El Editorial

Cuán grave puede ser la desinformación

Si algo se ha hecho manifiesto en esta pandemia mundial es la enorme diferencia que existe entre los gobiernos democráticos y los autoritarios, totalitarios o dictatoriales, como quiera que se les llame.

En las democracias en las que prevalecen la libertad de información y el estado de derecho, los gobernantes, así no les convenga, se ven obligados a mantener un cierto nivel de transparencia e informar a sus ciudadanos sobre las causas, y sobre todo las consecuencias, en este caso particular, del Covid19. Y lo hacen porque si se descubre que están mintiendo a su población la consecuencia probable es que pierdan el poder en la próxima elección. Hoy hay gobiernos democráticos que si no mintieron, por lo menos pretendieron minimizar las consecuencias de la epidemia, y eso podrá afectar los resultados.

En los regímenes no democráticos la información que se transmite es la que deja mejor parado al gobierno. Su afán es mostrar cifras según las cuales son más eficaces en contener la morbilidad de la pandemia que las que presentan EEUU, Alemania, Inglaterra, Francia o cualquier otra democracia del mundo.

La verdad terminará saliendo a la superficie y quién sabe qué efectos tendrá sobre los gobernantes que mintieron descaradamente a sus gobernados. Es probable que cuando esta tragedia culmine los cambios políticos ocurran en los lugares menos pensados.

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2 comentarios

  1. Un tema muy interesante y con ramificaciones insospechadas por los valores y conceptos que se manejan ; así, p.ej., en las organizaciones empresariales, hablamos de liderazgos democráticos y/o autoritarios. El primero, se adopta como una forma de dominación y control para lograr la eficiencia en la producción y el logro de los objetivos ; y, el segundo, lo mismo pero con un ejercicio inconsulto y no participativo de los subordinados. La coincidencia : ambos juegan con la ficción del concepto democracia y que hoy se está diluyendo, en la búsqueda de un concepto supletorio. Ahora bien, ya descubierto que, en la ficción democrática prevalece la información desde la desinformación, el camino es el desconocimiento de la democracia por desinformación; y, por lo tanto, la solución es construir una forma de participación nueva y diferente, con la exclusión de la palabra democracia y su sustitución por un nuevo concepto que, desconozca lo que p.ej., diga un Trump sobre amenazas de invasión, cuando en realidad ya a nadie le importa pues nadie le cree y ya se sabe, tiene perdida las elecciones de noviembre ; otro y final ejemplo, es que desaparecida las clases medias a nivel global y muerta la globalización, serán las ex clases medias quienes lideren las masas obreras y campesinas para sepultamiento del periclitado sistema de clases sociales, y construir el NUEVO ORDEN, hoy infectado por una feroz pandemia que permite el absoluto control sobre las grandes masas encerradas y alienadas en todos los confines del planeta. PREPARÉMONOS PARA LA GRAN REBELIÓN LIBERTARIA E INVENTEMOS EL NUEVO CONCEPTO DE LIBERTAD Y REAL PARTICIPACIÓN INCLUSIVA. NO HAY PARA DONDE.

  2. Donde prima la cultura del secretismo la omisión de datos oficiales y el apagón informativo, existe la arraigada tradición en los poderes públicos de que la información es suya. Y no es suya, es de los ciudadanos. El derecho a saber no es monopolio de los periodistas. El acceso a la información pública es un derecho universal. Aunque es cierto que no toda la información puede ser desclasificada. En España parece ocurrir el ocultamiento, según informaciones confiables.

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