El Editorial

¿Es lo nuestro un problema de ADN?

Hemos leído algunos artículos en los que se pretende explicar que las causas de nuestras vicisitudes van ligadas a la supuesta estructura del ADN del venezolano.

Aparte de que esas generalizaciones carecen de fundamento científico comprobado, habría que revisar la historia de nuestro país para tratar de entender qué es lo que significa ser venezolano.

El venezolano de hoy es una mezcla continua de diferentes razas y culturas a través del tiempo. Si tomamos como punto de inicio 1830, cuando comienza la República independiente, ¿qué éramos? un país en el que había descendientes de europeos, indígenas locales y originarios de África Occidental y diversos tipos de mestizaje.

A finales del siglo XIX hubo una pequeña, pero relevante, inmigración alemana y corsa. Por eso entran en nuestro gentilicio apellidos como Vollmer, Grisanti, Franceschi, Blohm y tantos más…

A mediados del siglo XX llega una gran oleada de gente provenientes de Europa, principalmente de Italia, España, Portugal y también judíos que lograron salir de los países controlados por los nazis. También tuvimos un significativo ingreso de personas provenientes del Medio Oriente, básicamente del Líbano y de Siria.

Ya bien entrado el siglo XX, se suman a nuestro país personas que huían de las dictaduras del cono sur y también de los desplazamientos de la guerra civil colombiana. A lo que habría que sumar los ecuatorianos y peruanos.

La pregunta que cabe hacer es ¿cuál es el ADN común del venezolano de hoy? ¿qué factor es el predominante? ¿es posible hablar de unos rasgos genéticos determinantes en la población venezolana? Más bien habría que investigar cuáles son los rasgos culturales comunes, si es que los hay, y esos deberían buscarse en las formas de consumo, en las aspiraciones de progreso, en los sentimientos de orgullo nacional, en las aspiraciones políticas y en la mítica visión histórica compartida.

El venezolano de hoy es en gran parte un pueblo trabajador y aspiracional que Arturo Uslar Pietri descalificaba en cierto sentido al decir que era todero, es decir no especializado. Pero tal vez, si eso cierto, allí está una de sus fortalezas, la adaptabilidad a las condiciones adversas. Y por eso vemos a diario el éxito de muchos de nuestros compatriotas en diversos lugares del mundo.

No creemos que el venezolano esté marcado por una tara genética, sino que como bien dijo Pérez Alfonso, fue perturbado por el estiércol del diablo, es decir la riqueza fácil proveniente del subsuelo, que le hacía relativamente fácil avanzar, sin tener que hacer mayores esfuerzos.

Ahora estamos en un país diferente en el que sólo podremos progresar trabajando, uniendo esfuerzos para producir riqueza y en el que podremos demostrar no sólo la capacidad de resiliencia sino nuestra aspiración a ser protagonistas de un cambio en el que demostraremos lo que somos y que nuestra herencia diversa nos permitirá destacarnos en los diversos campos que nos abrirá la libertad reconquistada.

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3 comentarios

  1. El tema de la genética, llamado factores hereditarios, se refiere a la persona y no a la sociedad, aunque estén presentes aquellos factores pero sin valor predominante. Mendel no estuvo indagando en la comunidad de una nación, y fue la cultura como elemento del comportamiento.
    Los investigadores vuelven a sugerir presuntos nexos entre raza y coeficiente de inteligencia, sin advertir que el mundo es una mezcla sin término. En nuestro país hemos recibido la llegada de los Europeos de la posguerra. Fueron ellos los que participaron en el desarrollo social y económico destacados en la dictadura de Pérez Jiménez (no fue el dictador sino los colaboradores quienes motivaron la inmigración).
    En el planeta existe la cohesión de razas que es la que imponen hábitos y costumbres. Venezuela está a la vanguardia en la expansión ocurrida, sin olvidar a varios países de nuestra América.

    1. De acuerdo a los últimos estudios publicados, hasta el ADN de los humanos puede ser modificado por diversas razones. Coincido con muchos en que parte del problema de Venezuela se funda en la moral de los conductores políticos que por desgracia le ha tocado.
      Venezuela ha sido un pueblo seducido por un gang de inescrupulosos “hombres de negocios” cuyo único fin era hacerse ricos cuanto antes mejor. Para ello recurrían a la tan usada práctica de la corrupción. Lamentablemente, casi ninguno de los líderes tenía suficiente fibra moral para rechazar las ofertas y mucho menos poseían un mínimo de integridad para pensar en el país. Así los menos favorecidos fueron ignorados. Dando cabida a la nefasta “revolución siglo XXI” para decirlo de un modo grueso. Por esta razón pienso que buena parte del problema venezolano no es el ADN sino que radica en la indiferencia de sus propios compatriotas. Creo firmemente en la oportunidad, y fueron muy pocos los que la tuvieron y esos casi todos salieron adelante. Muestra de oportunidades fue la Beca Mariscal Ayacucho. Los males que afectaban al país eran recurrentes, mediocre educación pública, especialmente en el interior. Asuntos administrativos en entidades locales que no se les daba curso, entiéndase tribunales, asimismo los caminos donde no se podía transitar para poder llevar productos a los mercados locales, derecho a agua para riego, seguridad personal, oportunidades de trabajo, en fin una variedad de asuntos que son fundamentales para la dignidad humana y para lograr un país cuasi desarrollado. La arrogancia de los políticos de turno, y la indiferencia ante las necesidades de muchos en el interior del país, ha sido en buena parte la fuente de los males que hoy sufre Venezuela. Si a eso sumamos la deshonestidad de los funcionarios públicos, la indolencia de los profesionales y ciudadanos en general ante las carencias de sus compatriotas, no hace falta mucho para concluir que fueron y son los ingredientes perfectos que han creado la gran “revolución siglo XXI”. Esa tendencia de sublimar al intelectual indolente abunda en ciertas sociedades y la venezolana no es la excepción. A ninguno se le ocurrió pensar que esa festiva actitud no tenía mucho que ver con el ADN, es una excusa para camuflar la ausencia de principios morales. Más allá del ADN del venezolano, debe estudiarse la discordia entre los principios morales y la avaricia desmedida de los oportunistas.

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