Economía

Record de sueños frustrados

El Ministerio de la Vivienda y Hábitat, creado hace tres años, con la promesa gubernamental de reducir drásticamente el déficit habitacional, no ha podido presentar buenas cuentas a los venezolanos, y lejos de dar cumplimiento a su cometido ha batido el record de sueños frustrados en la masa de familias que carecen de una vivienda, adecuada, cómoda y segura, donde cobijarse, como reza el Art. 82 de nuestra Carta Magna. Son sueños frustrados porque los programas instrumentados, en lugar de registrar un avance en las respuestas a un colectivo cada vez más ansioso, evidencian un franco retroceso al punto que la producción de soluciones no alcanza ni siquiera a cubrir anualmente la demanda que plantea el crecimiento vegetativo de la población.

En estos tres años han pasado cuatro ministros por el Despacho y esa monumental estructura no logra arrancar. Si en los inicios existieron intentos para otorgar una visión macro a la política habitacional del Estado sobre la base de escuchar a los diferentes actores involucrados, eso ya es historia. Fue impuesta una conducción vertical, excluyente, sólo comparable con el coloniaje que desdeñó la presencia y el potencial de los venezolanos para generar progreso en el país. Un retroceso de más de cien años en directrices equivocadas que han convertido a ese Despacho en uno de los mayores templos de ineficiencia y desidia de la Administración Pública, a pesar de los cuantiosos recursos que se le han asignado. Y es que aunque se tratara de uno que otro desatino, lo cual no es el caso, en este Ministerio son más notorios los errores, carencias o deficiencias, porque tocan directamente las fibras de seres humanos, de familias desesperadas que no tienen donde vivir.

La Ing. Edith Gómez es la quinta persona que asume la responsabilidad. En un Ministerio que no ha tenido capacidad de respuestas y sí un alto grado de indolencia por el drama humano, la Ministra tiene la oportunidad de demostrar la sensibilidad que de sobra adorna a la naturaleza femenina. El género tiene un alto perfil en otros países donde una mujer dirige el Despacho de la Vivienda. En Chile, la Ministra Patricia Poblete espera en el 2010 superar el déficit, y cada día sorprende con la cantidad/calidad de programas para marchar en esa dirección. En Panamá, donde se vive un boom inmobiliario, con incentivos a la inversión nacional e internacional, la Ministra Balbina Herrera dejó el cargo para aspirar a la Presidencia de la República, después de una eficiente gestión.

En Europa hay también importantes referencias. En España el Jefe de Gobierno en su segundo mandato acaba de ascender a la Ministra de la Vivienda Carme Chacón al Despacho de Defensa, con el aval de su desempeño, y dejó en su reemplazo a otra mujer, a Beatriz Corredor, para dar continuidad a los programas, los más avanzados en la materia. En Francia, la Ministra Christine Boutin también ha brillado con luz propia, y ahora ha lanzado un impactante plan para convertir en propietarios a los sectores de escasos recursos. Consiste en poner a disposición una vivienda de 85 metros cuadrados, que la familia puede adquirir pagando 15 euros diarios, o 450 euros al mes -precio de un alquiler clásico- en un lapso máximo de 25 años. Los promotores que se adhieran al plan de construcción de estas viviendas tendrán el beneficio de la reducción del IVA.

El mundo está lleno de ejemplos para innovar en políticas y programas. Pero el caso es que en Venezuela en lugar de avanzar se ha instalado un proceso de involución. No es por la vía de controles, invasiones, expropiaciones, confiscaciones, y ahora de las estatizaciones que se van a generar soluciones rápidas. Aún cuando alguno de estos caminos responda a fines de utilidad pública o interés social están atados a largos y complejos procesos de negociación y posterior reacomodo que pueden ser un remedio peor que la enfermedad y poner mayor distancia en el acceso a la vivienda. No es entregando contratos a empresas extranjeras, o a cooperativas sin experiencia; no es prefabricando mano de obra acelerada, en abierta y desleal competencia con los trabajadores especializados de la construcción, que se va a reducir el déficit habitacional.

Las familias que aún permanecen hacinadas en albergues provisorios, las que residen en zonas de alto riesgo, y ese ejército de venezolanos que sobreviven “arrimados”, merecen respeto, que el gobierno les hable claro, y explique porque se le ha ido de las manos el tema de la vivienda, por qué no ha cumplido las metas que propone, por qué la rotación de ministros, y por qué ha decidido convertirse en un Estado Constructor, figura inexistente en el mundo civilizado, al excluir a los sectores que durante más de seis décadas han liderado el proceso de urbanización nacional. Es imperativo decirle la verdad al país, que mediante este esquema interventor no podrán existir respuestas colectivas para quienes claman por un techo, con las construcciones masivas de viviendas que constituyen el único camino para reducir el déficit. Pero es un pecado capital continuar ilusionando a las familias que ven como sus esperanzas se desvanecen.

La Ministra ha comenzado por realizar un «gran censo» de las familias sin casa. Es una buena señal si se trata de dar organicidad a los programas de acceso al crédito y al proceso de adjudicación de viviendas, así como a corregir las irregularidades que se han detectado. Es necesario ese operativo para establecer prioridades y dirigir la escasa oferta disponible, siempre y cuando no se sesguen los derechos de los venezolanos. Un tema tan delicado como garantizar el techo donde habitar, el centro de la convivencia y el crecimiento familiar, no puede seguir expuesto a los designios políticos, ni a presiones de ninguna naturaleza. Urge un giro en 180 grados en el ente rector de la política habitacional para que definitivamente arranque y cumpla con sus responsabilidades.

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