El Editorial

¿Descertificados por la OPEP?

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) fue fundada el 14 de septiembre de 1960 en Bagdad. Los socios fundadores fueron Venezuela, Saudi Arabia, Kuwait, Irán e Irak. Los promotores fueron Juan Pablo Pérez Alfonzo, venezolano, y Abdullah Tariki, ministro de Petróleo de Arabia Saudita. Otros se unieron después.

Sin embargo, los antecedentes de la OPEP se remontan a septiembre de 1949, cuando Carlos Delgado Chalbaud, presidente de la Junta de Gobierno, envía una misión a los países petroleros del Medio Oriente. Portaban “un mensaje de buena voluntad”. Temía Delgado Chalbaud que las empresas petroleras sustituyeran petróleo “caro” de Venezuela por crudo “barato” del Medio Oriente.

Y es que nuestro costo de producción por barril sumado al régimen fiscal venezolano (ISLR + regalía) superaban al de los productores de aquella parte del mundo donde sólo existía una regalía contractual negociada y las empresas estaban exentas del pago de impuestos. Deseaba la Junta Militar venezolana llegar a “un equilibrio de precios” entre los crudos de ambas procedencias.

Cuando finalmente se funda la OPEP en 1960, sus objetivos eran: unificar las políticas petroleras de los miembros, mejorar la participación del Estado en las ganancias orientándose hacia la fórmula 60/40 y procurar precios estables.

En 1960 la producción total de los miembros de la OPEP era de 7.875.000 b/d de los cuales Venezuela aportaba 2.846.000 por día, Kuwait 1.692.000, Arabia Saudita 1.315.000, Irán 1.053.000 e Irak 969.000 b/d; es decir le correspondía a Venezuela el 36%.

Para el mes de julio del 2020 y en base a fuentes secundarias suministradas por la OPEP, la Organización produjo 23.172.000 barriles por día de los cuales Arabia Saudita aportó 8.406.000 b/d, Irak 3.752.000, Kuwait 2.158.000, Irán 936.000, Emiratos Árabes Unidos 2.430.000, Otros 5.490.000 b/d, en tanto que Venezuela apenas produjo 339.000 barriles diarios. Es decir que el aporte venezolano se redujo de un 36% a un 1,4%.

Para 1970, o sea diez años después de fundada la OPEP, nuestra producción diaria superaba los 3,8 millones. Alguna vez fuimos el mayor exportador mundial de petróleo y el mayor abastecedor externo de petróleo de los EEUU.

Cada vez que estallaba alguno de los periódicos y recurrentes conflictos que afectaban al mundo petrolero islámico (por ejemplo, la nacionalización en 1954 del Canal de Suez y después su cierre en 1967, la crisis de Libia en 1970, la Guerra del Yom Kippur en 1973, el Embargo Petrolero Árabe en 1974, la primera caída del Sha de Irán de 1953 y la segunda en 1979, la guerra entre Irán e Iraq, la Guerra del Golfo), los mercados petroleros volteaban la mirada hacia Venezuela ya que éramos considerados como el abastecedor más seguro y confiable del planeta. Además, no estábamos involucrados en los milenarios odios religiosos entre chiíes y suníes que afectaba a los miembros islámicos de la OPEP.

¿Y ahora? Ahora ya no somos considerados como parte de la solución sino como parte del problema.

Nuestra producción viene cayendo desde el 2002-2003 y, a partir del 2008, la caída ha sido dramática. Hoy somos percibidos como un productor marginal y no confiable de petróleo y un exportador insignificante, sancionado por los EEUU.

En el pasado miembros como Indonesia, Qatar y Ecuador llegaron a retirarse de la Organización, no por haber sido descertificados sino como resultado de la caída de sus exportaciones. Algo similar podría ocurrirle a Venezuela. Más que una descertificación es la caída de nuestra producción lo que puede excluirnos.

Las refinerías en el país están casi paralizadas y ya no somos capaces de producir ni siquiera la gasolina que requiere el mercado interno. PDVSA está en default y no tiene acceso a los mercados financieros mundiales. Por primera vez desde 1912 no hay ni un solo taladro petrolero operando en Venezuela. Ya no contamos con muchas de nuestra refinerías en el mundo, nuestros activos petroleros en el exterior -incluida Citgo- están en riesgo y venimos perdiendo nuestra flota de tanqueros.

Todo ha sido arrasado.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica.

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