El Editorial

Estamos en la era de la desilustración

Desde hace siglos la humanidad ha venido luchando, contra la arbitrariedad de regímenes políticos sustentados por la voluntad o el capricho de un autócrata. Una de las etapas trascendentales del periodo histórico que se denominó la era de la ilustración, que inicia a finales del siglo XVII, fue la revolución francesa de 1789, que tiene como símbolo la toma de la prisión de La Bastilla el 14 de julio.

¿Qué perseguían los pensadores de esa gloriosa etapa de la historia de la humanidad? Fundamentalmente la igualdad de los hombres ante la ley, que en los países que tienen su base en el derecho Romano se denomina como estado de derecho, aunque sea esté un concepto desarrollado inicialmente en Alemania, bajo la influencia del gran filósofo del siglo de las luces Emanuel Kant.

Estado de derecho o rule of law en el sistema legal anglosajón, se refiere a que nadie está por encima de la ley y que esta se aplica por igual a gobernantes y gobernados, y para que esto sea efectivo se requiere que los poderes del Estado sean independientes y no sometidos a la voluntad de un autócrata.

Lamentablemente, en el siglo XXI, constatamos que, a pesar de que una guerra mundial en el siglo XX dio al traste con el totalitarismo fascista y que luego al final de ese siglo la caída del muro de Berlín también le dio la puntilla a otra expresión del mismo totalitarismo (nos referimos al soviético), permanecen aún en el mundo vestigios de este sistema en países como Cuba y Corea del Norte y en germen, pero en acelerada expansión, en Venezuela. Estos regímenes se caracterizan por prescindir -salvo en la forma- de un estado de derecho, ya que todos los poderes son sumisos a la voluntad y designios del amo Estado, así ejerza este o no la primera magistratura.

Otros Estados como China, Rusia, Turquía, Irán, Arabia Saudita, algunos países africanos, asiáticos y hasta otros en Europa, si bien formalmente se estructuran como Estado de derecho, son expresiones post modernas de las antiguas autocracias monárquicas.

La lucha que todos debemos emprender para evitar un retroceso histórico tan grave, debe centrarse en fortalecer las instituciones democráticas, que tal vez no sean lo perfectas que deberían ser, al menos garantizan que haya freno a los personalismos desbocados y cierto nivel de protección a las libertades y derechos humanos.

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