El Editorial

La desintegración de la sociedad venezolana

Cada día qué pasa nos estamos convirtiendo en sujetos pasivos de un proceso de descomposición social que no puede ser controlado ni por el régimen de facto, ni por la oposición organizada. Se trata del surgimiento de organizaciones fuera de la ley que controlan cada vez más espacios de nuestro territorio y que, por las razones que fueran, no hay manera ni de detenerlas, ni de controlarlas.

En nuestra capital un ejemplo de ello es lo que está ocurriendo en la Cota 905 con la banda de El Coqui y otras tantas que mantienen en jaque a habitantes y transeúntes de los sectores donde estos maleantes hacen vida.

Un caso similar es el que sucede en el sur de nuestro país con quienes controlan el arco minero; también en el estado Apure, en el Táchira y en el Zulia y en las fronteras con Colombia con el ELN y, en alguna medida, en espacios más reducidos, con los disidentes de las FARC.

También ocurren conflictos zonales entre los diversos intereses de estas organizaciones al margen de la ley, como parece haber ocurrido recientemente en el estado Apure, en la población de La Victoria, cercana a la frontera con Colombia, en la que aviones y helicópteros atacaron a grupos en tierra de alguna de estas organizaciones, de lo que se sabe poco aquí en Venezuela, pero si mucho más en Colombia.

Lo grave de esta situación es que la gente común se siente a veces más protegida por estas organizaciones criminales, que por los poderes fácticos del Estado y el de una oposición que aún no tiene poder real territorial.

Otro factor importante de desintegración social y de control territorial es el de los carteles de la droga, que son particularmente fuertes en el oriente del país y en particular en el Estado Sucre, desde donde sale una porción importante del narcotráfico para África y Europa. Aunque hay muchos otros lugares costeros del occidente de Venezuela que están en lo mismo, como los estados Carabobo y Falcón, para mencionar sólo dos de los más importantes.

Si no hay un entendimiento político al más alto nivel que permita el restablecimiento de una institucionalidad constitucional democrática y no hay una decisión común de enfrentar la progresiva desintegración nacional, entraremos en un ciclo peor del que existió a finales del siglo XIX y ya sabemos cómo se solucionó a principios del siglo XX.

Si los políticos, empresarios y diversos integrantes de la llamada sociedad civil no entienden el peligro que se les viene encima, entonces Venezuela, tendrá que padecer de una solución de la que ninguno por ahora es parte.

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2 comentarios

  1. El Gendarme Necesario-Juan VICENTE Gomez-termino el desastre del S.19 y implantó un sendero de estabilidad y progreso económico y social nunca visto antes ni después que desembocó en la muy merecida Democracia que nos ganamos en 1958 (antes de eso no la merecíamos como probamos en 1945-48).
    Pero todo se derrumbo cuando le dimos al político la llave de la bonanza petrolera en 1976 y a partir de allí y más desde 1999 Vzla se desplomó.
    Otra dosis de Gendarme Necesario? Otro Gomez?

  2. La democracia que tenemos ha coincidido, cada vez más, con un período de gran desorden y desorganización social. No es sólo que entre los políticos y los partidos haya muchos desacuerdos, competencia desleal y patadas bajo la mesa. Tampoco es sólo que durante las últimas décadas los mercados económicos, los precios de las mercancías y los montos de los salarios, han provocado niveles de desigualdad y marginación peligrosa e indignantemente altos.
    El desarreglo va más allá. Incluye la presencia de una corrupción desaforada (que no se necesita documentar, pues basta considerar cuántos gobernadores de los estados enfrentan acusaciones de malversación de fondos) y el incremento de las cifras de asesinatos, secuestros, feminicidios, desapariciones forzadas y delitos comunes que se ha presentado a partir de la última década. Por las cifras de muertes violentas, técnicamente padecemos una guerra atípica pero muy mortífera.

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