El Editorial

¿Habrá paz en Colombia?

Todo ser pensante tiene que desear la paz, y mucho más en Colombia que lleva años de una guerra sin sentido, en la que no hay ni vencedores ni vencidos.

El problema es que la paz no puede alcanzarse a cualquier precio, y en el caso colombiano la situación la agravan los vínculos de las FARC con el narcotráfico, lo que desdibuja mucho las causas que dieron lugar a la rebelión de hace más de cincuenta años, cuando se enfrentaron conservadores y liberales.

Hoy la insurrección es más que todo un negocio disfrazado por ideologías de izquierda y que detenta un poder económico considerable producto de secuestros, pero principalmente de alianzas con los narcotraficantes colombianos para facilitar la salida de la droga, en gran parte, a través de Venezuela.

El Presidente Santos se las está jugando todo porque cree que puede, si logra la paz, entrar por la puerta grande a la historia. Pero no se percata de que sus deseos de trascendencia, pueden ser precisamente el obstáculo principal para alcanzar una paz duradera.

Mientras las FARC perciban esa debilidad personal de Santos, exigirán condiciones y más condiciones, que en vez de lograr el objetivo de traer la paz a Colombia, solo serán el interludio en un conflicto sin fin.

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2 comentarios

  1. Es poco probable que Colombia logre una paz definitiva y duradera, pues fue un grave error abandonar el camino de una guerra que el ex presidente Uribe estaba en camino de ganar con los daños y bajas ocasionadas al enemigo en los campos de batalla y en el terreno político ; de hecho, la guerra ha continuado aunque en menor grado de intensidad y se desarrolla en dos campos complementarios : el militar y el ´´diplomático´´ con las ´´negociaciones de la Habana´´. Y es que ahora, son dos los frentes que tiene que atender el presidente Santos y en ninguno de los dos ha alcanzado los objetivos previstos. Las FARC ha obtenido el escenario ideal para tomarse tiempo necesario para programar un mejor rearme ; obtener ´´respetabilidad´´ internacional ; el ir tomando un protagonismo que tiende a desdibujar el empuje inicial del presidente Santos y no fijarse tiempos para culminar el proceso de paz, aunque afirme lo contrario.

    No se trata de firmar un ´´papel´´ y por decreto producir la paz que engañosamente se le vendió al pueblo colombiano en las recientes elecciones ( los pueblos son los únicos que quieren la paz, pues son los que padecen las consecuencias de las guerras ) ; y es que como en toda guerra siempre hay un trasfondo económico que permite el funcionamiento de la misma y que en Colombia está representado por la poderosa industria del narcotráfico como motor del desarrollo económico a través del lavado de dólares y la legitimación de capitales. Es demasiado dinero en juego, como para perderlo con un supuesto acuerdo de paz. Máxime cuando Venezuela tiene su propio Cartel de los Soles, aunque ´´light´´ y facilitador del tránsito por nuestro país y refugio seguro de la guerrilla colombiana. Nuestro país actúa mas como un ´´facilitador´´ que como alguien comprometido directamente en dicho negocio, se beneficia colateralmente a través del estamento político – militar, pero de momento no parece ni querer ni poder el ir mas allá, pese la necesidad urgente de obtener el billete verde a como de lugar.

    Los ´´narcos´´, la alianza FARC – ELN ; el manejo real del poder desde las cúpulas políticas, el rol de los militares y la policía , entre otros factores, han creado todo un complejo entramado que cubre la historia de Colombia en parte del siglo XX y lo que va del siglo XXI, condicionándola culturalmente y creando hábitos de vida difíciles de desarraigar y que apuntan mas a encubrir una forma de vida y unas desigualdades estructurales, que no se resolverán el problema de fondo. La narcoguerrilla no entregará las armas ; pide el reconocimiento y entrega de ´´territorios liberables´´ y aspira prácticamente ha constituirse en un Estado dentro del Estado. Bajo estas y otras exigencias, cabe preguntarse : ¿ Es posible alcanzar una paz duradera y confiable ?. Es evidente que no. Y es que el único sentido que se le puede encontrar a las decisiones del presidente Santos es buscar en lo político – militar el tiempo necesario para que al final se diga que lo ´´intentó´´, pues de ahí no va a pasar. Y es que la ´´oligarquía´´ colombiana tampoco va a permitir que uno de los suyos ponga en peligro los privilegios y logros de sus tradiciones y valores y mucho menos, ceder un centímetro de su poder. Primero matarían a Santos o lo quitarían del medio sin que les temblara el pulso. ´´ Negocios son negocios´´.

    En cierto sentido pudiésemos afirmar que ´´solo la guerra salva´´; o, como me decía un viejo anarquista sobreviviente de la Guerra Civil española : ´´extraño el dulce olor de los cuerpos en descomposición´´. Y es que en estos tiempos de guerras, Estado Islámico, crisis financieras, potencias emergentes y neo – emergentes, Indignados, populismos como el de Podemos y otros partidos europeos, pareciera que el mundo quiere implosionar entre confrontaciones armadas y terrorismos de todo tipo. Tiempos difíciles que anuncian un nuevo orden mundial, y donde pequeños países como Colombia y Venezuela no lograrán escapar. Cada uno a su tiempo y lugar. Nosotros mas cerca del desastre que ellos. Pero todos conoceremos el resultado de una violencia fuera de control. Generalizada y mortal.

  2. Siempre he pensado, que fue un gravísimo error, desarrollar las discusiones de Paz en Cuba. La FARC y los Castro, no creen en el actual Estado Colombiano y mucho menos, si no van a sacar tajadas de poder. Sin ser guerrerista, no creo en esa paz de La Habana y menos, si detrás andan los Castro.

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