Economía

Reservas excedentarias

Lo primero que habría que decir es que el concepto de reserves internacionales se presta para que los legos en la materia hagan interpretaciones ambiguas. Esa multiplicidad interpretativa podría provenir del significado de la palabra reservas que, según el DRAE, con otras ocho acepciones que no vienen al caso, dice que reservar significa: “guardar para lo futuro”, “dilatar para otro tiempo lo que se debía ejecutar en el presente”, “separar o apartar uno algo de lo que se distribuye, reteniéndolo para sí o para entregarlo a otro”, “exceptuar, dispensar de una ley común”, etc, etc.

Aun cuando el sentido y significado semántico en lo cotidiano y coloquial se aproxime a esas interpretaciones, no se le puede pedir al DRAE que defina los contenidos académicos de las categorías económicas y, menos todavía, que estas últimas sean interpretadas según la limitada cultura económica de un administrador de casinos de tropa y oficiales.

Otra cosa sería las Reservas del Tesoro, que sí pareciesen obedecer a los conceptos del DRAE y que, por reflejar efectivamente la diferencia entre los ingresos y los gastos del fisco en bolívares, podrían aceptar algún limite máximo y deberían también tener un limite mínimo, que nuestros gobiernos populistas y manirrotos nunca admitieron ni admiten respetar.

La creación de un Fondo de Estabilización Macroeconómica buscaba, precisamente, reservar para el futuro los excedentes de ingresos fiscales, que bien podrían ser gastados en situaciones de verdadera necesidad. El actual gobierno se encargó de agotarlo y hacerlo, de hecho, inexistente.

Se ha dicho hasta la saciedad que las Reservas Internacionales del país son la contrapartida, en medios de pago internacionales, de la circulación de nuestros maltrechos bolívares; que por esa misma razón, cada dólar ingresado a las arcas del BCV produjo en su oportunidad la correspondiente entrega, a la tasa de cambio del momento, de los bolívares equivalentes y que, por ello, esos dólares de la reserva no son otra cosa que el respaldo de los primeros, su garantía, lo que les otorga un cierto nivel de fiducia y de confianza al ser aceptados en las transacciones habituales del circuito económico. Por cierto, un nivel de fiducia bien precario, cuando se compara con el que podría tener en vista de las elevadas reservas internacionales del país.

Si el BCV hubiese entregado el “millardito” solicitado por el Sol que nos alumbra, hubiese tenido que recibir de alguna instancia gubernamental los bolívares equivalentes; de lo contrario, el BCV se hubiese colocado en una circunstancia totalmente ilegal, su Balance no hubiese cuadrado de ninguna manera, a menos que se hubiese producido una nueva “donación” de su patrimonio a favor del gobierno.

Como Pilatos, el BCV se lavó las manos trasladando la responsabilidad al Fondo Rotativo de PDVSA, de manera que el despropósito ocurra antes de que los dólares ingresen a la contabilidad del BCV.

Duele decirlo, pero esta actitud de celestinaje seudo-académico por parte del Instituto Emisor, queda, junto con la aceptación de la apropiación de un monto significativamente importante del patrimonio del Banco por parte del ejecutivo nacional, y de la modificación del régimen de entrega de los remanentes de utilidades del instituto, como hitos emblemáticos de una gestión que, por los componentes de su directorio, se esperaba más seria e institucional.

Abierto el camino de Pilatos, vía PDVSA, ahora se le pide al BCV una evaluación del límite necesario de reservas, es decir, una apreciación indirecta para saber cuántos palos podrán darle a la piñata desde esa instancia incontrolada y caótica en que han convertido la antes empresa bandera del país.

Con ello piden a la otrora pudibunda institución monetaria, que certifique y confirme su renuncia a hacer política monetaria, que sacrifique aun más su ya mermada capacidad instrumental para adelantar alguna política de contención de precios, de protección del signo monetario.

Si antes la política monetaria no podía ser totalmente efectiva por la sistemática travesura populista en el presupuesto de gastos fiscales y la presencia de una PDVSA con autonomía de gasto, ahora, esa empresa se convertirá en una segunda instancia presupuestaria, pero eso si, tal y como a ellos les gusta, sin controles de ninguna naturaleza, incursionando en el agro, en programas sociales, educativos, de salud, con definido cariz político y al margen de las molestas entrepituras de la Asamblea Nacional.

Esta suerte de nueva Corporación Venezolana de Fomento, en que han convertido a PDVSA, más temprano que tarde, alargará la mano crediticia a esa nueva clase empresarial con la que tanto sueñan los Ceresoles del proceso y con ello sólo repetirán la triste historia de descapitalización de la CVF. Nada mas que, ahora, se trata de PDVSA, de la gallina de los huevos de oro.

En el mejor de los casos, los créditos otorgados por esa vía regresaran a formar parte de las Reservas Internacionales en la porción que corresponda al componente nacional de las inversiones, pero el daño a la estructura de capital de la empresa petrolera y al signo monetario ya estará hecho, aun cuando las buenas conciencias del BCV, esporádica y espasmódicamente, hagan una que otra declaración para lavarse la cara..

Siempre será posible algún ejercicio de proyección estadística que determine un monto de Reservas necesario, pero tal ejercicio deberá asumir una cantidad tal de supuestos aleatorios y fuera de la esfera de influencia real y efectiva del Estado venezolano que, al final, la cifra producirá mas risas que seguridades y, por supuesto, muy poca confiabilidad.

Por ello, mas allá de la determinación de un limite necesario y suficiente de reservas, lo que se le está pidiendo al BCV, es que dé cualquier cifra, para que por encima de ese monto, el Sol que nos alumbra empiece a repartir entre su acolitaje, a través del Fondo Rotativo de PDVSA, lo que es propiedad de toda la sociedad venezolana.

Las reservas internacionales actuales, por muy grandes que pudiesen parecer, no responden a una diversificación de la actividad productiva del país, menos aún al deseable incremento de la producción y la productividad, sino al más descarado control político de las divisas, que nada tiene que ver con los criterios de desarrollo equivocados o no, que en otras circunstancias podrían atribuírsele a un instrumento de esa naturaleza.

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