Economía

Respuesta popular a los impuestos y regulaciones

(AIPE)- Los políticos de la Unión Europea están empeñados en “armonizar” (igualar) los impuestos y las regulaciones para evitar que las inversiones y la mano de obra capacitada se muden a los países donde son mejor tratados por el gobierno. Pero tales “armonizaciones” tienden a ser siempre hacia arriba, es decir, a igualar los impuestos de valor agregado, impuestos sobre la renta, impuestos a las nóminas y a las empresas a los niveles de los países más socialistas como Francia, Suecia e Italia.

La respuesta de los pueblos europeos es la misma que vemos en América Latina: el crecimiento de la economía informal. Se calcula que la economía informal en España, Portugal, Italia, Bélgica y Grecia representa entre 22 por ciento y 33 por ciento del PIB de esas naciones. En la Unión Europea más de 20 millones de personas trabajan al margen de las leyes, en la economía informal.

Los políticos saben que no le pueden poner la mano a más de una cuarta parte de los impuestos decretados, pero alegan que lo que realmente les preocupa son las condiciones en que toda esa gente trabaja: ambientes poco saludables, largas horas, sin seguros médicos ni vacaciones pagadas. Pero esos mismos políticos son los culpables directos de tal situación, al haber encarecido exageradamente la contratación de mano de obra hasta el punto que los sueldos que los trabajadores europeos devengan suelen representar menos de la mitad del costo total de su contratación para el empleador. Bastante más de lo pagado directamente a los trabajadores lo pagan las empresas europeas en impuestos a la nómina que van a parar a fondos gubernamentales de pensiones, seguros de salud y de desempleo.

Cuando el costo de la mano de obra es tan alto que su aporte a las utilidades del patrono es ínfimo o negativo y cuando las leyes laborales encarecen exageradamente los despidos, las compañías simplemente dejan de contratar y tampoco reemplazan a los empleados que se retiran.

Por otra parte, los beneficios de las pensiones son tan generosos que muchos trabajadores europeos se están retirando antes de cumplir 60 años. ¿Por qué seguir trabajando si se puede recibir casi lo mismo de la pensión del estado?

Los líderes sindicales, que en esos países suelen también ser líderes políticos y miembros importantes de los parlamentos, han acumulado a través de los años muchas victorias, incrementando los derechos adquiridos de los trabajadores e incrementando los costos de contratar y despedir personal hasta el punto que el empleo en el sector privado se estancó. Los beneficiarios del sistema son los ya pensionados y los trabajadores actuales, quienes trabajan menos horas que el resto del mundo, gozan de 4 a 8 semanas de vacaciones pagadas, múltiples permisos remunerados y están cubiertos contra cualquier eventualidad. En ese paraíso socialista, las víctimas son los consumidores, quienes tienen que pagar en cada producto o servicio el exagerado costo de los beneficios sociales de los trabajadores involucrados y en peor situación aún están los jóvenes, quienes no pueden conseguir su primer empleo ni adquirir entrenamiento en el trabajo, debido a que el valor de su aporte es muy inferior al costo para la empresa de contratarlo, inclusive pagándole el salario mínimo legal.

En países como Italia y Bélgica, el peso total de los impuestos -sumando los impuestos a las ventas, a la renta y las contribuciones por nómina a la seguridad social- supera el 70% del ingreso promedio de los trabajadores. La única válvula de escape es la economía informal.

Aquí en Estados Unidos estamos oyendo los mismos cantos de sirenas sobre redistribución de la riqueza, emitidos por la campaña electoral de Al Gore. La diferencia, claro está, es que en este país más de la mitad de las familias tienen inversiones en la Bolsa de Valores, a través de acciones de las empresas donde trabajan, fondos de pensiones y fondos mutuales, lo que hace que los ataques de Gore a las petroleras, a las empresas farmacéuticas, de seguros, a las tabacaleras, a las empresas químicas, etc. le tocan el bolsillo a la mayoría de los electores. ©
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* Director de la agencia de prensa AIPE y académico asociado del Cato Institute.

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