Economía

Recado para Asdrúbal Baptista

 

Entonces me enteré de que era un economista de excepción, dedicado fundamentalmente a ese trabajo académico, de reflexión e investigación, que tanta falta nos hace.

Debo aclarar que hasta ahora no había leído nada de su autoría, pero hace un par de días mi buen amigo y excelente economista Marcos Sandoval, profesor universitario, director del Banco Central y representante de Venezuela ante el FMI, a cuyo benévolo juicio someto habitualmente mis escritos para

Tal Cual , me llamó la atención sobre una entrevista a Baptista publicada por el diario El Nacional el domingo pasado (04/03).

Me bajé inmediatamente el texto desde le edición digital del periódico y le di una primera lectura, luego otra, y otra más, hasta que mis limitaciones para la comprensión de la materia económica me lo permitieron.

Lo sorprendente era, ya Marcos me lo había señalado, que aquellas ideas allí explicadas por Baptista parecían sustentar, o dar forma precisa a muchas de aún imprecisas intuiciones consignadas por mí en mis textos.

Quisiera llamar la atención sobre algunas de ellas: en primer lugar mi percepción de que el petróleo hasta un cierto momento había contribuido a la construcción de la República y la riqueza del país que hasta entonces había sido paupérrimo, pero que luego de la estatización comienza a invertirse la tendencia, para generar una dinámica regresiva.

Baptista explica que el problema reside en un «equilibrio primordial sobre el cual descansa la sociedad moderna, entre una sociedad rica y un Estado pobre, que se sostiene gracias a los recursos que recibe de aquella en forma de impuestos, contribuciones y tasas», y más adelante: «¿Qué va a significar el petróleo en la vida del país? Este equilibrio primordial sobre el cual descansa la sociedad moderna no existirá porque el petróleo es del Estado venezolano, que es rico y la sociedad, en contraste, es pobre. Allí hay una relación de unilateral dependencia».

Y más adelante: «La base económica nuestra ha causado relaciones políticas sui géneris. Al Estado le hace balance la sociedad civil, ¿quién le hace balance al Estado venezolano hasta 1976? Las concesionarias. El Estado no podía ser arbitrario, no podía ejercer ese grado de libertad que le da el ser rico, porque frente a él se sentaba el presidente de la Shell, de Creole, de Occidental, y ¿quiénes eran?: la sociedad civil del mercado mundial. Eso la nacionalización lo va a hacer añicos».

En cuanto al proyecto chavista de construir un Estado socialista con los recursos provenientes del petróleo del mundo capitalista para sustituirlo e independizarse de él, el Estado tendría que producir el equivalente de una renta que sólo en el 2008 fue de 60 millardos.

Y cuando el periodista repregunta: ¿Imposible?, Baptista responde: «No, pero es muy cuesta arriba. O imagino un horizonte temporal muy largo para hacerlo paso a paso o produzco un colapso si fuerzo la máquina para hacerlo más rápidamente. Esta es la disyuntiva del Estado venezolano y su proyecto.

Nuevamente el periodista: Frente a esa disyuntiva, ¿cuál es la apuesta del Gobierno? Baptista responde: «Yo me lo pregunto. No tengo ninguna duda de que el cuerpo político que lidera la vida de la nación tiene que sentir que el apresuramiento en la necesidad de sustituir una base social fundamentada en relaciones capitalistas de producción por una fundamentada en relaciones socialistas no le está funcionando. No pueden prolongarlo porque las revoluciones tienen la urgencia de provocar cambios súbitos y en ese sentido irreversibles. ¿Cómo se produce irreversiblemente una sustitución de la renta del petróleo, que es capitalista y viene de fuera?».

Aparte algunas otras importantes observaciones que la cortedad del espacio no permite comentar, me animo a invitar al ilustre entrevistado a conocer la propuesta que yo he tratado de hilar en mis artículos sobre la relación política/energía, concretamente las cada vez más viables energías renovables, sobre todo el sol y el viento, que por su ubicuidad y abundancia no pueden ser sometidas al control del Estado y, en consecuencia, estarían llamadas a dotar de la riqueza necesaria a la «sociedad civil» para dar cara a aquel. ¿No contribuiría un cambio de esa naturaleza a restituir el necesario equilibrio entre la una y el otro? Cuando someto a consideración de los especialistas el asunto, se me responde invariablemente que el costo de generación eléctrica a partir del sol y el viento es aún muy superior al de la hidroelectricidad o la termoelectricidad, lo que es cierto solo si el asunto es visto fuera del contexto general. Pero, ¿qué puede ser más costoso social y económicamente que el terrible desastre productivo y económico generado por la castradora dependencia del baratísimo petróleo y la hidroelectricidad del sistema del Caroní, ambas propiedad del Estado? Mis notas al respecto están desarrolladas en unos cincuenta artículos publicados en la edición sabatina del diario

Tal Cual . Los principales lo están también en mi blog personal.

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