Economía

Tenebrosa ALBA para el futuro del reaseguro venezolano

Como suele ser costumbre en las decisiones que se vienen adoptando en estos días aciagos para nuestra patria, y bajo la complaciente filosofía de un neosocialismo mal entendido, se embate de nuevo contra otra institución empresarial privada y se pretende convencer al pueblo de que con la incursión del Estado en dicha área se hacen espléndidos negocios y se siembra riqueza y paz social, cuando que en verdad lo que así se inicia se lo hace con poco tino, pero si con mucho desatino, tal como lo demuestra el ejemplo de varios gobiernos que han optado por propiciar y realizar actividad Reaseguradora estatizada, tanto regional como intercontinentalmente.

Como se caerá en cuenta, se trata ahora de atacar la actividad reaseguradora nacional, desplegada modestamente por unas tres empresas privadas, sostén de muchas familias, y fuente de aprendizaje de cientos de compatriotas. Se avisa y proclama la creación de una industria reaseguradora del Estado venezolano, multimillonaria en capital, la cual obviamente hará inicialmente competencia desleal a las privadas que operan en el sector.

Decimos inicialmente, porque la historia, la ciencia y la experiencia han demostrado a cabalidad y sin excepciones los deplorables resultados de esas actividades estatales en el área y por los muchos contrapesos y vicios con los que suele operar el lento aparato burocrático del Estado, en gobiernos capitalistas o socialistas.

La actividad reaseguradora es una industria que ya data de muchos años, de origen y raigambre privado, sin la cual no se concibe modernamente la industria aseguradora y de previsión. La misma opera bajo gestión empresarial de muy claros y atinados principios técnicos, donde no se admite jugar con desafueros, corrupción en ninguna de sus formas, errores de amiguismos, ni complacencias de empresarios fantoches.

El Reaseguro constituye el más sólido de los pilares de la actividad aseguradora mundial. No hay seguro sin reaseguro, y es así, pues no puede haber buen aseguramiento sin aplicar el principio técnico de la dispersión y de la difusión de los riesgos asumidos.

Las empresas reaseguradoras mundiales, tienen una sola base científica de aplicación general, que no admite excepciones ni errores por carencias técnicas, imprevisiones, impericias o desafueros. Se requiere a su vez contar con una figura afín y que se rige por los mismos principios científicos, denominada la Retrocesión, en virtud de la cual, quienes reaseguran a su vez también ceden parte de sus riesgos y los reaseguran con otros que los siguen.

Si el Estado por razones excepcionales y fortaleza financiera opta por auto-asegurarse, y solo en esos casos, es que se justifica que incursione como auto gestor de sus seguros y prescinda de los reaseguros, pero ni es propio de su rol, ni suelte tener la capacidad técnica ni empresarial para gestionar los seguros ni reaseguros del resto de los ciudadanos. En todo caso, repetimos, ello debe ser excepcional en buena y sana práctica asegurativa, y siempre debe operar más bien con una empresa cautiva y contar con el reaseguro privado.

Ejemplos de errores crasos al incursionar el Estado en esta actividad son muchos y de reciente y vieja data. Los políticastros, incurren en tan lamentables errores, inducidos por los principios de internacionalización de la actividad reaseguradora y bajo la creencia de que controlándola se hacen millones con divisas, pues otra de las características de la actividad reaseguradora es el imprescindible manejo de obligaciones en divisas, para poder atender precisamente la multiplicidad y diversidad de riesgos, además geográficamente dispersos.

Esas divisas en nada afectan las finanzas nacionales, pues a su vez se generan y se tienen que invertir en la gestión re- asegurativa y simplemente imponen a los Estados, el debido y serio control de la actividad de cada empresa reaseguradora, pero jamás el que se permita imaginar siquiera la competitividad con el sector oficial o la adecuada decisión política de acceder a los entes públicos al ejercicio de una actividad, en el fondo, con precarios márgenes de utilidad y con altas exigencias de eficiencia, tecnicidad y profesionalismo, por lo general ajenas al desempeño propio del Estado y sus entes.

La gestión reaseguradora no admite improvisaciones, ni vaivenes propios del funcionamiento político de los Estados, la complacencia, la impericia, fallas, y falta de rectitud en el proceder empresarial, son causas eficientes para el fracaso de instituciones que han venido manejando diversos Estados en el entorno mundial. Tales fracasos y deplorables situaciones terminan perjudicando las finanzas públicas, esto es, los dineros de Juan Pueblo quien termina soportando las inexperiencias y deplorables errores de sus gobernantes.

