple “la construcción de un país de justicia social, democrático, independiente y libre” (el subrayado es mío)
Pero analicemos un poco las razones invocadas por el Prof. Posani para apoyar la propuesta chavista, centradas en las consecuencias que tendrá, desde su punto de vista, el fin del petróleo.

Alarmante como en efecto es para la humanidad la inminencia del agotamiento de los hidrocarburos como fuente energética, vale la pena señalar que quienes mejor se preparan para el desempeño que el escenario resultante exigirá a la humanidad, son precisamente los países que más consumen energía fósil: Europa y los Estados Unidos. No es que estén ya listos para sustituir el “excremento del diablo” (además del gas natural que para seguir con el símil de Pérez Alfonzo equivaldría a los peos de ese malvado señor) por energías más limpias y suficientemente abundantes para prolongar la esperanza general de una vida mejor para todos. Pero así como el equilibrio económico mundial ha sido capaz de absorber un incremento de un 800% de los costos energéticos en los últimos 20 años sin entrar en crisis, es razonable prever que ese mismo incremento abone el terreno, como ya parece hacerlo, para la innovación (salto tecnológico) que varias veces en la historia de la humanidad ha precedido a períodos de abundancia tocando cada vez a más gente. Que el Prof. Posani, militante del marxismo, no se sienta inclinado a considerar esa probabilidad que parece asomar en los desarrollos tecnológicos más actuales, me resulta inexplicable, ya que me recuerda que en mi más temprana juventud, cuando en el Liceo Andrés Bello mis por entonces compañeros miembros de la Juventud Comunista, con quienes tuve cierta afinidad juvenil, hablaban de la vigencia inexorable del materialismo dialéctico en la historia(el materialismo histórico), invocaban para ilustrarlo un ejemplo manido, extrapolado de la ciencia de la naturaleza por no sé cual divulgador del marxismo: el hervor del agua. Aplicándole, en efecto, calor, esta, a fuerza de asimilar el incremento de temperatura llega un momento en que experimenta un cambio de estado: pasa de líquido a gas: un salto dialéctico, según el ejemplo de mis compañeros comunistas.

Veamos esto más extensamente: la historia del ser humano sobre la tierra – huelga recordárselo al historiador que es el Prof. Posani – es el desarrollo del conocimiento y su consecuencia en la vida práctica: la innovación tecnológica; y esta última ha sido y es la piedra angular de la construcción de la riqueza del género humano y de la emancipación del hombre respecto de las constricciones naturales: desde la agricultura hasta la informática, pasando por dos revoluciones industriales. Causa, en síntesis, de ese producto superior de la evolución de las especies: la cultura humana y sus formas civilizatorias. Por lo demás, es fácil comprobar que en la actualidad la aceleración del cambio tecnológico adquiere cada vez más el ritmo de una progresión no ya geométrica, sino exponencial. Una de sus consecuencias más recientes: la globalización de la información, no ha hecho más que ampliar a escala planetaria el horizonte susceptible de ser alcanzado de manera instantánea por esa dinámica integradora de la humanidad.

Glosando el texto comentado, afirma el Prof. Posani que “el fin próximo del petróleo, drama indiscutible, va a ser también el fin de toda una era de desarrollo de la humanidad, de toda una manera de vivir y de concebir la vida en sociedad”; de lo cual, en sentido general, no me caben dudas, aunque dependiendo de cómo se quiera ver y a la luz de lo que sugiere la reflexión sobre el pasado, podría uno pensar que el cambio no será regresivo sino más bien consistirá en una nueva superación de las constricciones sufridas por la vida humana. (Un nuevo salto dialéctico, para decirlo en los términos liceístas referidos).

No se debe olvidar que un conjunto de innovaciones en materia de generación de energías alternas, limpias y baratas, está ya presente, para esperanza de la especie humana, en el mercado global: España, por ejemplo, obtiene ya del viento el 25% de la energía eléctrica que consume, superando a la hidráulica y la atómica por primera vez desde el 2005. Por la misma vía anda el resto de la Europa de los 25, contribuyendo así a crear un nuevo elemento paisajístico – los llamados parques eólicos – de una novedosa y sobrecogedora belleza, sobre todo cuando uno se topa repentinamente con ellos a la vera de la carretera en medio de la noche; o cuando los encuentra sembrados en el infinito y elemental paisaje marino. Los gigantes del Quijote redivivos, se diría.

