El Editorial

5 de julio y nada

Pasó bajo cuerda el 5 de julio. Debería haber sido un día motivador, recordando fechas gloriosas de nuestra historia republicana, lo que nos dio la razón de ser como pueblo.

La gesta emancipadora no ha concluido. Seguimos atados al vasallaje cubano y a otra lacra histórica que nos cuesta mucho superar. Nos referimos al personalísimo, que tanto daño nos ha hecho y nos sigue haciendo.

No superamos, lamentablemente, el caudillismo, que tuvo sus grandes componentes en Guzmán, los Monagas y en otros personajes nefastos. En el siglo XX, tuvimos que soportar el personalismo de Castro, de Gómez y de Pérez Jiménez y después de recuperar la democracia, vino una de las más nefastas expresiones del personalismo en la dupla Chávez-Maduro.

Hasta que, a través de una necesaria reforma constitucional, logremos eliminar la reelección, seguiremos supurando líderes y lídercitos en las alcaldías, gobernaciones y, por supuesto, en la presidencia de la República.

El país requiere fortalecer sus instituciones y sobre todo consagrar y fortalecer la división de poderes, para impedir que un personaje, carismático o no, se convierta en reyezuelo y llegue al extremo, como pareciera ser las intenciones, de designar a dedo un sucesor. Lo peor es que terminen copiando el modelo de Corea del Norte, porque ya hasta en Cuba se interrumpió la dinastía de los castros con la designación, así sea sólo formal, de Díaz Canel.

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