Economía

Reforma monetaria

(AIPE)- En México, las últimas tres décadas han representado episodios de gran inestabilidad en el sistema monetario. El fantasma de las recurrentes crisis sexenales, a pesar de buenos fundamentos macroeconómicos, es el resultado del temor patológico a la devaluación, temor popular que proviene de la sistemática violación del contrato monetario.

El peso mexicano ha perdido 99,8% de su valor, medido en dólares, desde 1970 a la fecha. En ese lapso el aumento de la inflación acumulada asciende a casi 300.000%. La moneda tuvo que ser sometida a cirugía monetaria en 1993, con la supresión de tres ceros, pero aun así no ha logrado librar el cáncer de la devaluación, inflación, deudas impagables, altas tasas de interés, bajo crecimiento económico, caída del ahorro, contracción de la inversión y el extraordinario costo de oportunidad que la ausencia de un sistema monetario estable nos ocasiona, tanto a la generación actual como a las futuras.

La oportunidad de instrumentar una reforma monetaria radical no debe desaparecer en el altar de consideraciones políticas, excusas discrecionales ni los argumentos que las autoridades nos repiten, como disco rayado: la melodía falaz del monopolio monetario. El precio que pagamos por usar el tipo de cambio como “variable de ajuste” es la depresión permanente de los salarios reales de la clase trabajadora (los cuales muchos dolarizan al emigrar al norte), así como el costo de oportunidad generado por la obsesión cotidiana de empresarios, grandes y pequeños, en calcular los escenarios para afrontar variaciones del tipo de cambio, en vez de poder dedicarse por completo a incrementar la calidad de su esfuerzo empresarial.

La propuesta de dolarización no es más que un reclamo por atarle las manos a una entidad que no ha logrado detener el deterioro del poder adquisitivo de los mexicanos. La reforma (ya sea unilateral o por medio de un sistema de competencia monetaria) procura atacar el problema fundamental de nuestra economía en el último cuarto de siglo: la ausencia de credibilidad monetaria. La principal ventaja de una reforma radical es que acaba con el trauma de la devaluación. Así, la inflación y las tasas de interés se acercarían rápidamente a los niveles al norte de la frontera. El crédito podría revivir, y el crecimiento sostenible se convertiría en una posibilidad real, no sólo el sueño de una generación devaluada.

La fórmula es sencilla: si no hay tipo de cambio, no puede haber devaluación. La defensa más usada para negar la adopción del dólar como recurso legal es la idea que bajo un esquema de dolarización no habría acceso a políticas monetarias como mecanismo de ajuste para afrontar choques externos. Un crítico de la dolarización sentenció que se trata del equivalente a cortarle el brazo derecho al cuerpo económico. Pero si el brazo está podrido de cáncer inflacionario, que a su vez está poniendo en peligro toda la salud del cuerpo, debilitado por 30 años de devaluaciones habituales, sin duda que la mejor opción es la amputación del brazo.

Según una de las pocas voces a favor de reformas radicales en mi país, el Dr. Roberto Blum: la dolarización significa que el gobierno ya nunca podría imponer el terrible tributo inflacionario para diluir las deudas, o financiar episodios artificiales de crecimiento. Sin duda, no se trata de una varita mágica o de una medida sin costos. Se trata, más bien, de hacer un cálculo racional de costo / beneficio. Si, en el futuro que vislumbramos, cuatro de cada cinco transacciones económicas estarán ligadas al comercio con el resto del mundo, la asimilación monetaria se convierte en un fenómeno inevitable, que sólo la miopía nacionalista o el afán de abusar con el impuesto inflacionario podría detener.

Hay que dejar que el pueblo decida: la libertad monetaria implica eliminar el monopolio del peso sobre el recurso legal. México ha vivido una generación de promesas incumplidas y violaciones monetarias. Es tiempo de otorgarle a los mexicanos el derecho a proteger el valor de su trabajo, ahorro y esfuerzo.

Adaptado del testimonio presentado al Subcomité de Política Monetaria de la Cámara de Representantes del Congreso de Estados Unidos. Roberto Salinas León es director general de Estrategia Económica de TV Azteca y académico asociado del Cato Institute.

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