El Editorial

Algo tiene ocurrir que no termina de ocurrir

En Venezuela todo el mundo vive bajo la sensación de que algo está a punto de ocurrir que no termina de ocurrir. La crisis del país ha alcanzado niveles sin precedentes. La hiperinflación campea por sus fueros, la contracción de la economía alcanza niveles sin precedentes, ya que en apenas seis años el PIB ha caído en una cifra cercana al 70% y se espera que en el año en curso pueda caer entre un 10 y un 15%% adicional.

El nivel de desempleo en Venezuela es el más alto de Latinoamérica y cerca del 80% de las industrias han cerrado sus puertas. Durante mucho tiempo se emitieron cantidades exorbitantes de dinero sin respaldo para financiar el déficit fiscal, en abierta violación al Art 320 de la Constitución que expresamente señala: “En el ejercicio de sus funciones, el BCV no estará subordinado a directivas del Poder Ejecutivo y no podrá convalidad o financiar políticas fiscales deficitarias”.

El sector financiero está asfixiado. El crecimiento que durante mucho tiempo se produjo de la liquidez en poder del público fue la causa fundamental del estallido inflacionario del país. Esos excedentes monetarios tarde o temprano iban a parar a manos de los bancos en forma de depósitos, pero a estos les estaba prohibido cumplir con su función de intermediación financiera, pues los obligaban a un encaje marginal del 100% sobre ese dinero. Recientemente la medida fue un tanto flexibilizada.

El agro venezolano está destrozado. Millones de hectáreas que antes eran productivas fueron expropiadas u ocupadas y la producción se vino al suelo. Ahora hay que importar buena parte de los alimntos que requiere el país, pero ya no hay dólares para hacerlo, porque la industria petrolera, que aportaba el 97% de las divisas que obtenía el país, colapsó, lo que forzó a que el sector privado usara sus propios dólares (como siempre ha debido ser).

En 1998 Venezuela producía casi 3,5 millones de barriles diarios y, de no haberse frustrado la Apertura Petrolera que estaba en marcha, hoy deberíamos estar produciendo más de 5 millones d e barriles por día. Pero según Argus Media, una de las principales fuentes mundiales en materia de información petrolera, la producción del país apenas alcanza al medio millón de barriles diarios.

En medio de la debacle petrolera, el aliado más importante del régimen, Rosneft, se retira de Venezuela. Su posición era vital, no sólo por su participación en distintas empresas mixtas y proyectos gasíferos, sino porque compraba casi el 60% del petróleo que exportaba Venezuela que ahora se ha transformado para ellos en un socio problemático.

La escasez de gasolina ha alcanzado niveles alarmantes. Eso ya había ocurrido en el interior del país pero a Caracas, principal centro político, la cuidaban con esmero. Pero ya no. La capital también se quedó sin también sin gasolina, en buena parte porque Rosneft, que coordinaba buena parte de las importaciones de gasolina se fue, en momentos en que todas nuestras refinerįas están paradas.

Y sobre esa tormenta perfecta de contracción económica, hiperinflación, desempleo, colapso de los servicios públicos, ruina petrolera, escasez de gasolina y diésel, default, aislamiento internacional y sanciones, se arroja el Coronavirus, ante el cual, la precaria situación sanitaria a que nos ha llevado el régimen nos deja prácticamente indefensos.

Y como si todo lo anterior fuera poco, surgen las acusaciones que vienen desde el norte. Son circunstancias que no ocurrían en Latinoamérica desde finales de la década de los 80.

La rueda de la historia a está girando. Algo tiene que ocurrir, que todo el mundo sabe que va a ocurrir, pero que no termina de ocurrir. Así es como ocurren las cosas.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

https://soundcloud.com/metricas-analitica/el-editorial-algo-tiene-ocurrir-que-no-termina-de-ocurrir
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Un comentario

  1. Ciertamente, nada acaba de ocurrir. Hasta los gringos se fueron del Caribe porque venían a vigilar la ruta de la coca, la de la seda y todo lo que pudiese intimidar al presidente Maduro y hasta los chinos. Nada pasó ni pasará, pues ni invasión ni chorradas van a comprometer unos Estados Unidos que tiene ya centenares de miles de contagiados y que apunta a un cuarto de millón de muertos en pocos días, al menos por lo que toca a este invierno que, para el otro viene la nueva pandemia más terrible y con más muertos. Y esto está tan grave que, Mr.Trump pagó el triple y les robó las mascarillas todas que, habían comprado Alemania, Francia y no se si Inglaterra, donde su primer ministro parece morirá luego de poner la torta con el BREXIT y hoy se ahoga a punta de tos seca. Y aquí, y después de 21 años, hemos visto una cantidad de fantasmas dando recetarios vernáculos de hace medio siglo atrás y, donde se exigen les den el lomito porque son empresarios y pagan seis salarios mínimos y no uno …Como si el Caracazo fue una pendejeada y la sumatoria de Chávez y Maduro, un regalo de los dioses, y donde todo apunta a que sin confrontación armada – se gane o se pierda -, continuará esta incertidumbre eterna que, nos tiene en el foso y donde todo el mundo se hace el muerto como en las películas de vaqueros de nuestra infancia. Y no es que le sobren todas las razones a nuestro editorialista, pero no se puede pensar que a lo mero macho, lograremos salir de tanta desgracia acumulada, producto de la impericia y la corrupción de todo nuestro estamento gobernante. Y, es que los que gobernaron ayer y parieron este desastre de los últimos 21 años, piensen ahora que pueden venir como si nada malo hubiesen hecho. Y de los nuevos, parece que son peores que los anteriores. Pues bien, sin sincero arrepentimiento, solidaridad y franco deseo de hacer un país nuevo, de y para todos los venezolanos, seguramente los confrontaremos con todas nuestras fuerzas, para evitar que repitan los errores que nos han llevado a este tremendo desastre. ¡ ESTAMOS ALERTAS Y VIGILANTES !.

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