El Editorial

5 de julio

Comienza la segunda mitad de 2021 con la celebración de la fiesta de nuestra decisión de ser un pueblo libre, con ciudadanía y nacionalidad soberanas. Comienza la segunda mitad de 2021 con el recuerdo del compromiso asumido por jóvenes de todo el país, enviados a Caracas como delegados de sus provincias, no tanto para decidir si seríamos una patria libre, sino cómo y para qué lo seríamos.

El Acta de la Independencia que celebramos cada año el 5 de julio, no fue un documento pomposo escrito a la carrera para ser firmado. Fue una decisión debatida como se hace en democracia, donde se discuten pros y contras, fondos y formas, y se llega al acuerdo que compromete a todos.

El Acta de la Independencia de Venezuela, concebida y profundizada en mentes de todo el país, definida en la capital y firmada en los primeros de días de julio de 1811, publicada en un periódico vocero de aquél Congreso el 11 de julio mientras sus firmantes se concentraban en Valencia porque Caracas estaba tomada por los militares españoles, impresa un año después en Londres y después desaparecida hasta la década final del siglo XIX, poco necesitaba de difusiones públicas. Estaba impresa a fuego patriótico en los corazones y las voluntades de los venezolanos de aquél histórico siglo XIX.

No fue una orden militar ni una estrategia de guerra, fue una firme decisión de las mayorías ciudadanas, que no querían guerras pero no tuvieron miedo en jugarse la vida siguiendo a quienes levantaron las espadas para sacar del territorio de la patria a la monarquía que no comprendió su tiempo y trató de conservar a sangre y fuego lo que los ciudadanos quisieron tener por sus propias leyes.

La independencia que aquella Acta y sus firmas decidieron es una voluntad de un pueblo con el derecho y el compromiso de gobernarse a sí mismo. Ese derecho y ese compromiso permanecen. El derecho y el compromiso que cada 5 de julio ratificamos los venezolanos.

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Un comentario

  1. El 5 de julio de 1811, reunidos en la Capilla de Santa Rosa de Lima de Caracas, y después de una larga jornada de discusiones, los diputados declararon la Independencia de Venezuela con un solo voto en contra. El 14 de julio en un acto público y solemne fue izada por primera vez esta bandera.
    El Congreso de 1811 decidió al declarar la independencia de las provincias de Venezuela, crear al mismo tiempo un Estado y una nación. Es obvio que la República no existía antes, pero los venezolanos tampoco se pensaban a sí mismos como una nación. Los habitantes de Venezuela eran miembros de distintas naciones españoles, indios, africanos, etc. Súbditos de un Imperio. Al declarar la Confederación de Provincias Unidas de Venezuela los miembros del Congreso se declararon en constituyentes de una nueva nacionalidad y no solo de un nuevo Estado. La constitución de la nación fue más que la máxima ley del territorio. Fue el instrumento de integración de pueblos y provincias en una entidad política y social.
    Como depositarios de la soberanía popular los miembros del Congreso diseñaron las nuevas instituciones de gobierno. Al igual que sus pares de norteamérica los venezolanos sufrieron el temor a la tiranía del poder central por parte de las provincias, el temor a la tiranía del Poder Ejecutivo por parte del Congreso y el temor a la tiranía de las mayorías pobres y esclavas por parte de los propietarios. Los criollos propietarios eran una muy pequeña minoría rica y educada en Venezuela, ellos se veían a sí mismos como los portadores de la luz de la razón, de la virtud cívica y de la libertad en un medio acostumbrado a la esclavitud.

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