Economía

Venezuela liquida bonos argentinos

Mientras que ya se habla de una nueva negociación en curso entre Caracas y Buenos Aires por otro préstamo de u$s 1.000 millones, el gobierno venezolano dispuso que el 19 de agosto venza el plazo para que los bancos locales se deshagan de sus « notas estructuradas» con bonos en dólares de deuda de terceros países, principalmente de la Argentina.

Fuentes financieras venezolanas estiman que en los próximos 40 días se liquidarán cerca de u$s 6.000 millones en bonos. Esta abrupta saturación de la plaza con papeles de deuda extranjera asegura una fuerte caída en el valor de los mismos. También afectará a los futuros préstamos venezolanos que busca nuestro país. En estos momentos, Venezuela es la única fuente de financiación externa con que cuenta la Argentina. La obcecación y yerros políticos internacionales de la administración K, además del destrato hacia los deudores más importantes -Club de París y holdouts- no permitieron que hasta ahora se abrieran para el país otras puertas de crédito. (Se verá si Tom Shannon puede hacer algo -como le pediría la Casa Rosada- ante el Club de París, organismo al que se le deben u$s 6.300 millones y con el que por impericias y contraórdenes argentinas se abortaron dos intentos de acuerdo en los últimos meses).

Las notas estructuradas venezolanas se constituyeron a partir de 2006 a través del Fonden, un fondo destinado -en teoría- a planes de desarrollo y que cuenta con recursos que le entrega PDVSA y reservas que confisca al Banco Central venezolano. Mediante el Fonden, el gobierno chavista adquirió deuda argentina (también, aunque menos, ecuatoriana) que luego vendió a la banca privada. Un negocio bien interesante, ya que el gobierno de Caracas -que adjudicaba las notas de forma discrecional entre bancos «agradecidos»-compraba los bonos a un tipo de cambio promedio de 3.500 bolívares por dólar y éstos se vendían después en el mercado paralelo a 5.500 bolívares por dólar.

Eso hasta mitad del año pasado, cuando el Banco Central de Venezuela, no desinteresadamente permitió que el dólar paralelo traspasase la barrera de los 6.500 bolívares. Con lo cual, hubo varios bancos que se aventuraron a comprar a 5.000 bolívares esa «deuda de riesgo», como hoy la califica Rodrigo Cabezas, ex ministro de Finanzas y artífice de este rulo financiero. Claro, no imaginaban que a julio de 2008 el gobierno iba a planchar el dólar en 3.300 bolívares y que sus expectativas se trocarían en pérdidas.

Argumento

Ahora y de repente, el Ministerio de Finanzas venezolano exige que los bancos se desprendan de los bonos en dólares. Argumenta que varios estarían violando la norma que impide tener posiciones en divisas por un monto superior a 30% del patrimonio.

Moraleja: el verdadero desajuste recién empieza ya que la venta forzada con un plazo que expira el 19 de agosto trae asegurada una fuerte caída en la cotización de los bonos en cuestión. Se calcula, además, que no menos de media docena de bancos saldrían del mercado por estar sobreexpuestos con estos bonos (algunos de ellos tendrían papeles que llegan hasta 400% de su capital).

Pero la especulación en torno a las notas estructuradas no es sólo financiera y bancaria. Es también política. Se habla en Venezuela de que con esta medida, el gobierno de Chávez estaría dando el primer paso en otro de los sueños bolivarianos: la estatización progresiva del sistema financiero. Nada descabellado, sobre todo si se tiene en cuenta que ya lo hizo con la petrolera PDVSA, las eléctricas y, hace apenas unos meses, con Sidor.

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