El Editorial

Bodegones de gasolina: un aterrizaje forzoso

La escasez brutal de gasolina campea por sus fueros en una Venezuela que tradicionalmente la exportaba.

Dos décadas de populismo, desinversión, de darle la espalda a la necesidad de ajustar progresivamente el precio de la gasolina y de hacerle el mantenimiento a las instalaciones, nos han traído a esta dramática realidad: ¡Todas nuestras refinerías están paralizadas!

Dos hechos agravan el colapso. Las sanciones de los EEUU y el retiro de Rosneft que coordinaba buena parte de las importaciones de gasolina. Los rusos parecen haber perdido interés en un régimen tan problemático.

Hoy estamos en el peor de los mundos: no producimos gasolina y no podemos importarla. La escasez es total. En auxilio del régimen vino el Coronavirus, que al obligar a una cuarentena, redujo a niveles mínimos el consumo de combutible.

Sin contar con la confirmación de ninguna fuente oficial no resulta difícil imaginar que para enfrentar el problema van a imitar un modelo que ya conocen: el de los bodegones. Creo que veremos bodegones de gasolina.

Las sanciones de los EEUU se aplican al régimen y a quienes negocien con él. No son aplicables a importaciones particulares. Pero el problema no es importar la gasolina, el problema es distribuirla.

Quizá la salida que se está cocinando sea la de entregar en comodato algunas estaciones de servicio a ciertos particulares para que vendan la gasolina que ellos mismos importen. La figura del comodato implica que PDVSA cedería el uso de esas instalaciones sin cobrar nada a cambio. Ello desvincularía a la empresa de la operación para impedir posibles sanciones. No se trata de una privatización sino de un aterrizaje forzoso con cero visibilidad y cero transparencia.

Como esos particulares no tienen vocación de hermanitas de la caridad, esa gasolina se vendería a precios internacionales.

Surgen varias preguntas:

¿Cómo pagarían los ciudadanos esa gasolina?

Tal como ocurre en el caso de los bodegones, tendría que ser en dólares o su equivalente en bolívares. Ahora bien, nadie tiene cash en bolívares para poder pagar. No podría ser con tarjetas de crédito, porque sus límites son ridículamente bajos; por tanto la alternativa de pago sería con tarjeta de débito.

¿Cuál sería el precio de la gasolina?

Al precio oficial una gandola de 38.000 litros cuesta menos de 3 bolívares. ¡Ridículo! Hay que aterrizar en la realidad y, como se dijo, será un aterrizaje forzoso, sin transparencia y en las peores circunstancias. Esa gasolina habrá que pagarla a precios internacionales.

¿Cuál es el precio internacional?

Algunos citan como ejemplo el precio de la gasolina en Miami, Madrid, Bogotá u otras ciudades. Esa no es una referencia correcta. Más de la mitad del precio al cual se expende la gasolina en esos lugares es atribuible a impuestos nacionales o locales.

El precio internacional es el precio CIF (Costo, seguro y flete) de esa gasolina, al cual habría que sumarle los impuestos que se cobren en Venezuela, sus costos de distribución en el país y la utilidad que pueda obtener el inversionista. Muchos sospechan que dada la poca transparencia en la operación, podrá haber también “costos ocultos”.

Cualquiera que sea el precio al cual se llegue, va a implicar un aumento substancial por litro que acarreará un fuerte impacto inflacionario y un severo malestar social. Pocos podrán pagarlo y serán muchas las protestas.

En Venezuela siempre está presente el fantasma del famoso Caracazo que se desató en febrero de 1989, en Guarenas, a raíz del incremento de los pasajes atribuidos al aumento de la gasolina. La situación hoy en día es considerablemente peor, aunque quizá sirva de atenuante el hecho de que quienes provocaron aquellas circunstancias salvajes, hoy en día no están en situación de azuzar a la población sino más bien de contenerla. ¡Ironías del destino!

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

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