En los Estados Unidos la mayor parte de los nuevos automóviles ofrecidos por el mercado son híbridos capaces de ahorrar la mitad de la energía fósil que consumen los convencionales; El esfuerzo por sustituir el llamado parque automotor existente por estos nuevos vehículos ahorrativos es apoyado con subsidios estadales y gubernamentales cada vez más cuantiosos. En Francia y otros países europeos se aplican criterios análogos a los muy generalizados y profusos medios de transporte colectivo; y se ponen en servicio flotas enteras de autos urbanos de alquiler sin chofer movidos sólo con electricidad.

En cuanto a la más abundante y barata de las energías: la solar, su transformación en electricidad mediante las células foto voltaicas, que hasta hace poco tenían un pobre rendimiento del 20%, se ha conseguido mejorarlas hasta el 48% en los desarrollos más recientes, abriendo, entre otras cosas, una perspectiva cierta de democratización y descentralización de la generación eléctrica para uso doméstico; de gran significación para los Estados Unidos, donde la mayor parte de la gente vive en casas unifamiliares aisladas. Pero más importante aún para el llamado tercer mundo, ya que el sistema ofrece una posibilidad sin precedentes de acceso a la energía barata y limpia a amplios sectores de población rural muy pobre, ajena a los beneficios de la vida urbana (y para subvertir, tal vez, de paso, la noción convencional de ciudad, que considera sobre todo la proximidad física de las personas, cuando el acceso masivo a la comunicación y la energía, que constituyen en realidad sus ventajas más importantes, son ya viables, por ello, en cualquier lugar geográfico, por apartado o lejano que luzca, como supone acertadamente MacLuhan cuando teoriza su aldea global)
Mención especial merece en este sentido la iniciativa recientemente lanzada por una empresa norteamericana de producir masivamente un computador portátil de potencia media, especie de rústico todo terreno, cuyo precio no supera los 100 dólares, alimentado con un generador fotovoltaico incorporado.

La puesta a punto de la muy ponderada y esperanzadora pila de hidrógeno, por su lado, cuyo residuo (cero emisión de gases) es pura agua o agua pura, como se quiera, recibe subsidios gubernamentales y privados cuyos montos alcanzan cifras hasta ahora no imaginadas, debido muy probablemente a que promete una solución radical a la propiedad dispendiosa y contaminante del motor de combustión interna, que ha reinado en el panorama energético desde los albores del siglo XX.

Con tecnología puesta a punto en Alemania, China construye un tren de levitación magnética de tan alto rendimiento que compite ventajosamente con el transporte aéreo continental en términos de velocidad(más de 500 km/hora), consumo de energía (electricidad generada a partir de la eólica a lo largo del recorrido) e impacto ambiental (funcionamiento muy silencioso, corriendo en una estructura vial suspendida sobre el terreno, que se convertirá seguramente en hito visual de mucha importancia paisajística por su aspecto transparente, no invasivo, como una vez los acueductos de época romana). Circunscrita aún la experiencia a una línea que une a Shangai con su aeropuerto, en un recorrido de 7 y 1/2 minutos a una velocidad punta de 450 km/hora, el gobierno chino contempla desde ya la construcción de una nueva línea que unirá a Pekín con otra ciudad populosa del interior
Aparte de los ya comunes pero controversiales por riesgosos generadores eléctricos de fisión atómica, la Comunidad Económica Europea ha firmado recientemente (2006) un convenio de cooperación que incluyendo a Japón, Estados Unidos, Corea del Sur, la India, Rusia y China, se propone desarrollar a un costo aproximado de 5000 millones de euros, un reactor de fusión nuclear, el ITER, en Cadarache, al sur de Francia, que se espera culmine en algunos años en un prototipo repetible para la generación de energía limpia, segura y abundante, obteniendo, de paso como, subproducto, el nunca suficientemente ponderado gas inerte helio.

Brasil, como se sabe, líder mundial en la producción de etanol para motores de combustión interna, y los Estados Unidos, han firmado un convenio de cooperación para el estudio y desarrollo de la producción de combustible renovable y no contaminante (etanol, alcohol y biodiesel) a partir de biomasa que no tiene precedentes. Añadamos que de iniciativa propia, como suele ocurrir a menudo en América del Norte, hay muchos ciudadanos que construyen y comercializan sistemas de producción de biodiesel de combustión limpia a partir de cualquier tipo de aceite vegetal residual de las cocinas de todo el país. Puede el lector encontrar en Internet diagramas y planos de los dispositivos acompañados de sus respectivos manuales de uso. No es ocioso en este sentido recordar que hace cien años Henry Ford concibió sus primeros motores para ser movidos con alcohol; y Rudolf Diesel, por su parte, los suyos, con aceite de maní..

