El Editorial

Es bueno recordar que la antipolítica nos trajo al chavismo

Ha pasado poco más de un cuarto de siglo y los venezolanos tenemos –es parte de lo peor de nuestra historia- memoria flaca. Es bueno por eso, para refrescar hechos de un pasado que no es lejano pero lo hacemos así, recordar aquél patetismo de la década de los noventa del siglo pasado –suena remoto lo de “siglo pasado”, pero está allí mismo, a la vuelta de la esquina- cuando se puso de moda la llamada “antipolítica”, pensamiento que se hizo popular entre los múltiples entrevistados por los medios que tenían exceso de espacios por llenar.

Pareció entonces que era coincidencia común que la culpa de todos nuestros males –y no vale decir ahora que eran pocos en comparación con los del castromadurismo- era de los partidos políticos, como si ellos hubieran gobernado una Venezuela sin venezolanos y que no tuviésemos nosotros más responsabilidad que la de ser habitantes de un país rico descuidado por esos partidos.

La antipolítica siempre ha sido así, los ciudadanos somos víctimas y nunca culpables de nada, como el chavismo madurista actual tampoco acepta ser responsable del desastre de incompetencia, falta de formación y exceso de corrupción. Los intelectuales y habituales declarantes de entonces se llenaban la boca, siempre en actitudes que simulaban profunda reflexión, descargando de deberes a la ciudadanía –y claro, a ellos mismos- y recargando de culpas, ambiciones cortas y egoísmos grandes a los partidos que habían enfrentado todo tipo de conspiraciones y trampas para sostener la democracia que ahora tanto reclamamos.

Que entre ellos haya habido responsabilidades no lo negamos, que fueran los únicos culpables si lo rechazamos, tanto como nos angustia ver la proliferación actual de organizaciones civiles creadas por tantos fracasados que esconden sus pequeñeces mentales en ONGs y asociaciones diversas con nombres pomposos.

Los que han salido a las calles a enfrentar las injusticias y errores graves del régimen que ha arruinado a Venezuela han sido los ciudadanos anónimos y valientes, y quienes mantienen a cara limpia la lucha firme contra la tiranía poderosa y armada, son los partidos políticos, con mucho más valor y disposición a arriesgar libertades e incluso la vida.

No es hora de antipolítica ni de críticas a nosotros mismos, la tiranía se tambalea por sus graves errores, por su codicia y feroz represión armada y por la resistencia de esos partidos que con sueldos y sin ellos plantan cara al frente de la ciudadanía. No es tarea fácil ser hoy diputado ni dirigente vecinal opositor, la antipolítica y las asociaciones inútiles son desgaste para la oposición verdadera y apoyo al castromadurismo.

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