Economía

Russell y la filosofía marxista

Dejemos las cosas claras: la lucha de la humanidad, de los grupos de intereses, es por la apropiación de la renta, de la riqueza local, nacional e internacional.

Esta pelea se hace continuamente y los frutos se reparten en cuatro toletes:
• Los propietarios del capital y la inversión, los capitalistas;
• Los trabajadores de las empresas (o por su cuenta);
• Los consumidores con poder adquisitivo (“los incluidos”);
• Los consumidores (potenciales) sin poder adquisitivo (los “excluidos” o pelabolas).

Esta renta no está repartida, como se sabe, de una forma igualitaria, y hay países o regiones con pocos ricos y muchos pobres, y viceversa. La regla de oro hoy es que el 10% de la población se coge (“disfruta”) del 50% del ingreso.

La mayor parte de los proyectos políticos auspician una mejor repartición de la renta, y la “erradicación de la pobreza” forma parte del programa de trabajo desde casi todos los partidos políticos hasta el propio Banco Mundial. No por casualidad, dado el sistema de votación normalmente vigente, la mayoría pertenece a los pobres

En esta repartición de la renta, el Socialismo se instaura en el siglo XIX referido principalmente a un solo sector de la repartición de la renta: la lucha DENTRO DE LAS EMPRESAS entre el capital y el trabajo, o sea, la repartición de la torta entre los accionistas y los trabajadores.

O sea que dejaron afuera a los consumidores, pobres y ricos, y a los trabajadores por su cuenta (sin patronos). Una pelusa.

Resulta lógico que con la llegada de la Revolución Industrial y la formación de las grandes fábricas surgiera esta confrontación, así como la aparición de una filosofía específica para enfrentar la situación social y económica de la época, la filosofía Marxista, el tiempo y su circunstancia.

Ahora bien, como explica Bertrand Russell:

Podemos decir, de un modo amplio, que la filosofía griega hasta Aristóteles expresa la mentalidad apropiada a la Ciudad-Estado; que el estoicismo es apropiado a un despotismo cosmopolita; que la filosofía escolástica es una expresión intelectual de la Iglesia como organización; que la filosofía, desde Descartes o, en todo caso, desde Locke, tiende a incorporar los prejuicios de la clase media mercantil, y que el marxismo y el fascismo son filosofías apropiadas al moderno Estado industrial…”

Añadimos modestamente nosotros, una filosofía que cubre principalmente la repartición de la renta dentro de las fábricas, bajo el argumento que unos gerentes (propietarios) explotan a los trabajadores apropiándose de la “plusvalía” (o excedente sobre los costos obtenido en las operaciones).

Pasado en siglo XIX y pasadas las cruentas luchas entre sindicatos y patronos, muchas de las cuales dieron lugar a una serie de reivindicaciones labores, no parece lógico resucitar una filosofía que se justificó en una época pero que no está más vigente, a menos que se utilice como “versión pantalla” para perseguir otros objetivos.

Quizá habría que buscar otros asesores (preferiblemente no alemanes), para que desarrollen una nueva filosofía para los enfrentamientos del siglo XXI, todos basados en la apropiación de la renta (no de la plusvalía, ojo), pero quizás orientados bajo la óptica del “choque de civilizaciones”. Pero plusvalía, trueque y amor al prójimo, por favor!!
Lo que no es correcto porque como dijo también Russell (idem, 404):
“Se dice que el amor a lo eterno es característico de una clase ociosa, que vive del trabajo de los demás…”

Y terminamos con la canción de los sindicalistas de Chicago:
“You will eat, youl eat, when you die – you`ll get pie in the sky when you die (that`s a lie!!)

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