Aludiendo a esa característica de la sociedad norteamericana, he escrito un pequeño artículo publicado meses atrás donde hago la apología del garaje de la casa medio clasista americana, ámbito en el que se han incubado tantas y tantas innovaciones tecnológicas que luego han hecho fortuna en el sistema productivo mundial; tal como la admirable herramienta de conocimiento llamada Google, cuyo desempeño no tiene parangón en la historia de la difusión informática: doscientos cincuenta millones de consultas diarias en 116 lenguas a la hora actual; portentoso “gadget inmaterial” inventado por dos amigos: uno ruso y el otro norteamericano, en el garaje de alguna casa californiana.

¿Podrá el conjunto de todas estas tecnologías y algunas otras que en obsequio de la brevedad no menciono y aún otras que seguramente no conozco, sustituir la energía que dejará de producir el petróleo cuando llegue a su fin? Todo indica que en el estado actual de su desarrollo la respuesta es no. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que el aumento desquiciado de los precios de los hidrocarburos está haciendo de todas ellas opciones cada vez más viables económicamente, sin tener en cuenta que ese mismo factor de carestía pudiera inducir, en el brevísimo plazo, ante nuestras propias narices, una mutación técnico-científica capaz de desbordar totalmente los límites del horizonte económico-energético actual (el famoso salto dialéctico).

Independientemente de que la escasez y la carestía de la energía fósil son pruebas incontrovertibles de un aumento de la demanda que pone en evidencia que más gente se incorpora año tras año al disfrute de la riqueza, como ocurre en China, la India y otros países, dos consideraciones habría que hacer en apoyo a la anterior afirmación. Por un lado, el tiempo transcurrido entre el momento en que se inventa un procedimiento o tecnología y el de su inserción en el sistema productivo es cada vez menor. El computador personal no existía hace treinta años; el teléfono móvil hace veinte, el internet quince. Por el otro, puede constatarse que la descaminada actuación de Estados Unidos en Irak, en el sentido imperialista que señala acertadamente el Prof. Posani, le ha valido a esa nación – gracias entre otras cosas a la globalización de la información – más inconvenientes que ventajas económicas o políticas, al punto de provocar un cambio en la opinión pública interna que tendrá no pocas consecuencias para el asunto energético global tan pronto como en las elecciones presidenciales del año próximo, resulte investida la Sra. Hilary Clinton. Debe recordarse también que la soberbia del gobierno de Bush de negarse a suscribir el protocolo de Kioto ha sido derrotada desde el interior por las mismas fuerzas industriales norteamericanas, al adquirir buena parte de su dirigencia conciencia de que el camino transitado por el actual gobierno conduce al país directamente al desastre.

No pareciera necesario subrayar que el ambiente social donde el cambio tecnológico nace y propaga su benéfica influencia, es el régimen de libre comercio ofrecido por las economías abiertas de las llamadas democracias occidentales; salvo tal vez China, país políticamente socialista y totalitario, y que sin embargo a la muerte de Mao comenzó a tolerar en su economía el clima de libertades que de continuar la llevará inexorablemente a una situación de plena libertad en algunos años; pero que por ahora la mantiene como mero consumidor de tecnología y de energía, sin ofrecer pruebas de capacidad o interés para producirlas. Por lo demás, las economías emergentes, los llamados Tigres Asiáticos y la India son países que se esfuerzan por conjurar el fantasma del totalitarismo (la tentación totalitaria que decía Jean François Revel) para mantener esas libertades, conscientes como están de que ellas constituyen el caldo donde prosperan los fermentos vitales de la diversidad.

Mientras tanto, ¿qué ocurre en el campo llamado socialista?, ¿o en los vestigios que de él quedan: Corea del Norte y Cuba? Del primero de ellos no tenemos muchas noticias, como no sea el anuncio, quizá no tan sincero, de desmantelar sus dispositivos nucleares – así será la penuria material de sus nacionales – a cambio de la ayuda económica del mundo llamado desarrollado.

