Economía

Ventajas del trueque

Ya el gobierno lo practica con frecuencia en el comercio internacional,
cambiando petróleo por azúcar, carne, servicios de asistencia médica,
entre otros. Y ahora lanza la idea matriz del trueque como principio
reordenador en lo interno de la economía socialista que quiere imponer,
donde vaya desapareciendo el dinero como medio de pago.

Obviamente, cuando el dinero desaparece como medio de pago ya no es
dinero. Pueden existir monedas y billetes, pero más bien como
curiosidades de la vieja economía capitalista, y serán sin duda objeto
de coleccionistas, después que el Banco Central los recoja en su mayoría
de la circulación. A partir de ese momento, los escasos ejemplares
realengos, pueden convertirse en instrumento de reserva de valor,
dependiendo de las veleidades del mercado numismático y de la opinión de
especialistas.

Las atrocidades que un gobierno, socialista o no, puede hacer con el
dinero son infinitas. En la Alemania pre-nazi, las estampillas de correo
llegaron a costar millones de marcos; más valioso llegó a ser el valor
del papel de los billetes que el valor nominal de los mismos billetes.

La miseria que acompañó a este fenómeno de hiperinflación es casi
inimaginable. Más recientemente, en Zimbabwe (antigua Rodesia), la
moneda que circula es el dólar zimbabwense en denominaciones que por lo
que he visto llegan hasta los Z$ 50.000, con tipo de cambio oficial de
250 de aquéllos por uno del US, porque como allí también existe su
propia versión de control de cambios (uno de los poquísimos países como
tal extravaganza, como Venezuela), en el mercado negro la cotización es
varias veces más alta. Curiosamente, estos billetes del régimen
autocrático de Mugabe vienen con fecha de vencimiento (alrededor de un
año a partir de la emisión), después de la cual obviamente pierden su
valor liberatorio. No puede sorprender que la inflación en ese país
supere al 1000% al año, y la tasa overnight de interés (todavía con
presencia) esté por encima del 500%. Tampoco sorprendería encontrar que
allí se practique el trueque en alguna escala importante, aunque lo
mismo no me conste.

Esta gran idea propuesta para Venezuela con toda la seriedad del caso,
puede parecer una broma no digna de considerarse. Cualquiera está en su
derecho de tomar como chiste que las autoridades revolucionarias pongan
a la gente a cambiar metras por cambures o loros por ladrillos. Pero en
esta Venezuela donde la realidad abunda en tonos irreales de «nunca
visto», las visiones oficialistas no pueden ser despachadas con una
carcajada, por mucho que la provoquen.

La idea central del trueque, a todos los fines prácticos concebibles
dentro de su excentricidad, no es efectivamente aplicarla en su acepción
literal. Lo mismo sería impráctico y generaría un absoluto rechazo. Lo
que sí es factible imponer, aunque sea poco a poco, es instrumentar un
sistema de tickets o bonos denominados en mercancías o servicios para su
obligatoria aceptación por parte del comercio. Es decir, un bono para
comprar, por ejemplo, 2 litros de leche, o 2 kilos de papa, o 20
ladrillos. Para que oficialmente este tipo de «trueque» llegue a tener
alguna entidad como política de Estado, es necesario que los salarios se
paguen en forma parcial o total con estos bonos y hacer mandatoria su
aceptación comercial. Así, digamos, a Ud. le pagan la mitad de su sueldo
con tickets de diversos colores; unos, para comprar mantequilla, otros
harina, otros para ir al cine, y así sucesivamente. Lo que reciba,
aparte de los bonos, en dinero, lo puede gastar como quiera, mientras
perdure el sistema mixto de pago salarial.

Los efectos económicos y sociales de un sistema como éste son
considerables. Baste decir por el momento que el mismo es perfectamente
coherente con algunas ideas del régimen sobre el dinero. Que ser rico es
malo, que el dinero es pecaminoso, que sin dinero se termina la
inflación, que cobrar interés es injusto, y cosas por el estilo. También
es interesante considerar que en ausencia de dinero los bancos ya no son
necesarios, excepto como cámaras de compensación de tickets-salario, que
la bolsa de valores deja de tener alguna función, y que los esquemas de
ahorro pasan a ser, en esencia, supérfluos. Ésta parece ser una parte
esencial del socialismo 21, como el régimen lo llama.

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