El Editorial

El drama venezolano

Desde la instalación de la República de Venezuela hasta nuestros días, la característica dominante de la sociedad ha sido la imposibilidad de ponerse de acuerdo, y los que han decidido por ella han sido hombres fuertes o dictadores.

Así fue con los buenos propósitos de Páez cuando encomendó a su canciller, Santos Michelena, que resolviese los límites con Colombia y la Guyana inglesa. Lo logró, en ambos casos, y de manera muy favorable para el país, pero los intereses grupales del partido liberal, y los personales de Antonio Leocadio Guzmán, echaron por tierra una ampliación del territorio nacional de alrededor de un 40% -si no más- que lo que actualmente poseemos.

Ni hablar del siglo XIX, en el que nadie estaba de acuerdo con el otro y tal vez solo pudo imponerse por un tiempo Antonio Guzmán Blanco.

El siglo XX el acuerdo fue impuesto por los andinos, Castro, Gómez, López Contreras y, a Medina Angarita que iba por el buen camino, lo tumbaron y después del desordenado trieno adeco se impuso por 10 años más otro tachirense, Marcos Pérez Jiménez. La era democrática no se habría logrado sin la fuerte personalidad de Rómulo Betancourt y de los que aceptaron escucharlo y apoyarlo en sus designios, Jóvito Villalba y Rafael Caldera.

Todos conocemos el desbarajuste que comenzó con el gobierno de Luis Herrera y que culminó con el golpe judicial contra Pérez y el no muy exitoso segundo gobierno de Caldera.

La historia ha sido parecida en estos disparatados 20 años. A pesar de que en los primeros tiempos se hizo la voluntad de Hugo Chávez, en estos aún más desastrosos 8 años Maduro ha, aparentemente, neutralizado a su gente y dividido a la oposición democrática, con procederes non santo, pero mal que bien, a su manera, impone su visión disparatada de la realidad.

Ahora cada quien mueve su carreta hacia el camino que mejor le conviene y vemos que tanto en el ámbito político, como en el de la sociedad civil, prevalecen los rasgos negativos de los venezolanos de todos los tiempos y sería lamentable que solo estos puedan ser superados con el gendarme necesario del que nos hablaba a principios del siglo XX Laureano Vallenilla Lanz. Tenemos esperanzas en que la Venezuela de los jóvenes no repetirá los errores de sus antepasados.

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Un comentario

  1. Arturo Uslar Pietri escribió un texto para pensar la encrucijada político-económica del país. Fue cuando expuso la consigna de sembrar el petróleo. Una frase lo definía: “Venezuela necesita adquirir la noción de los hechos fundamentales que rigen su destino”. Esos hechos fundamentales hablaban de sentido de rumbo y fines superiores. Aquellos políticos del siglo XIX: Páez, Guzmán Blanco y los que abordaron la nave del poder político en el siglo XX, tomaron nota del sentido social del país. Sin cultura ninguna sociedad puede organizarse. La pregunta de Uslar en la década de 1940 es nuestra pregunta en el ocaso del siglo petrolero venezolano: ¿cuáles son los motivos tan fundamentales que determinan el gobierno de la patria? No practicamos acciones colectivas porque el individuo vive un presente indefinido y sin propósitos.

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