De Cuba, en cambio, “mar de felicidad”, tenemos noticias frescas: pareciera que Raúl Castro, delfín designado del reino, está finalmente en vías de promover cambios en la orientación político-económica del gobierno, cosa que sin dudas hace justicia a un legítimo anhelo de los cubanos. Mientras tanto, quien haya visitado la isla en estos años ha podido verificar las lamentables condiciones de penuria en que aún transcurre su vida cotidiana, exceptuando la de quienes forman parte de la nomenklatura. ¿Puede esa sociedad de solo un patrono – el gobierno – que para sostenerse en el poder ha creado (como es consustancial a los regímenes comunistas) el más abyecto sistema de vigilancia y delación con los llamados Comités de Defensa de la Revolución, aspirar a contribuir de alguna manera al desarrollo de fuentes energéticas para enfrentar la crisis resultante del fin del petróleo? Si ahora el paisaje urbano y social que la isla ofrece al visitante parece congelado en los años 50, entonces, cuando se acabe el combustible, lucirá sin dudas como cualquier aldea del siglo XVII colonial: sus calles pobladas de peatones miserables y carretas haladas por bueyes o caballos, con fondo arquitectónico de ruinas. ¿Cómo pensar, en efecto, que un colectivo que tras 50 años de “revolución” es aún incapaz de autoabastecerse de alimentos, pueda pensar en otra cosa que conseguir qué comer? La excusa del bloqueo comercial norteamericano no engaña ya a nadie, puesto que por una parte no explica cómo se puede bloquear desde fuera lo que produces dentro; y por la otra ocurre que desde Europa y a través de México, durante estos 50 años de “revolución” han fluido abundantes cantidades de dinero fresco, sin mencionar la enorme ayuda financiera y técnica proporcionada por la Unión Soviética hasta su desaparición. El caso es que Cuba, como resultado, constituye el único país occidental donde bajo la bandera del socialismo – vaya paradoja – todavía se practica la esclavitud: el gobierno explota la fuerza de trabajo de los “ciudadanos”, vendiéndola a las empresas extranjeras establecidas en la isla, cobra en divisas, entrega a aquellos la fracción que considera suficiente para subsistir y dispone del resto, sin importarle un bledo lo que piensen quienes han sido así despojados de su derecho más elemental. (Ahora hace lo mismo con los médicos que envía a Venezuela). Hacer turismo en Cuba hoy resulta en consecuencia bochornoso, ya que el visitante percibe que es servido por personas cuya dignidad ha sido gravemente vulnerada. Y cuando se trata de las mujeres cubanas (no todas, por supuesto, ni mucho menos), agobiadas por las carencias más elementales, su situación ofrece la explicación al hecho de que medio siglo después, Cuba siga siendo el burdel que fue antes de la revolución; cambiada solo la clientela americana por la europea.

En cuanto a nuestro país, nueve años de “revolución bolivariana” no ofrecen indicios de voluntad oficial para enfrentar la crisis energética que el Prof. Posani vaticina e invoca como razón para seguir manteniendo al “comandante” en el poder. Y mucho menos para “utilizar bien y en seguida, antes de que también a nosotros se nos agote, la riqueza que tenemos en el subsuelo (la siembra del petróleo)”.

