El Editorial

La clave de la guerra en Ucrania está en Alemania

La invasión de Putin a Ucrania es sólo el comienzo de una visión imperial que el antiguo agente del KGB tiene en su mente para restaurar la gloria perdida en 1992.

Hasta ahora su invasión ha sido un fiasco costoso en la vida y en la economía rusa, pero continua con su despreciable sueño porque Alemania se lo permite. La dependencia de Rusia que -paradójicamente- propició la ex canciller Angela Merkel, para no hablar de Gerhard Schröder, quien es en la práctica un agente de Moscú, tiene que revertirse, si Europa desea tener un futuro en paz. Esa ambivalencia de suministrar tanques a Ucrania y seguir pagando 500 millones de euros al mes a Rusia no puede seguir.

Es cierto que no pagar en rublos el gas puede llevar a un corte del suministro por parte de Rusia, aunque al hacerlo, Putin no podrá subsanar el impacto económico negativo con India y, por tanto, tendría menos dinero para financiar su locura, pero en el caso de Alemania, se trata de pagar el precio hoy o esperar que Putin no logre su objetivo, porque si no, el costo podrá ser aún mayor para ese país y para toda Europa.

En la vida, como en las relaciones internacionales, la ambivalencia termina por costar mucho más que una actitud clara y decidida. Polonia y Bulgaria la tienen, por lo visto Alemania y Austria no.

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