El Editorial

El Estado de derecho es esencial para reconstruir al país

El Estado de derecho es un concepto jurídico político relativamente reciente en la historia de la humanidad. Como tal solo tiene si acaso dos siglos, pero es tal vez la noción indispensable para promover y permitir la reinstalación de las instituciones necesarias para asegurar una reconciliación nacional basada en la aplicación de una justicia independiente de las veleidades de quienes ocupen el poder ejecutivo.

La justicia independiente y profesional es la garantía de que la ley se aplicará y que al hacerlo no se estará velando por los intereses particulares de personas o grupos sociales particulares.

Después de la caída de la tiranía gomecista, en nuestro país se inició un intento de profesionalizar el ejercicio de la magistratura, si bien no fue perfecto, pues quedaban aún muchos vicios derivados del excesivo personalismo que ha caracterizado la política en Venezuela.

En el país existen muchos abogados y juristas bien preparados y habría que dignificar la función de ejercer la magistratura a todos los niveles para que estas personas considerasen que hacer carrera aplicando la justicia es no sólo un honor personal, sino una tarea esencial para construir el nuevo país que todos requerimos.

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2 comentarios

  1. No es posible hablar del Derecho sin hacer referencia al Estado. Precisamente el objeto de será establecer la situación que corresponde a estos conceptos: el Estado y el Derecho. Siempre que hablamos del Estado nos referimos al orden jurídico. Uno de los aspectos del Estado consiste en ser creador, definidor y sancionador del orden jurídico. Hay relación entre Estado y Derecho, y la existencia del Estado se funda en el orden jurídico. Kelsen otorga prioridad al Derecho. El orden normativo constituye el Estado, originado a su vez en la comunidad que se organiza. Será entonces el Derecho Positivo expresado en las normas jurídicas el que exija al Estado la aplicación de las leyes.

  2. Tenemos un pequeño – grande problema – en nuestro país : Desde los tiempos de la democracia «puntofijista» y quizás desde siempre, el Estado de derecho ha estado hecho a la medida de quién ha podido ejercer el poder y al mismo tiempo, cuidar sus intereses. Muchas veces, los abogados al servicio de las petroleras – por poner un ejemplo solamente – elaboraban las leyes que, el gobierno presentaba al legislativo y así se aprobaban, tal como se querían. Más aún, los partidos se repartían los magistrados (jueces), por períodos de gobierno, hasta que la carrera judicial acordó ciertas garantías de permanencia (relativa), según fuese la «lealtad» de los magistrados. Y de los TSJ, eran la máxima garantía de que los acuerdos se cumplían y donde moría el derecho a pataleo. Eso se ha conservado hasta hoy, advirtiendo que los magistrados se saltan los requisitos a la torera y hasta han sido ex presidiarios. Suponemos que esas son cosas de la «revolución» y el que proteste, nos lo «chingamos». Lo cierto es que, siempre nos hemos movido entre el «deber ser» de la justicia y su concreción en esos difusos códigos, leyes, reglamentos y normas, supuestamente constitucionales y en cuyos laberintos nos perdemos todos. En este sentido, estamos ciertos que, caído el presente régimen, no vamos a ver por mucho tiempo normativas benignas para con los caídos, pues sobre ellos caerá todo el peso de la nueva política, de la ley y, y hasta del músculo de los carceleros al momento de empuñar el látigo. Y es que, estos serán los requerimientos mínimos y necesarios para sellar con cemento el proceso de reconstrucción nacional y caminar con piso firme y sin contemplaciones, para con aquellos que sin duda intentarán desviar el rumbo. Así que, sin un gobierno fuerte y bajo la sombra de un «Caudillo» conocedor de su poder y administrador en última instancia del sentido de la justicia operativa y que, nos persuada de mirar hacia otro lado mientras se desbroza el monte, estaremos condenados al fracaso por repetición de los errores del pasado. Y si así es que nos vamos a relacionar y entender, que sea así y como bien expresaron la Bachelet y Merkel, el asunto de los derechos humanos como que lo veremos en segundo plano y eso, si los coronavirus presentes y futuros no nos acaban prematuramente, nuestra civilización occidental y su reemplazo por una asiática, menos tolerante y más sanguinaria. Por lo tanto, lo importante es entender y adaptarse a estas nuevas modalidades de los Estados de derecho, aunque sigamos jugando a engrosar el peso y tamaño de los libracos de derecho y a esas discusiones bizantinas que, tanto entretienen a filósofos y jurisconsultos. Que nosotros los mortales nos conformamos con la pronta vacuna que nos salve el pellejo. Mientras tanto : ¡ QUÉ DIOS NOS COJA CONFESADOS Y EN ESTADO DE GRACIA !.

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