El Editorial

Desde nuestra propia trinchera

Continúa la ardua batalla jurídica por salvar a Citgo.

Lamentablemente el régimen por mucho tiempo fue socavando la fortaleza de una empresa que nos había permitido lograr una posición privilegiada dentro del mayor mercado de gasolina del mundo. CITGO llegó a tener 7 importantes refinerías en los EEUU, diseñadas como un traje a la medida para procesar nuestros crudos pesados y ácidos, además de tener participación en oleoductos que atravesaban de sur a norte ese país. Llegamos a tener 36 terminales y una inmensa red de distribución que dispuso de 17.500 estaciones de servicio abanderadas con la marca CITGO. En una integración vertical perfecta, éramos capaces de llevar el petróleo desde nuestro subsuelo hasta el tanque de gasolina de los automovilistas americanos, pasando todo el tiempo por instalaciones venezolanas. Llegamos a controlar el 10% del mercado interno de gasolina más importante del mundo

Se trataba de un país del tercer mundo conquistando los mercados del más importante de los países del primer mundo. ¡Qué orgullo!

Pero los líderes de esta revolución de pacotilla no lo comprendieron. Con su Capital de Marx bajo el brazo, se empeñaron en utilizar el petróleo como punta de lanza para involucrarnos con mercados afines políticamente a ellos, pero tan lejanos que allí no podíamos ser competitivos.

De las 7 refinerías que teníamos en los EEUU sólo quedan 3. Las demás se han vendido o perdido. Ya no tenemos los oleoductos y el número de estaciones de servicio Citgo se ha reducido a una cuarta parte.

Endeudaron a Citgo y comprometieron sus finanzas y su propiedad. Citgo está 100% hipotecada. El 50,1% de sus activos fueron dados en garantía, sin autorización de la Asamblea Nacional, a los tenedores de los bonos 2020. El restante 49,9% de esas acciones fueron dadas en garantía a la empresa rusa Rosneft.

Además la empresa enfrenta la amenaza de otros acreedores de la República que le han ganado arbitrajes internacionales que no han sido honrados. Tal es el caso de Crystallex y otros, que pretenden quedarse con Citgo.

Para colmo, la empresa estaba fuertemente endeudada y con obligaciones a plazos tan cortos que era imposible cumplirlas. Como si fuera poco, se agregan las sanciones de los EEUU que obligaron a remplazar en tiempo perentorio el crudo comprado a Venezuela.

Para garantizar las mejores condiciones, la compra de esos crudos se vienen realizado mediante licitaciones entre proveedores no objetables en los EEUU. En ocasiones esas licitaciones han sido ganadas por empresas rusas y otras, como es el caso de Lukoil, lo cual parece despertar sospechas entre críticos de la actual administración de Citgo. Sin embargo, por tratarse de licitaciones, quien las gana se lleva el contrato.

Fue necesario refinanciar muchas de las obligaciones que vencían en el corto plazo a fin de mejorar el perfil de las deudas. No se trató de una tarea fácil, ya que las calificadoras de riesgo, conocedoras de todas de las amenazas que se ciernen sobre Citgo, le dan una calificación nada favorable.

Ello se traduce por supuesto en la necesidad de pagar mayores tasas de interés. Además hubo que recurrir a colocaciones privadas, que de paso son absolutamente usuales en el mercado financiero de los EEUU.

Algunas de esas decisiones han despertado fuertes críticas en Venezuela. Algunos proponen soluciones que parecen obvias, pero que no son aplicables en el caso de la realidad actual. Como sugería Einstein, casi todos los problemas parecen tener soluciones obvias pero que han sido erradamente diagnosticadas.

Las nuevas administraciones de Citgo y de PDVSA ad hoc, designadas por Guaidó, están adelantando una lucha titánica. Esta semana rendirán cuentas ante la Asamblea Nacional.

Salvar a Citgo resulta indispensable para rescatar la industria petrolera venezolana. No sólo es el principal activo de Venezuela en el exterior, sino que además es vital para recuperar la participación de nuestro petróleo en el mercado de los EEUU.

La situación se complica cuando además hay que esquivar los tiros que vienen desde nuestra propia trinchera.

José Toro Hardy, editor adjunto de Analítica

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2 comentarios

  1. LA CAÍDA DEL MARXISMO
    En su breve ensayo acerca de las mitologías: Nostalgia del absoluto, George Steiner piensa que el profundo proceso de secularización de Occidente alejó al cristianismo de su función rectora en la sociedad, y el vacío se llenó con esas construcciones del pensamiento nacidas de la necesidad humana de tener un código de interpretación de la sociedad.
    Las razones de Steiner se resumen del siguiente modo:
    Una mitología requiere una pretensión de totalidad, una explicación completa del lugar del hombre en el mundo; unas formas fácilmente reconocibles de inicio y desarrollo, a partir de ese momento mágico que les da principio y, finalmente, un lenguaje propio, un idioma característico, con símbolos e imágenes singulares. De ese modo, estas arquitecturas institucionales les han dado a vastas multitudes esa guía que parecía perdida cuando las grandes iglesias cristianas dejaron de imponer sus códigos de comportamiento.

    Por ese sendero nació el marxismo, se hizo del psicoanálisis un culto mágico, y la antropología filosófica nos llevó de retorno a nuestros orígenes primitivos, a aquel estado de naturaleza que nuestra soberbia civilizatoria habría abandonado. Esas mitologías envueltas de un racionalismo de apariencia científica, por cierto abrieron caminos y explicaron asuntos hasta entonces no entendidos, pero, en su pretensión de totalidad, extraviaron a quienes las asumieron como verdaderas religiones sustitutivas.

    La de Marx nos llevaba a la redención de la igualdad por la destrucción de las clases y el Estado; la de Freud, a encontrar la paz de la conciencia en la introspección profunda; la de Lévi-Strauss, a un retorno al buen salvaje con el que había soñado Rousseau, otro peligroso utopista.

    1. Muy bueho, excelente su artículo, Don Alejo Urdaneta. En otro artículo por supuesto nos narrará algo del pensamiento de Hebert Marcuse quien mezcla el psicoanálisis con el marxismo.

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