Economía

Un banco central para Venezuela

Uno de los daños más severos que la política del presidente Chávez le ha hecho a Venezuela ha sido la liquidación institucional del Banco Central de Venezuela hasta convertirlo en una especie de caja chica del Gobierno. Para todos los fines relativos al diseño e instrumentación de la política monetaria puede afirmarse sin ambigüedades que Venezuela carece de un instituto emisor. Parte del sometimiento del BCV comenzó cuando en 2000 se modificó la práctica contable instituida con el objeto de entregar utilidades cambiarias ficticias para financiar el déficit fiscal. Otro episodio ocurrió en 2003 cuando Hugo Chávez presionó hasta la humillación a las autoridades monetarias para que le entregaran un millardo de dólares con la excusa de que necesitaba recursos para fomentar los planes agrícolas. Un directorio sumiso le entregó tres millardos de dólares, los cuales seguramente se perdieron toda vez que la producción agrícola de Venezuela actualmente es menor que la del año 2003 y la tendencia importadora del país se ha reforzado. No había tales proyectos agrícolas que financiar como se pudo comprobar más tarde. El punto culminante de la destrucción del BCV vino con la reforma de su ley en julio de 2005, cuando con la complicidad de parte del Directorio del BCV se consumó una barbaridad en términos económicos cuya naturaleza inconstitucional es evidente.

Con la creación del Fondo de Desarrollo Nacional (Fonden) se permitió que los dólares de las reservas internacionales del BCV que habían sido compradas a PDVSA fueran trasferidas al Gobierno para que con los mismos dólares se realizara una nueva emisión monetaria o nuevo gasto en bolívares. Con ello se legalizó el financiamiento monetario del déficit fiscal, situación que está expresamente prohibida en el artículo 320 de la Constitución. La desfachatez fue tal que ciertas autoridades del BCV y el ministro de Finanzas argumentaron que se había innovado en materia de política monetaria cuando lo que estaba ocurriendo era un vulgar trasvase de fondos desde el BCV hacia el fisco nacional. Como era de esperarse, ello significó una perdida del capital del BCV que afectaría la solidez del bolívar no obstante los malabarismos contables que por órdenes de la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras hubo de realizar el BCV para intentar ocultar el deterioro de su patrimonio.

Al interior del BCV la situación debería ser muy preocupante para el país porque también se está afectando el activo más importante de la institución: su personal. La aplicación de la lista Tascón, el temor a expresar francamente las ideas, la censura a la publicación de papeles de trabajo, la cancelación de la discusión técnica y una desmejora del ambiente de para investigar y trabajar le han hecho un daño enorme al banco central. A ello hay que agregar la virtual supresión del sistema de seguridad social del cual gozaban los trabajadotes del BCV, como reflejo de estabilidad laboral, remuneraciones apropiadas y ascenso profesional en un tiempo en que la Administración Publica de Venezuela se deshacía víctima del clientelismo y la politiquería. Lo anterior está incompleto si no se menciona con cargo a la actual gestión del directorio del BCV la eliminación del programa de becas para los empleados del BCV que permitió formar el grupo de profesionales más completo con estudios de postgrado que existía en el sector público de Venezuela.

La razón de ser de un banco central es la preservación de la estabilidad monetaria y su expresión más visible es el control de la inflación. Tan inhabilitado está el BCV para estos fines que con todo y el sistema de control de precios y de cambio Venezuela tiene la tasa de inflación más elevada de América y una de las mayores del mundo. En un contexto inflacionario se dificulta la generación de empleos y se lesiona el bienestar de la población. Por ello, para el progreso de Venezuela es vital recuperar al Banco Central de Venezuela como una institución fundamental para el logro de tasas de inflación bajas y estables. Con ese propósito como norte, la primera acción para la refundación del banco central debe consistir en la restauración de la autonomía del BCV para que pueda diseñar y aplicar las medidas de política monetarias pertinentes encaminadas a disminuir la inflación, para lo cual se requiere revertir la reforma de su ley y afianzar su objetivo central, tal como ocurre en todos los países civilizados. Una segunda medida debe establecer el nombramiento de un cuerpo directivo comprometido con la estabilidad financiera de Venezuela y con competencias en materias monetaria y financiera. Finalmente, debe aplicarse una política que revalorice los recursos humanos del BCV y propicie un ambiente de tolerancia, libertad y confianza en el trabajo.

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