Economía

Signos de flaqueza

Las instituciones internacionales advierten casi todos los días sobre la endeblez de la recuperación económica mundial. La OCDE dio a conocer ayer su indicador económico compuesto, elaborado en agosto, cuya conclusión es preocupante: el crecimiento de la economía parece haber tocado techo. La reactivación observada en los primeros meses de 2010 parece encaminarse, según los indicios que recoge el informe, hacia una ralentización en las principales economías y en los países emergentes. No es que vuelva la recesión; es que el impulso reactivador se está deteniendo. Esto ya es un hecho en países como Estados Unidos, Reino Unido, Italia o Francia. Si los indicios que destaca la OCDE toman cuerpo, la pregunta es si estamos ante una fase corta de desaceleración o si acabará en un estancamiento prolongado. La opción más probable es la primera.

Es inevitable explicar la advertencia de la OCDE por la retirada de los planes públicos de estímulo; y debe relacionarse con el reciente informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), en el que no solamente se reducía la previsión de crecimiento mundial en una décima para 2011, sino que se advertía del grave obstáculo que supone para la recuperación mundial la mediocre situación de la banca internacional. A pesar de las enormes cantidades de dinero público invertidas en sanear los balances bancarios (parte de esas cantidades se han devuelto), no se ha conseguido restablecer la normalidad crediticia. Se entiende por normalidad, en este caso, la disposición de crédito para financiar inversiones y liquidez a empresas y particulares de solvencia fuera de dudas.

Sin crédito no habrá crecimiento económico o será muy inferior al que se requiere para el aumento del empleo; sin crecimiento de la demanda, tampoco. La financiación de la economía mundial no dispone hoy de otras opciones firmes que la bancaria. Estas condiciones son correctas, pero no nos dicen por qué los bancos no están cumpliendo con su función crediticia. En teoría, están recapitalizados. Una explicación es que todavía no han desaparecido de sus balances los activos tóxicos y que los depósitos no crecen.

Los matices, no obstante, son importantes. Que haya una ralentización del crecimiento no significa una vuelta a la recesión. Y tampoco que afecte por igual a todos los países. La trayectoria de recuperación de Alemania, por ejemplo, parece la más sólida de los países industrializados.

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