Economía

Venezuela después de Chávez

(AIPE)- Ya es poco el tiempo que le queda a Hugo Chávez en la presidencia. Sólo algunos ilusos en el oficialismo piensan que este gobierno puede perdurar aún con la oposición decidida de más de dos terceras partes de los venezolanos. El final será difícil, luego de varios meses más de lucha, pero ya es inevitable.

Al salir Chávez encontraremos una nación donde seis de cada diez venezolanos está desempleado o sobreviviendo en el sub-mundo de la economía informal, donde la administración pública ha dejado de existir, donde se ha destruido la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas, donde los organismos de seguridad del Estado han sido penetrados por bandidos ligados al hampa organizada, donde ha sido corrompida la estructura gerencial de Petróleos de Venezuela (PDVSA), donde se ha destruido el poder adquisitivo de la población y aniquilado la clase media. En estas condiciones regresar a los esquemas tradicionales del mundo político venezolano sería nefasto. Venezuela necesita una inyección urgente de crecimiento económico, conjuntamente con una profunda reforma en las dimensiones y funcionamiento del Estado, y esto sólo será posible lograrlo a través de la ejecución de medidas audaces que rompan con la tradición socialista de los últimos 44 años.

Para retomar el crecimiento, de forma inmediata, Venezuela necesita enterrar de una vez y para siempre las ideas de Juan Pablo Pérez Alfonzo, fundador de la OPEP, en materia petrolera. Nuestra política debe ser la de recuperar el sitial que perdimos en 1971 como primer exportador mundial de hidrocarburos. Para ello será necesario hacer entender al país que la renta petrolera no depende de la propiedad de las acciones de PDVSA sino de los impuestos que genera la actividad petrolera y, por lo tanto poco, importa a los efectos de optimizar la renta nacional quién es el dueño de las acciones de la industria. PDVSA debe ser vendida al mejor postor.

Conjuntamente con los cambios en la política petrolera, será imperativo vender todas aquellas empresas que aún quedan en manos del Estado, comenzando por la empresa eléctrica CADAFE y las ligadas a la Corporación Venezolana de Guayana. Paralelamente será imperativo reformar nuestra absurda legislación fiscal para convertirla en un instrumento de desarrollo y no en un conjunto de normas adecuadas a intereses particulares, diseñadas para lograr una utópica sociedad igualitaria, como ha sido el caso hasta ahora. Una buena normativa fiscal es un instrumento fundamental para la competitividad y la generación de empleo. Igualmente será imperativo efectuar la tan ansiada reforma del sistema de seguridad social, cuidando que esta sea implementada de forma que se convierta en un estímulo para toda la economía y que no se ejecute atendiendo sólo los miopes intereses del sector financiero.

En el campo social, se deben reestructurar los dos ministerios más importantes, como son Salud y Educación. En ambos casos la responsabilidad administrativa y gerencial de los centros hospitalarios y las escuelas debe ser delegada totalmente a las gobernaciones y alcaldías, quedando los despachos ministeriales con las nóminas mínimas indispensables para coordinar el marco regulador y programático.

Sueños socialistas y estatistas apartaron a Venezuela del sendero de la prosperidad y el crecimiento económico. Está en manos de los venezolanos confrontar la realidad y liberarnos de asfixiantes políticas gubernamentales.©

* Dirigente empresarial venezolano.

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