Los mal recordados entes Reaseguradores estatales a través del mundo, han sido ejemplos vivientes de burocracias indeseables, corruptelas, descrédito para la industria reaseguradora e inclusive la aseguradora, y a la larga no han podido soportar los embates de las malas suscripciones, los cúmulos indebidos de riesgos, y han terminado reconociendo la indispensable y necesaria participación de las grandes reaseguradoras privadas nacionales o internacionales, dejando como consecuencia de tan lamentables experimentos, desprestigio para la industria local y grandes pérdidas financieras.

En Venezuela se nació con la tradición del reaseguro en manos de empresarios privados, y con el correr del tiempo, luego de decantados problemas e inexperiencias, han quedado en el mercado unas pocas sólidas empresas privadas, dando inmejorables servicios, constituyendo fuente de trabajo para un buen número de compatriotas y formando recursos humanos, tanto para la misma actividad como para la industria aseguradora nacional e internacional.

Una época de oro, pero que no contó con el respaldo de los empresarios serios, lo fue cuando se impuso por Ley a las aseguradoras la obligación de reasegurar un porcentaje de riesgos localmente con empresas nacionales. Los resultados de tan inadecuad política lo fueron un crecimiento aparente de reaseguradoras en el mercado, luego desaparecidas con el tiempo. Ese indeseable nacionalismo impuesto, que a nada bueno conduce ni en este ni otros campos de la actividad productiva, se corrigió en la vigente Ley, donde nuevamente se abrió la participación sin limitaciones al capital y experiencia extranjera, sin que por ello se hayan extinguido los nichos de negocios para la actividad nacional reaseguradora.

No entendemos de quien es la idea de la estatización del reaseguro, ni el porqué de su implementación. Pensar en la incursión del Estado en dicha actividad es aupar su entrada en un nicho que no le es propio ni se justifica que lo sea por razón social, financiera ni técnica.

Ojala no sea tampoco uno de esos tumbaditos regionales que de cuando en tiempo nos vienen a los venezolanos, de querer apadrina países vecinos que nos ofrecen diz que buenos negocios, pero nos terminan usando como infelices mecenas. Esperamos que no se trate nuevamente de esas ideas de las que en otros tiempo hemos resultado víctimas de alguna de esas trampajaulas que de cuando en cuando nos montan nuestros hermanos sureños, sabiéndonos los hermanos millonarios e inexpertos, en varias ocasiones utilizados perversamente contra la ingenuidad de nuestro país, y en las cuales hemos terminado, como en el caso de la tristemente celebre Venezolana de Navegación, siendo trompos servidores, abriendo y dejando buena cancha a los demás en contra de nuestros intereses patrios.

Argentina, Brasil, Chile, inclusive Perú, han tenido serios descalabros en el Seguro y en el Reaseguro, no habiendo dado pie con bolas con la actividad controlada por el Estado en el reaseguro. No quiero ni pensar que entonces estemos haciéndole la cama a otros vecinos interesados para que Venezuela, sin experiencia en la materia, pero buchona en recursos, termine siendo el plato principal en la mesa de aseguradores foráneos.

No entendemos finalmente, una vez más, como es eso de que predicamos el nacionalismo, el endogenismo, la promoción del capital y fuentes de trabajo, por un lado y por el otro, le entramos a patadas a la organización de empresas nacionales estables, con experiencia y que no podrán competir con entes apadrinados por el Estado con duración normalmente efímera y de resultados deplorables, para luego dejar los nichos abiertos a la inversión extranjera y con el consabido exterminio del esfuerzo nacional empresarial ya iniciado y en marcha.

Que tampoco se nos pretenda engañar con el cuento de que estamos exterminando los monopolios, pues en esa área nadie impide la competencia de mercado, ni el goce de mercados cautivos, o la defensa de la industria nacional, cuando a la vez estamos en cuenta de que se ha recomendado que la industria aseguradora y reaseguradora nacional quede excluida de la contratación de seguros en divisas, dejando campo abierto a las empresas extranjeras. Por mal camino andamos con esos extraños procederes que comportan inusual favoritismo a lo foráneo.

¿Será ese el socialismo del XXI? Entonces, ¿que quedará para el del XXII Concluiremos con un lamentable presagio: Todo lo que se avizora son solemnes y temibles nubarrones para la nueva “alba” de la industria reaseguradora nacional privada. Oído al tambor señor Presidente y señor Ministro de Finanzas.

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