Economía

Seguridad de suministro: un tema central en energía

La reciente disputa entre Rusia y Ukrania por el precio del gas natural, que llegó a su clímax con la amenaza de Rusia de cerrar el suministro del combustible, cosa que incluso cumplió parcialmente por un par de días con consecuencias que afectaron a Europa en pleno invierno, ha vuelto a despertar el fantasma de la inseguridad de suministro. Un continente como Europa, que depende en casi la mitad de su suministro de gas de un solo proveedor como Rusia, siente el estado de vulnerabilidad en que se encuentra ante un número elevado de contingencias: accidentes, catástrofes naturales, conflictos políticos, discrepancias económicas y otras eventualidades que los pueden afectar. De todas estás contingencias las derivadas de la decisión del proveedor, cualquiera que sea la causa, son las más graves, porque dejan al desnudo el grado de dependencia e indefensión del comprador.

Por eso la decisión Rusa ha sido mucho más grave de lo que parece después de la pronta solución del conflicto. Ha puesto en entredicho la condición más importante que requiere todo país que dependa del exterior para satisfacer sus necesidades energéticas, la seguridad de suministro.

Energías como el gas natural o la electricidad no son “commodities”, que se pueden ir a buscar libremente en el mercado. Cuando se construye un vínculo entre dos países, bien sea por tuberías o por líneas de transmisión eléctrica, se establece una relación que dura décadas. Las inversiones son muy grandes y requieren años para recuperarse. Por ello se tienen que definir reglas muy claras que puedan perdurar en el tiempo, que conformen un buen contrato con el que ambas partes puedan vivir a gusto. En todo caso, siempre se establece una relación de dependencia donde el consumidor queda a merced del suplidor, por ello la confianza es fundamental para que la relación funcione.

En una reunión de emergencia de los ministros de energía europeos, celebrada el 4 de enero, el grupo ha comenzado a replantearse el futuro del suministro de gas del continente, buscando opciones que incluyen desde potenciales nuevos oferentes hasta la sustitución del gas por otros combustibles. Es sólo un comienzo, la tarea no será fácil, pero marca una tendencia que tendrá fuertes repercusiones económicas para todos.

La lección que podemos sacar los venezolanos, como suplidores de hidrocarburos, y también de electricidad, es que debemos fortalecer nuestra confiabilidad. Las posiciones autárquicas a la larga resultan negativas. Hasta ahora, la revolución bolivariana se ha mantenido confiable como suplidor de petróleo, a pesar de un discurso que muchas veces ha sido amenazante. Pero el tema será muy distinto si alguna vez nos convertimos en exportadores de gas, bien sea por tuberías o como LNG, en ese caso debemos desvincular el suministro de los objetivos políticos de la revolución.

Ahora que vivimos hablando de un gasoducto hacia el sur, tenemos que pensar que los gobiernos de Brasil y Argentina pueden cambiar y mañana la dirección de esos países puede estar en manos de “cachorros del imperialismo”, pero el suministro de gas no puede ser interrumpido. Si no entendemos estas razones y pretendemos que nuestra energía sea la punta de lanza de la revolución y de una integración hacia el socialismo del siglo XXI, siempre más política que económica, nunca seremos suplidores confiables y nadie hará negocios de largo plazo con nosotros.

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