Economía

Un millón de cestas básicas

Cartas al ‘soberano’

Puede que este sea el precio necesario para borrar la «ilusión» creada por la demagogia electoral del gobernante. El precio para convencer a quienes votaron erradamente.

Estimados amigos: Los resultados del referéndum aprobatorio de la nueva Constitución, en diciembre de 1999, dejaron dos reflexiones: o hubo un fraude masivo o se votó irracionalmente. La de 1961 fue una mala Constitución. Era una Constitución populista hecha durante un período de bonanza que contenía muchas promesas de difícil o imposible cumplimiento, pero sobre todo era estatista, socialista, limitadora de la libertad individual. Algo a su favor: estaba razonablemente redactada. La de 1999, además de estar pésimamente escrita, contiene cargas políticas, sociales y económicas incuantificadas por los constituyentes e imposibles de cumplir, tal como muchísimas personas se están comenzando a dar cuenta.

El caso de los trabajadores de la industria petrolera es insólito. Los gobiernos anteriores siempre habían cedido ante las presiones de éstos por mantener una ‘ilusión de armonía’ (Caldera ordenó firmar un contrato tan malo como el actual). Les daban lo que pedían, aun a sabiendas de lo absurdas y onerosas que eran las peticiones, para evitar disturbios, manifestaciones o huelgas, sin tener en cuenta que la carga que le estaban imponiendo a la empresa (y subsiguientemente a todos los venezolanos que somos los dueños de la misma) podría terminar arruinando primero a Pdvsa e inmediatamente a Venezuela. Nunca les importó, fue el sistema de correr la arruga. El que venga cargará con los problemas. Estamos viviendo las consecuencias.

Este no tan nuevo gobierno tuvo la oportunidad de romper con esa tradición, parándose frente a los sindicatos y con el apoyo seguro de sus partidarios (y probablemente de muchos de sus adversarios) de detener finalmente los abusos del sindicalismo. Pero: ¿Qué sucedió? Nada. Más de lo mismo. Comenzó maniobrando, engañando y amenazando, pero al ser enfrentados claudicaron, tal cual Caldera, aceptando el planteamiento sindical.

Este incremento salarial, según cálculos bastante precisos, equivale a $ 0,70 por barril de petróleo (para visualizar: Venezuela produce 3.200.000 barriles diarios que multiplicados por el aumento de $ 0,70 por barril y por 365 días al año aproximadamente $ 985.500.000). O dicho como le gusta al Presidente (calcula en barriles de perfumes o de Coca-Cola) equivale a más de un millón de cestas básicas mensuales (cada cesta cuesta Bs. 600.000, que al cambio en dólares es $ 870 aproximadamente por cada una). De un plumazo les dio a 40.000 trabajadores una cantidad de dinero que hubiera servido para mantener a más de un millón de familias venezolanas (cada familia está compuesta por un promedio de 5 personas; total cinco millones de personas) durante un mes. ¿Qué les parece? Los que apoyan al Presidente lo seguirán apoyando, pero muchos no seguirán comiendo.

Estos fondos se los quitaron a estas familias, pues de alguna parte tienen que salir los aumentos. Se los sustrajeron a ‘los niños de la calle’, a los buhoneros, a los recogelatas, etc.; a aquellos a quienes el Presidente se dirige y convence con sus innumerables discursos y alocuciones. Pero, por si esto fuera poco, pone a la industria petrolera en una posición menos competitiva, pues la ha convertido en la de mayores costos de mano de obra por barril en el mundo, lo cual hará que cuando baje el petróleo se potencien las dificultades.

Pero esta ‘irracionalidad’ aparente tiene su razón táctica. El sindicalismo está muerto y lo estará más luego del ‘referéndum’ (inconstitucional según muchos, absurdo sin duda), cuando todo el ‘sindicalismo’ pase a manos del Gobierno, quien lo utilizará, no en función de buena administración, sino como mecanismo de control del poder.

Nada parece importar en estos momentos de embriaguez política y económica lubricada por los altos precios del petróleo que permiten los generosos regalos a los países del Caribe (igual que hizo CAP) los partidos de beisbol con Fidel Castro. (¿Cuánto le cuestan a los venezolanos en dádivas petroleras?) y las estrambóticas reuniones cumbres. Pero los precios bajarán. Y lo harán dramáticamente y cuando así suceda nos encontraremos en una lamentabilísima situación. Habrán pasado años de desgobierno, donde lo poco que había se destruyó y nada se construyó.

Puede que este sea el precio necesario para borrar la ‘ilusión’ creada por la demagogia electoral del gobernante. El precio para convencer a quienes votaron erradamente. El precio a pagar por el error de haber sido engañados aunque razones habían y justísimas, para desear romper con el pasado. Es una verdadera tragedia. Transaron este problema con un millón de cestas básicas.

¿Qué no harán con los próximos?

Atentamente,

OGM

P.S. En diciembre dejé de escribir. Quizá el ‘Sí’ fue la causa. Ahora lo haré con menos frecuencia, aunque hay más material.

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