Con el pretexto del liderazgo de la unidad latinoamericana el “comandante” ha derrochado (regalando o malversando) una cifra astronómica de petrodólares que hubiera podido ser usada en desarrollo tecnológico para enfrentar con seriedad el reto planteado por el fin de los hidrocarburos, para luego predicar la integración desde la posición de autoridad moral resultante de disponer de resultados tangibles, aún cuando preliminares, en la labor cumplida en esa dirección (y no a fuerza de maletas y cheques corruptores, como ocurre ahora); sin mencionar las ingentes pérdidas de la nación debidas al asalto generalizado al erario público que, doblegado como ha sido el poder contralor, hace de la corrupción en la llamada Cuarta República un juego infantil. ¿Ha leído por ejemplo el Prof. Posani las denuncias muy fundadas de los diarios Últimas Noticias y Tal cual sobre, entre otros muchos casos, las llamadas “notas estructuradas” de la República? Si lo ha hecho, guardar silencio sobre ese gravísimo asunto mientras se pondera obsecuentemente del “comandante” “su perspicacia, su inteligencia política y estratégica, su perseverancia y firmeza, unida a su carisma e inmensa capacidad de convocatoria popular”, ¿no es hacerse cómplice de ese grosero robo tácitamente autorizado del dinero de los venezolanos?
Mientras el “comandante” promueve (siempre con los dineros de una renta que es de todos) desde su programa dominical y sus insufribles cadenas televisivas eso que él llama desarrollo endógeno: los gallineros verticales, los huertos urbanos dizque hidropónicos, la ruta de la empanada y no sé cuantas sandeces más, ese organismo de pomposo nombre: Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnología, ¿que ha hecho durante la década que termina para reducir la dependencia de los hidrocarburos? ¿Donde está el departamento de investigación de energías alternas que como todas las transnacionales petroleras debería haber montado PDVSA si fuera cierto que en el seno del gobierno existe de verdad preocupación por el fin del petróleo?¿Donde los créditos al IVIC, para ese mismo fin? Diríase más bien que cada día que pasa y los ingresos petroleros aumentan, nuestra economía es más irresponsablemente dependiente de estos. Aparte el hecho de que por la misma circunstancia, PDVSA produce hoy, según los registros de la OPEP, mucho menos petróleo que hace cuatro años. Y, consecuencia inevitable, en el 2006, por decirlo brevemente, la República gastó 30.000.000.000 de petrodólares en importaciones (alimentarias, entre otras muchas). Un nuevo record. Ya veremos en cuanto aumenta la cifra este año.

Estoy convencido de que hay, o había, en Venezuela hasta un pasado muy reciente – en las universidades, en PDVSA, en el IVIC, y en otras instituciones públicas y privadas creadas durante la cuarta república – una legión de profesionales, científicos y tecnólogos bien formados y dispuestos a enfrentar seriamente y con entusiasmo, el reto post-petrolero al que se refiere el Prof. Posani. Una prueba parcial pero elocuente de esta afirmación es la Orimulsión, ingenioso producto inventado en los laboratorios de PDVSA en los años ochenta, cuando la crisis energético-ecológica aún no era percibida por la opinión en toda su gravedad. Hoy, de no haber ocurrido esa calamidad nacional que fue el desmantelamiento por razones políticas de la estructura operativa de PDVSA, levantada pacientemente por el país desde 1976; de no haberse aplicado el implacable pogrom a los veinte mil hombres y mujeres (y sus familias) despedidos de ella en el 2002; o de no estar venido a menos el IVIC por las mismas razones, podrían crearse rápidamente eficientes y múltiples frentes de investigación, capaces de ofrecer al país y a la comunidad científica mundial serios aportes en esa trascendental tarea.

Empero…. “la diversificación planificada racional e inmediata de la producción industrial y agrícola – que significa utilizar bien y en seguida, antes de que también a nosotros se nos agote la riqueza que tenemos en el subsuelo (la siembra del petróleo)- y de firme control y defensa de nuestro recurso energético principal”, no tendrá lugar en régimen chavista. Trato enseguida de explicar por qué.

Chávez llegó al poder con una consigna, entre varias otras: la lucha contra la corrupción, que fue determinante en la captación del voto de la clase media, cansada como estaba esta de la disolución ética que afectaba al estamento político llamado puntofijista. Muy poco tiempo después de asumir el cargo se puso de manifiesto que la consigna no era sincera y que su agenda ocultaba otras intenciones inconfesables. Entre ellas destacaba, hoy es evidente, aparte de usar la corrupción como temible arma política, la de hacerse del poder para convertir, en el más exquisito estilo fascista, las incipientes instituciones republicanas – los poderes públicos – en mascaradas al servicio de su proyecto hegemónico, tal como lo hicieron en su tiempo Hitler y Mussolini. Para que no nos cupieran dudas tuvo lugar aquel bochornoso espectáculo de los 32 nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia nombrados de manera espuria por la Asamblea Nacional en el 2005, cuando luego de su investidura y como conclusión del acto, declamaban a coro frente a los medios internacionales: ¡uh, ah, Chávez no se va!. De no ser por la quiebra moral que el sainete representaba, habría sido divertida la imagen de aquellas marionetas ridículamente ataviadas acatando cual perritos circenses la voluntad del amo.

