El Editorial

La deshumanización del adversario

“La más grande y repetida forma de miseria a que están expuestos los seres humanos consiste en la injusticia más que en la desgracia”
Kant

Sin justicia ni respeto por el prójimo es imposible crear una sociedad progresista, medianamente equilibrada y viable. Estas ideas de aceptación casi universal, después del derrumbe de los totalitarismos del siglo XX, parecieran desvanecerse progresivamente en el mundo particular del proceso revolucionario venezolano. El discurso polarizante, negador de la existencia del que piensa diferente aunado a la descalificación del contrario, son expresión de una clara intención de sembrar en el inconsciente de los venezolanos la idea de que sólo hay una categoría que merece ser considerada como venezolanos y propiamente personas: la que está dispuestas a acatar las directrices del Presidente Chávez.

La lista Tascón fue la primera expresión del particular apartheid político, pero junto a ésta se han sumado múltiples casos de denegación de justicia como fue el no permitir la creación de una comisión de la verdad independiente, que hubiera hecho posible esclarecer objetivamente los hechos de abril de 2002 y establecer las responsabilidades respectivas; y peor aún fue crear a partir de esos hechos una verdad falseada en la que se discrimina abiertamente al adversario .

Lo más grave es que al dividir a la sociedad en “patriotas” y “traidores apátridas”, se está trayendo a nuestro país la lógica política que ha caracterizado todos los totalitarismos. No sólo se degrada el discurso político con simplismos absurdos, sino se le quita condición de nacionalidad y de personas propiamente dichas a los que no están de acuerdo con el supuesto socialismo del siglo XXI. La condición humana de los mismos queda reducida a la de simples peones tarifados. Aparentemente poco falta para que comiencen a tener la condición de animales. Si algo ha caracterizado al pueblo venezolano es su generosidad, arraigo libertario, y el respeto por el adversario. Ahora resulta que se pretende vender la idea de una guerra que sólo existe en la cabeza de Chávez, y en la cual, o se es patriota o se es traidor. Con pensamientos de este tipo vamos caminando hacia una situación en la que no existirán adversarios políticos sino solamente enemigos infiltrados, quintas columnas que no merecen ser llamados venezolanos, carentes de humanidad, y a los que hay que exterminar para preservar y salvar a la nación. Si eso logra calar en la mente de algunos venezolanos no es improbable que suceda algo similar a lo que José Antonio Marina en su libro Aprender a convivir dice: “ En los enfrentamiento bélicos, sobre todo en los conflictos raciales, se deshumaniza al enemigo, se pierde toda compasión por él y esto abre la puerta a las crueldades más terribles” .. Y cita como ejemplos el genocidio de los armenios, la persecución y exterminio de los judíos por los nazis, y otras guerras de exterminio como la de la antigua Yugoslavia. Pero mas allá de estos trágicos ejemplos de depuración étnica han existido casos en los que igualmente se ha deshumanizado a sectores sociales enteros, como en la Unión Soviética, la China de Mao o la Cuba de Fidel (donde los adversarios no son personas sino “gusanos”) y se ha procedido en consecuencia a su exterminio o expulsión. Lo terrible de esta manera de desfigurar la realidad es que puede llegar a un nivel tal de alienación donde se justifica el puro y simple asesinato por supuestos ideales. Como señala Marina al recordar una declaración de un Etarra que afirmaba: “ No he matado a una persona, he matado a un empresario”. Y lo peor, en el caso venezolano, es que es muy patente que no existe ninguna revolución: sólo se trata de una nueva “nomeklatura”-en este caso con fuerte componente militar-que quiere permanecer indefinidamente en el poder para captar las rentas que se generan a partir del Estado.

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