Economía

Sin electricidad no hay plan de viviendas

Hemos expresado en reiteradas ocasiones que un plan sustentable de viviendas necesita un conjunto de condiciones que afiancen su sostenibilidad en el tiempo y responda a las reales expectativas de la población. Requiere un marco legal que incentive y no entrabe la producción; garantice el suministro de insumos, el financiamiento oportuno, y los servicios públicos de calidad, que  permitan ensamblar un desarrollo urbanístico armonioso. Este sería el esquema normal aplicable en políticas serias, identificadas con las necesidades de los venezolanos. Lástima que en Venezuela no sea más que una utopía.

            En los últimos 11 años la construcción de viviendas no ha repuntado porque ha estado expuesta a escollos que entorpecen su desarrollo. No ha existido un punto de equilibrio y por ello los resultados de producción han sido insignificantes. Si no falta el financiamiento, el suministro de insumos se dificulta, agravado por la intervención de  empresas abastecedoras de materiales de construcción. Si reaparecen esporádicamente  y a precios superiores, se encarece el crédito y las familias no tienen capacidad para asumir deudas hipotecarias. El ciclo inmobiliario se ha debatido entre una y otra dificultad, sometido a las presiones de la permisología, acosado por un marco legal inconsulto, discrecional, que lo asfixia y niega toda posibilidad a los venezolanos a ser propietarios de su vivienda.

            Se suman ahora la insuficiencia de servicios públicos entre agua potable, vialidad, transporte, y accesibilidad a los centros residenciales en expansión. Y aparece la más grave de las crisis, el deterioro del sistema eléctrico que afecta a la población en sus hogares, en sus centros de trabajo, en todos los frentes donde la electricidad facilita su vida como en toda sociedad moderna. Perjudica al aparato productivo y  dentro de él vulnera doblemente a la industria de la construcción inmobiliaria, porque el racionamiento de electricidad incide en la producción de los insumos, y en el proceso constructivo. De manera que si la edificación de viviendas se redujo drásticamente en el año 2009, a poco más de 60.000 unidades, por las limitantes señaladas y la falta de seguridad jurídica, este año seguirá cuesta abajo entre apagones, incremento de costos, cargas inflacionarias, y nuevos instrumentos jurídicos que  frenan las inversiones.

            La crisis del sistema eléctrico nacional, anunciada con antelación por  expertos y profesionales del sector, es consecuencia de la impericia, la desidia y la improvisación con que el Gobierno Nacional acostumbra a operar los servicios estratégicos. Como en la industria petrolera, sustituyó los cuadros técnicos, desmantelando el nervio motor de la otrora eficiente Electrificación del Caroní (Edelca). Puso oídos sordos a los planteamientos sobre la urgencia de invertir y modernizar los sistemas de generación, transmisión, distribución, comercialización y sobre todo la gestión de esta delicada industria.

            Tampoco el gobierno demostró interés en explorar fuentes alternas de generación eléctrica, de origen termoeléctrico, basados en combustibles fósiles gaseosos, carbón, coque y orimulsión; de energía eólica y solar, sin menoscabar las posibilidades de otras centrales hidroeléctricas en las cuencas del Caroní (Tayucay),  o en los ríos Cuchivero y Boconó, además del desarrollo del complejo Uribante – Caparo. La respuesta fue centralizar el sistema en Corpoelec y acelerar el colapso del servicio.

            Para capear la crisis crea el Fondo Eléctrico Nacional, cuando el mal está ya hecho, y los costos sociales, económicos, y también políticos, son incuantificables. Llega tarde el Fondo, pero en honor al futuro de las próximas generaciones no nos queda más que augurarle avances sustantivos que dependerán del giro de las acciones.

            Exige el gobierno sacrificios al país, y paradójicamente desdeña la capacidad de profesionales venezolanos especializados para encarar la crisis. Prefiere solicitar la ayuda de extranjeros de dudosa capacidad en el área, en señal del más descarado desprecio por la inteligencia de nuestros nacionales. Pero este pueblo es tan noble que contribuirá con su aporte al ahorro energético, dejando en claro sí, que nobleza no es sinónimo de conformidad.

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