Como ahora sabemos, la cartilla marxista que desde el principio informaba secretamente aquella estrategia política (que como nota original incorporó sincréticamente las desvergonzadas prácticas fascistas mencionadas), le enajenó muy pronto el apoyo de la clase media, que comenzaba a darse cuenta de que ni ella, ni su creatura: la empresa privada, surgidas durante el puntofijismo, tendrían cabida en el proyecto político que se perfilaba. Un estado socialista clásico, si lo hubiera, contemplando la abolición o la restricción severa de la propiedad privada y, sobre todo, de los medios de producción, comenzó paulatinamente a dibujarse en las acciones y el discurso, a medida que Chávez concentraba poder en sus manos. A fines del 2001, la promulgación de las cuarenta y nueve leyes elaboradas por él en virtud de los poderes extraordinario para legislar que obtuvo a la machimberra de la Asamblea Nacional ese año, desembocó en el primer choque frontal, liderado del otro lado por la técnicamente muy cualificada burocracia medio clasista de PDVSA, que por su experiencia sin precedentes históricos de generar con su esfuerzo y competencia la renta nacional, había adquirido antes que otros sectores conciencia del peligro en ciernes; pero que desprovista sin embargo de experiencia política, cometió una serie de errores aprovechados por Chávez para liquidarla de un todo como fuerza colectiva y para, lista de Tascón mediante, poner la empresa bajo el férreo control de sus incondicionales. Desde entonces el “comandante” ha venido golpeando escalarmente todos los focos de poder asociados a la iniciativa privada (y descentralizada), al punto de conseguir reducir a la mitad el número de industrias que encontró en el 98, creando así la primera causa de la escasez actual y del proceso inflacionario que afecta a tantos bienes, entre ellos los alimentarios.

Sin entrar en otras consideraciones sobre tan importante cuestión, tiene no obstante interés para este texto señalar que la estrategia, si bien le ha procurado hasta ahora jugosos dividendos políticos, ha privado al “comandante” nada menos que de la hoy por hoy diversificada y sofisticada intelligentsia del país, formada en los setenta años que corren entre 1920, amanecer de la era petrolera, y el 2000. Y sin posibilidades de sustituirla, ya que Cuba, único país interesado en exportar cerebros en razón de su deplorable situación económica, por esa misma razón, excepción hecha de los médicos y uno que otro técnico, no la tiene, como queda demostrado palmariamente con su injerencia en los centrales azucareros.

Circunstancia que a su vez confina el ejercicio del gobierno en un círculo vicioso de incompetencia extrema. Además de que, por razones de confiabilidad política, la dirección de la •mayor parte los ministerios y agencias gubernamentales es encargada a militares de media o baja graduación, sin otras cualificaciones que las castrenses, que poco tienen que aportar a la gerencia de los cada vez más complejos asuntos a los cuales se contrae su responsabilidad. Sigue de eso que toda la gestión del gobierno resulta castrada por dos consecuencias de la militarización: 1) el hábito de subordinación de los militares, incompatible con la exigencia de creatividad de la gerencia pública, y 2) la estéril obsecuencia de quien sabe que su puesto y su sueldo dependen cien por ciento del arbitrio de aquel que le concedió la gracia de ocupar ese lugar.

Para concluir, esa “ diversificación planificada racional e inmediata de la producción industrial y agrícola” que el Prof. Posani postula como única solución a la crisis energética, es sencillamente inviable en las condiciones en que se desenvuelve el “proceso” chavista actual, a menos que abandone el respeto de las apariencias democráticas y proceda, mediante un golpe de estado como el que intenta con las modificaciones a la Constitución, a un programa general de confiscaciones, mientras torna inamovible, por la fuerza, al personal técnico-administrativo y subalterno de las empresas así “nacionalizadas”, para preservar su funcionamiento. Con lo que caeríamos en una situación análoga a la de las experiencias históricas del llamado socialismo real: Unión Soviética, Europa del Este, China, Corea, Vietnam, Camboya, Cuba, etc.

Pero aún así, aparte de que tales medidas conllevan el altísimo riesgo de arrastrar el país a una guerra civil, en caso de éxito alejaríamos aún más la posibilidad de esa “ diversificación planificada racional e inmediata de la producción industrial y agrícola”, como han demostrado suficientemente las experiencias históricas del socialismo no democrático, fracasadas precisamente por la incapacidad estructural de promover la diversificación productiva desde las instancias de la planificación centralizada de la llamada “dictadura del proletariado”.

Ocurre que la racionalidad no se puede encasillar en una definición racional, valga el aparente galimatías. Ella es, también, un fenómeno histórico, un producto de la evolución de la humanidad.

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